+ que una BSO: El gran Gatsby

Baz Luhrmann, ese director amado por muchos y odiado por otros tantos, vuelve a dar en la diana. Ese cineasta adicto al videoclip entrega junto a su último trabajo, El gran Gatsby, un soundtrack sin pies ni cabeza pero que, curiosamente, funciona tanto como omnipresente reclamo de la película como inevitable conjunto de pistas que buscan un hueco en cualquier reproductor. En esta ocasión la batuta para orquestar esta producción ha recaído en el rapero Jay Z, quien además incluye varios temas en el corte final.

Ya ocurrió con la fantástica banda sonora de Moulin Rouge (2001) y ahora se repite. Este tracklist está destinado a perdurar porque además de estar diseñado para ello opaca a la cinta en su totalidad convirtiéndose en el gran protagonista. Años 20 en los que el soul, el pop, el R&B, el hip-hop  y hasta la electrónica tienen cabida además del obligado jazz. En el mundo de Luhrmann confluye lo más brillante de cada época y aunque, en ocasiones, sus excesos puedan chirriar, las bandas sonoras que los sustentan se convierten en citas obligadas para aquellos que disfrutan con los experimentos.

La productora ha sabido presentar las cartas como es debido.  A través de pequeñas migajas hemos descubierto una banda sonora que gana en cada escucha. Partiendo de la deliciosa y también cuestionada versión del Back to black que popularizó la desaparecida Amy Winehouse y que en las voces de Beyoncé y Andre 3000 suena de maravilla ralentizando con maestría el ritmo para conseguir un notable trabajo por mucho que le pese al padre de Winehouse. Eso sí, después de aumentar sus arcas.

Pocos se deberían llevar las manos a la cabeza con Luhrmann. Cierto es que sus propuestas no dejan indiferente a nadie, pero valor para dejar a todos descolocados le sobra. Se atreve a versionar a U2 en Love is blindness  y no salir mal parado con Jack White, quien apuesta por introducir metales a un tema que no los requiere y sin embargo suena convincente. Y no sólo el grupo irlandés ha visto como sus joyas vuelven a relucir. La líder de las Destiny´s Child tal vez haya enmudecido ante el lavado de su Crazy in love de mano de una Emilie Sandé que a golpe de charlestón se marca una revisión muy a la altura del original. Jay Z, en la producción, y la nueva diva del soul británico envuelven una letra archiconocida en un carrusel de sonidos propios de los años 20. Inevitablemente, las trompetas y los trombones invitan a enfundarse un esmoquin y viajar a la década.

Completamente plausible  la orquesta de Bryan Ferry en el tema de Sandé, tanto como en Love is drug. Un corte de Jazz necesario por el contexto en que se engloba la historia. Agradable, oportuno pero sin ir más allá. Algo que sí consigue Goyte en Heart´s a mess. Melodía pausada, pegadiza y una voz deliciosa, arriesgada, para degustar tranquilamente después de algún que otro altibajo del maestro de ceremonias de todo esto. Jay Z posiciona sus temas en lo más bajo del conjunto. Ni la prescindible pista que abre el disco, 1000$ Bill, ni lo robotizado que suena No church in the wild logran acercarse a temazos que ganan en cada escucha.

Ahí tenemos a Together de The xx y Over the love de Florence & The Machine. El primero conforma uno de los grandes aciertos de este soundtrack. La banda londinense, fiel a sí misma, aporta la melancolía de la que alardea el filme en este cuidado tema. Con un inesperado increscendo de orquesta clásica en su recta final, ponen la piel de gallina. Welch y los suyos, asiduos a las bandas sonoras (Twilight. Eclipse en 2010 y Snow White and the Huntsman en 2012), vuelven al ruedo con una balada desgarradora propia de la casa. Un tema inédito, que desborda fuerza de principio a fin. Porque la BSO cuenta con temas muy potentes y éste se sitúa en cabeza. Nero, tal vez sea quien más se haya alejado de un denominador común, si logramos ubicarlo. Con Into the past apuesta por lo electrónico mostrando su lado más grandilocuente. Y hablando de pomposidad ahí tenemos a los Black Eyed Peas. Fergie y su A Little Party Never Killed Nobody nos obligan a saltar a la pista. Un efectista tema que da lo que se le pide pero que lleva colgado el cartel de “ya escuchado”. Por su parte, Will.I Am introduce el hip-hop en los años 20 con Bang Bang. Corte que viene como anillo al dedo a la historia y al contexto en el que se desarrollan pero que, sin embargo,  se antoja repetitivo. Demasiada floritura, demasiado sintetizador, demasiado.

Algunos por mucho y otros por poco. Where the Wind Blows de Coco O. of Quadron cumple pero no destaca. Un tema R&B con reminiscencias al viejo Hollywood que no pasa de un par de escuchas. A Sia le sucede algo parecido pero aún más grave. Su Kill and Run recuerda, pero sin apenas presencia, a la decadencia que caracteriza a la maestra de ceremonias de esta banda sonora. Una Lana del Rey que por derecho propio se ha convertido en reina de todo este tinglado. Young & Beautiful es la joya de la corona. Con y sin orquesta, este envolvente tema gana enteros con serias posibilidades de verse reconocido en los futuros Oscar. Ambición y calidad le sobran.

La única aportación musical que no incluye letra es “Gatsby believed in the green light” de Craig Armstrong que sirve de epílogo. Obligados violines para petrificar al espectador en la butaca.

Queda por ver si con esta banda sonora, Luhrmann vuelve a repetir el éxito que cosechó en Moulin Rouge. Como ocurre con el tema de Lana, ambición y calidad no quedan en entre dicho. Por tanto, desde aquí lo compramos.

Lo mejor: Young & Beautiful, Together, Over the love, Heart´s a mess.

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

Un comentario

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