Homeland. S1 / Hogar dulce hogar

Las series están mostrando los dientes al cine y en este último año más aún. Hemos dejado de concebir la colección de capítulos como un mero ejercicio adictivo en el que no importa nada más que el cliffhanger que nos tienen preparados en el último minuto. A esto hay que añadirle cada cierto tiempo el hecho de encontrarnos con estrellas que no emiten la misma luz porque el cine las ha abandonado a su suerte, teniendo una segunda oportunidad en la pequeña pantalla. Con interpretaciones llenas de matices dan vida a excelentes personajes que ya quisiera el cine para sí.

El blog inaugura nueva sección dedicada al fenómeno seriéfilo. Tratando de hacer un análisis de la temporada de todas aquellas series que para quien escribe estas líneas deberían tener un hueco en la gran pantalla. Y que mejor comienzo que descorchar la botella con HOMELAND dado que por fin ha llegado a nuestras pantallas. 
“La nación ve un héroe, ella una amenaza” Bajo esta premisa la cadena Showtime presenta un apasionante ejercicio de espionaje que deja sin uñas al respetable.

No hay nada como un hecho histórico del calibre del 11-S para que enseguida se convierta en el eje central de cualquier historia cinematográfica. Desde el drama que supone la pérdida de un familiar (Tan fuerte, tan cerca), hasta la radiografía del secuestro de un avión (United-93) Poco importa a donde nos quiera llevar su director porque la raíz siempre mantendrá el sabor de la pólvora. La vertiente de la lágrima encuentra en este marco un gran aliado. Puede lograrse con mayor o menor gusto pero la subjetividad impera en cada fotograma. Sin embargo, como en todo, hay excepciones y en esta ocasión ha sido una serie de televisión la que contempla el mayor atentado de la historia desde un prisma puramente racional. Homeland mantiene una dualidad de ideologías en un trepidante juego del ratón y el gato, y una vez posicionado el espectador ha de saber como jugar sus cartas ya que no todas son apuestas seguras. Ácidamente crítico en su exposición, paranoide en su desarrollo y concienzudamente adictivo en su concepción, este thriller aúna todos los requisitos para convertirse en un referente.

Destacada en Irak, la agente de la CIA Carrie Mathison (Claire Danes) recibe el soplo de que un soldado americano capturado ha sido convertido al islam por Al-Qaeda. Meses después, el marine Nicholas Brody (Damian Lewis) es liberado tras casi una década en cautiverio. Para Carrie, la noticia se convierte en una oportunidad para subsanar los errores del pasado. Ve en el regreso del soldado un inminente ataque contra EE.UU y hará todo lo que esté a su alcance para descubrir la nueva identidad de Brody.

Homeland nos hace partícipes de este baile de máscaras obligándonos a preguntar el tópico “nada ni nadie es lo que parece” Incluso nos conduce a la perturbada mente de la protagonista para habitar en ella. Llama a la puerta de la obsesión y nos entrega la confianza en forma de regalo. Vemos, por tanto, que uno de los aciertos de la serie es renunciar a grandes dosis de pirotecnia para inmiscuirse en la psicología de los personajes. Algo menos común en un thriller con la CIA de por medio, sin embargo se agradece sobremanera. La evolución de los personajes es crucial para el devenir de la historia. Presentados al límite desde un inicio, a medida que avanza la trama no se alinean, todo lo contrario, alcanzan cuotas tan delirantes como apasionantes.

Maneja con asombro todas las piezas de un puzzle que hemos de completar a ritmo frenético. Ni un sólo capítulo de los doce que forman la serie está destinado al aburrimiento. Su trepidante acción la encontramos en un guión para quitarse el sombrero. Estamos ante una producción que muestra sin tapujos las dos caras de la moneda, tratando de comprender los motivos que empujan a cada personaje a tomar decisiones que pueden cambiar la vida de toda una nación.

