GIRL

CÓMO ME VEO Y CÓMO NECESITO QUE ME VEAN

Debe de ser terrible cuando uno mismo no se reconoce en el cuerpo que le ha tocado en desgracia nacer. Debe de ser una tortura cuando uno se siente mujer y sin embargo se encuentra atrapado en un cuerpo de hombre al que necesita dejar atrás, con legítima ansia, como una crisálida, para renacer espléndido con los atributos propios de tu sentir y tu pensar. Debe de ser un calvario verse día a día reflejado en el espejo y no reconocerse como quien se es en realidad. Y entonces te devora y consume la exasperación, la ansiedad, la urgencia por someterte al cambio definitivo, por dejar atrás unos atributos que a los ojos de los demás te definen pero que a los tuyos propios no son sino la afrenta de un extravío de la naturaleza.

Sorprende que esta obra sea el primer largometraje del director y coguionista Lukas Dhont porque está realizada con una seguridad, sabiduría y sensibilidad que hacen pensar en alguien más experto y bregado en los quehaceres cinematográficos. No ejecuta ningún paso en falso, no se le nota esfuerzo alguno en encontrar el tono justo y el ritmo adecuado para contarnos el sufrimiento de una adolescente no sólo en su aspiración de ser una bailarina de ballet clásico, sino, sobre todo, en luchar por encontrar la forma de salir del doloroso atolladero en el que se encuentra: dejar atrás su cuerpo masculino para alcanzar una feminidad intrínseca y esencial con la que se identifica y que necesita para verse completa y genuina. Nos sumerge, sin concesiones a la hipocresía o al sentimentalismo, en un mundo pocas veces explorado y casi siempre asociado a la depravación o al delirio y lo convierte en un tesoro de delicadeza y ternura que rezuma autenticidad.

Cabe destacar que no se persiga la complicidad maniquea o manipuladora del ‘debería ser’, sino que se nos ofrece el sereno y lacerante relato de una desgarradora lucha contra el tiempo y la exigencia de verse transformada de una vez y para siempre, para poder dejar atrás un cuerpo inservible y así habitar de una vez el cuerpo que en verdad responde a la evidencia íntima que una percibe. Y lo hace sin que se maquille ni disculpe la obsesiva y turbadora desazón de su protagonista – que con su impaciencia está dificultando y casi boicoteando su sueño –, ni se disimulen las dificultades físicas de una transformación lenta, paciente y guiada que no permite ir más deprisa sin descuidar la salud y el bienestar de su atormentada heroína.

Por último, es de justicia alabar la impresionante actuación del debutante Victor Polster, que encarna con maestría el tormento del apremio.★★★★☆ – ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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