+ que una BSO “Jeune y jolie”, Philippe Rombi

El habitual colaborador en la filmografía de Ozon, Philippe Rombi vuelve a firmar una pieza exquisita para acompañar a la protagonista de Jeune et jolie en la búsqueda del poder. Rombi dota con tan solo trece minutos impregnar al personaje de una mayor sexualidad si cabe. Aquello que la cámara expone con suma delicadeza, el compositor lo potencia apoyándose en una melodía que no por suave deja de ser perturbadora y adictiva.

Arranca con “Etè”  conformando una primera declaración de intenciones sobre lo que nos va a acontecer. Tras unos prismáticos, nos convertimos en voyeaur al compás de este tema delicado y espíritu inquietante. Ese temor y también morbo a ser descubierto que las teclas de un piano excelentemente acompañado dejan patente. Una obertura digna del mejor cine de Ozon. 

Con “Chambre 6095” sigue la estela de la elegancia marcada en el inicio aunque con notas más oscuras que encierran el sentido del periplo por el que viaja Isabelle. De nuevo un piano marca el contrapunto final aún otorgando mayor protagonismo a la orquesta en su conjunto.

Rombi cierra con “Jeune et jolie” con una clara intención de iluminar el final. No deja de dar vuelvas a una melodía que se adueña de los sentimientos de la joven y que aquí sirven de expiación personal.

No sólo podemos disfrutar de la maestría de Rombi. El soundtrack contiene altas dosis de Francois Hardy. La nostalgia y la tristeza con las que Hardy cuenta historias le vienen como anillo al dedo a la cinta de Ozon. “L´amour d´un garçon”, “A quoi ça sert” “Première rencontre” “Je suis moi” sirven como marcados entreactos para separar las cuatro estaciones de un año en la vida de esta adolescente hipnótica cuya belleza constituye su mayor poder.

Pero los alérgicos a los clásicos no se deben echar las manos a la cabeza. Ozon es capaz de subir al mismo barco el romanticismo de Hardy con el sonido más indie de Citizens! o la electrónica de Vitalic con un temazo como “Poisons Lips” o “Midnight City” de M83 sin que en un ningún momento la combinación suene estridente.

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Un soundtrack para ambientar esos paseos que terminan en una boca de metro.

Lo mejor: “Eté” (P. Rombi); The Sense of me (Mud Flow); Poison Lips (Vitalic)

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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