Claire Danes (Romeo y Julieta) y Damian Lewis (Hermanos de sangre) asumen el peso de un guión competente, sólido, sin ninguna fisura que empañe sus formidables interpretaciones. Ambos se funden en sus personajes. La mirada de Danes es de lo mejorcito que este año se ha paseado por la pequeña pantalla (merecido Globo de Oro a mejor actriz de drama). Hace suyo un personaje complejo pero altamente disfrutable. Parece que el riesgo es una característica básica de la joven, que ve la televisión como el mejor medio para desarrollar una carrera que el cine banalizó. Por su parte, Lewis tiene en su rostro la mejor baza para conseguir la ambigüedad que Brody exige. El actor desborda profesionalidad en cada plano. A pesar de hallarnos frente a dos interpretaciones titánicas, el resto del reparto no desmerece. En ningún momento se ven solapados por la pareja protagonista y a pesar de que sus historias son meros pasajes que alimentan la trama principal, no rechinan. Mandy Patinkin (Mentes Criminales) y Morena Baccarin (V) asombran como el mentor de Carrie y la sometida esposa de Brody, respectivamente.

 —- CONTIENE SPOILERS —–

– EL PERSONAJE – 

Si bien el personaje de Danes es un caramelo para cualquier actriz no menos es el del marine Nicholas Brody. Es el eje central sobre el que gira la serie. En los primeros capítulos la fuerza narrativa de este personaje sucumbe al más escéptico ya que a través de los continuos flashbacks somos testigos del calvario al que fue sometido por los radicales islamistas.
Juega con el espectador constantemente, apropiándose de todo razonamiento. Adolece de cualquier maniqueísmo y defiende a muerte un ideal. Una interpretación rica en matices donde el miedo, la frustración, el deseo, el amor y la ira se baten en duelo.

– LA FRASE – 

“Bueno, sé que tengo avena … quizás zumo de naranja congelado, pero no Yorkshire Gold aquí en el quinto pino, lo siento” (Carrie Mathison)


Estas son las palabras que salen de la boca de una somnolienta Carrie al despertar tras una noche de pasión con Brody. En principio no tiene mucho interés salvo que con esta frase el sargento descubre que la persona con la que ha compartido cama y el inicio de un sentimiento aún por definir, le ha estado vigilando. Sabe que tiene a la CIA detrás y es a partir de este instante cuando el guión adquiere una vuelta de tuerca apasionante. El ratón se empieza a comer al gato … o quizás no.

– EL CAPÍTULO –
 
Si dijera que los capítulos de Homeland se caracterizan por contener ideas redundantes estaría mintiendo. No hay ni uno solo en el que el interés decaiga. Aunque el capítulo 7 (The weekend) suponga uno de los giros relevantes de la trama, es el capítulo 11 (The vest) el que contiene una mayor carga emocional. Antes de despedirnos de la primera temporada de la serie contemplamos con inquietud que el brote psicótico de Carrie augura un final de vértigo. La hija de Brody a punto de descubrir la bomba que hará detonar su padre. Las palabras del sargento a su hija emocionado ante lo que se supone que acontecerá al día siguiente. El ataque terrorista cada vez está más próximo y sólo Carrie puede impedirlo pero su preocupante estado de salud se interpone en el camino. Un capítulo que provoca taquicardias a puertas de la season finale.
– LA ESCENA-

Dicen que en la locura encontramos la genialidad y esta escena no puede definirlo mejor. Carrie en un grave estado de salud mental descubre aterrorizada que Abu Nazir tiene planeado un ataque y además que Brody la ha vendido a la CIA, que la mantenía suspendida. Ella tiene la clave pero los suyos le dan la espalda. Claire Danes demuestra en esta escena lo que es capaz de entregar. Sobran las palabras. De obligado visionado si se quiere disfrutar de una actriz que aún tiene mucho por mostrar. Servidor enmudeció.

– EL CLIFFHANGER –
 
Y como en toda serie que se precie es necesario un cebo para que la audiencia espere con ansias la segunda entrega. Homeland no iba a ser menos. Con el celebrado “Saul, no me dejes olvidarlo” en boca de Carrie tras aceptar someterse a una terapia de electro-shock. En el último instante logra recordar que Brody conocía al hijo de Abu Nazir y ahí tenemos el gancho. ¿Logrará recordarlo tras su terapia? No hay que ser muy listo para ver una segunda temporada con una Carrie en decadencia y un Brody en el poder. Esta batalla la ha ganado el marine pero no la guerra. Su conciencia y Carrie conformarán el ejército para hacerle frente. ¿Conseguirá por fin dar caza el gato al ratón?

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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