+ que una BSO “Atonement”, Dario Marianelli

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El compositor italiano Dario Marianelli (nacido en 1963) ha sido candidato al Oscar a la mejor banda sonora en tres ocasiones: 2006 por Orgullo y prejuicio, en 2008 por Expiación  y en 2013 por Anna Karenina – y las tres son cintas a cargo del mismo director, el británico Joe Wright. Por ahora se lo ha llevado por la segunda de estas nominaciones, el aclamado melodrama sobre amor, culpa y fracaso basado en la novela homónima de Ian McEwan Expiación (2007).

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Es un trabajo memorable, totalmente satisfactorio, intenso, hermoso y sentido, lleno de quejumbrosas melodías, de una elegante melancolía, que se abre con la percusión inesperada de una máquina de escribir que se integra en varios de los cortes de la obra con efectos narrativos y sonoros excepcionales: estamos oyendo cómo se nos narra una historia y sólo al final comprenderemos la importancia de esa pertinaz y obsesiva máquina de escribir.

La segunda característica es el acertado engarce de temas para piano (tocados con especial destreza e inspiración por Jean-Yves Thibaudet) como contrapunto dolorido al amor que subyace durante todo el metraje, primero oculto, luego revelado, finalmente fatal. Y la tercera es que la música parece concebida como una exquisita pieza de cámara, íntima, coqueta, acogedora, envolvente y cálida, desvelando, por contraste y con aún mayor penosa claridad, lo que sus protagonistas van perdiendo a lo largo de su azarosa historia.

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Todos los cortes son excelentes, aunque mis favoritos son: el séptimo (‘Love letters’) donde el piano conversa con el cello en amarga anticipación de los desastres por venir; el décimo (‘Elegy for Dunkirk’) que se resuelve con el contrapunto musical de un himno cantado por un coro masculino en la estremecedora escena de la evacuación en la playa de Dunquerque; el octavo (‘The Half Killed’) con ese obsesivo tema circular que nos atrapa y nos arrastra hasta el paroxismo.

Mi apreciación global es que – sin ninguna duda – se trata de una obra imperecedera, radiante, casi perfecta, musicalmente deliciosa, impecable contrapunto sonoro de la no menos memorable e inesperadamente trágica película a la que acompaña. Es una banda sonora hechizante, adictiva, que captura la esencia de la novela original, utiliza sonoramente parte de su material literario, elabora hasta el éxtasis la vena infausta que recorre las imágenes de guerra y destrucción hasta sublimar su desenlace y convertirlo en un amor más allá de lo físico y perecedero. Me recuerda a otra banda sonora magistral del mismo autor: Jane Eyre, que por desgracia pasó casi desapercibida y merece ser rescatada del olvido. Sabia combinación de intimidad y espectáculo. Indeleble.

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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