TODOS LO SABEN

 … Y NINGUNO LO CUENTA

Las tres películas anteriores del iraní Asghar Farhadi me han parecido excelentes, seductoras, inquietantes y ariscas – sobre todo, la impresionante y sobrecogedora “Nader y Simin, una separación” – por lo que sentía muchísima curiosidad por su ‘proyecto español’ y cómo se iba a desenvolver en un entorno, en apariencia, tan alejado de sus orígenes (y tan cercanos a los míos). Y el balance final me parece frustrante. En mi opinión, su mayor defecto es un guion desvaído, farragoso y enrevesado que parece no decantarse con precisión en cuanto a qué nos quiere contar ni cómo abordarlo de una forma clara y precisa. Sin embargo, también nos ofrece algunas de sus más señaladas virtudes, a saber: un elenco de actores magistralmente dirigidos, un majestuoso manejo del espacio narrativo en el que se desarrolla la acción y algunas secuencias ejemplares (como la última, con la que se remata la cinta).

No entiendo del todo – porque la historia no lo requiere ni le saca partido – la razón por la que la protagonista reside en Buenos Aires (donde vive con su marido argentino y sus dos hijos) y sólo vuelve de vez en cuando a su pueblo natal. Pueblo que tiene un evidente resplandor y fragancia castellanos, aunque durante toda la jaranera boda sus invitados parezcan palmeros andaluces desubicados. Tampoco se entiende el sentido de que la hermana pequeña se case ahora con un catalán (dato anecdótico y trivial); pareciera que sólo para escuchar dos o tres frases dichas en ese idioma. La diversidad suele añadir verdad, pero cuando se queda en anécdota, resulta chirriante y baladí. Y podría seguir enumerando pequeños detalles mínimos, que por sí solos no harían desmerecer la obra, pero en conjunto parecen debidos a que se ignora lo que se nos quiere decir. Y acaban desanimando.

Lo mejor, sin duda, son los actores. Ninguno desafina y todos están soberbios y tienen breves momentos de gloria e inspiración. Son lo más destacable de la función y sólo por ellos merece verse la propuesta. Sin embargo, sus personajes están muy por encima del confuso y artificioso relato que se nos brinda, donde las cosas suceden por imperativo del guionista y no porque vaya fluyendo con naturalidad y destreza. Se quiere construir una tragedia donde sólo cabe un folletín enmohecido. Y eso se nota en exceso: demasiadas costuras y desgarrones para un ropaje tan escaso.

Quizás había puesto el listón de mis expectativas demasiado alto y esperaba mucho más – y mejor – de lo que me he encontrado. Quizás. Pero me gusta que me sorprendan y sólo puedo señalar que el asombro brilla por su ausencia y sólo he encontrado un amañado dramón rústico que apenas remonta el vuelo★★★☆☆ – ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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