TOP 25 MEJORES DIRECCIONES DEL S.XXI

Si alguien tiene dudas sobre la figura del director de cine, basta echar un vistazo a esta nueva lista para entender que sus propuestas quizá no formarían parte de un ranking de las mejores películas pero sí destacan por su arrolladora personalidad. Algunos forman parte del llamado cine de autor, mientras otros han impuesto su huella para dignificar el cine más comercial. Son las apuestas con sello personal propio que han escogido 30 amantes del cine como las direcciones más representativas de este siglo XXI.

25. LARS VON TRIER por Melancholia (2011)

El dominio del lenguaje cinematográfico de Lars von Trier está al alcance de muy pocos. Es capaz de provocar emociones extremas con los elementos más pequeños (un palo y un alambre) y los más desmesurados (un jodido asteroide gigante), y todo ello cubierto una plasticidad hipnótica y unas ochocientas capas de subtexto. Puede que Melancholia sea el mejor ejemplo de este inabarcable rango de capacidad creativa, combinando dramas personales rodados desde un realismo sucio y doloroso; con grandilocuentes imágenes de destrucción de una belleza pictórica inigualable. Poesía y visceralidad combinadas en una experiencia tan desoladora como catártica. ¡No os la perdáis! Aitor Villafranca (@Avillafranca_).

24. NICOLAS WINDING REFN por Drive (2011)

En Drive las señas de identidad de Nicolas Winding Refn alcanzan la restringida categoría de lo sublime: su fraseo cadencioso, casi mórbido recreo en el detalle, y de pronto la explosión de violencia, extrema resolución de una terribilità asimismo característica, súbitas fracturas discursivas venidas de no se sabe bien dónde, puntos y aparte en su prosa impertérrita, para la que posiblemente sea la mejor película comercial de la década. Carlos Ortega.

23. XAVIER DOLAN por Mommy (2014)

Que un director con apenas 25 años y su quinto largometraje revolucione el Festival de Cannes podría ser una sorpresa si no se tratase de Xavier Dolan. Y es que el director de la maravillosa ‘Laurence Anyways’, va creciendo film a film y consigue con ‘Mommy’ asentar un talento innato y transgresor que se rebela contra lo establecido, que abusa del dramatismo al que somete a sus personajes a la vez que hipnotiza con la belleza de sus imágenes. Un creador libre, que juega con formatos, color, músicas y exprime lo mejor de sus intérpretes en un auténtico espectáculo visual. Y no contento con eso, es capaz de impresionar con una escena magnética y brillante digna de formar parte de la historia del cine. Jaime P (@jauvaler).

22. MICHEL GONDRY por Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004)

He visto esta película varias veces en mi vida y siempre en momentos en los que me he sentido especialmente vulnerable a nivel emocional. Lo hago porque veo un reflejo perfecto de cómo me siento muchas veces, de cómo voy de recuerdo en recuerdo, a veces culpándome y a veces auto compadeciéndome por lo vivido con otra persona. Es una historia a la que he vuelto de forma cíclica desde que tenía diecisiete años y nunca pierde fuerza. Muy a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre ella o de ser una de esas películas sobre las que la mayoría de personas suelen responder que es ‘una de sus favoritas’, ¿qué importa eso cuando hay verdad en ella? Parece que a veces la popularidad excesiva en torno a un filme desvirtúa el corazón que reside dentro pero considero que eso es más una apreciación externa de cada uno, la idea de que ese rincón se ha viciado tanto que al ser especial para tanta gente deja de ser ‘diferente’. Mucho se ha escrito como para que yo pueda aportar algo más allá de lo personal pero considero, genuinamente, que es una película que sigue teniendo magia. Kaufman nunca ha vuelto a firmar un guion tan honesto y conmovedor y Gondry, aunque lo intentó con La Ciencia del Sueño no consiguió repetir la jugada, por lo menos no con la misma excelencia ni usando sus trucos visuales con el mismo acierto. En pocas cintas se da el milagro de la simbiosis total entre un equipo tan bien avenido, un director que entienda y respeta a su guionista y unos actores que comprenden y sienten lo que interpretan. Eternal Sunshine of the Spotless Mind significó la cumbre para muchos de sus implicados: dio su primer Oscar a Charlie Kaufman, confirmó a Gondry como cineasta de referencia más allá del mundo del videoclip y la publicidad, le dio a Jim Carrey el que ha terminado siendo uno de sus mejores papeles y a Kate Winslet su cuarta nominación. Indudablemente es un trabajo que rebosa cariño y verdad y aún hoy es algo que se percibe. Es una obra que me sigue destrozando en su despedida y la que, para un servidor, mejor ha plasmado lo que significa que alguien te duela en la mente, y en el corazón. Gonzalo H. Espinosa (@GonGonHE).

21. RICHARD LINKLATER por Boyhood (2014)

Richard Linklater llevó su obsesión de plasmar el paso del tiempo a otro nivel con ‘Boyhood’ en doce años de rodaje que son un claro ejemplo de constancia y de artesanía cinematográfica. Además, la grandeza de su trabajo reside en contarlo todo despojado de grandilocuencia, haciendo de lo cotidiano una hazaña épica. Y como épica se puede definir también su labor en la película, uno de los proyectos más ambiciosos y dementes de la historia del cine, pero narrado desde la calma y sin artificios. Solo un maestro es capaz de elaborar algo así. Cumplió con creces el objetivo de capturar el tiempo, de capturar la vida. Fernando G. Martín (@fergmartin96).

20. PEDRO ALMODÓVAR por Volver (2006)

En España, si alguien goza de éxitos en su carrera, directamente se le acuña a la fortuna la clave de su éxito. Sin embargo, si te llamas Pedro (de apellido Almodóvar) estás totalmente condenado. Muchos le acusarán de vividor. Yo de ser un genio. Su cine va más allá de ser transgresor. Te cuenta historias que otros no se atreverían a hacerlo. Cuando me preguntan sobre mi película favorita del manchego siempre digo la misma respuesta; Volver. Además de ser una obra que ha envejecido a la perfección es una cinta en la que se rebosa el amor. El amor por sus actrices. El amor por todas aquellas mujeres que tienen que luchar día a día para que los hombres las tomen en serio. Una película en la que Almodóvar se mete de lleno en las relaciones materno-filiales, mientras sus personajes hablan con total naturalidad de pedos, velatorios y a la vez que comen rosquillas o barquillos. Por su mimo, su estilo marcado y por haber sido el artífice de la mejor película española del siglo XXI, Pedro Almodóvar merece estar en esta lista. Cristian Rodríguez (@CristSchwarz93).

19. ALFONSO CUARÓN por Gravity (2013)

Vista cinco años después de su estreno, Gravity demuestra que Alfonso Cuarón resuelve su labor como director con matrícula, con tanta imaginación como talento. El realizador mexicano sabe combinar a la perfección humanidad, porque Gravity es profundamente humana, con utilizar los efectos especiales y el 3D en su propio beneficio para contar una historia ambientada en el espacio. La cinta, con una Sandra Bullock superlativa, no decae en ningún momento y sumerge al espectador en la odisea de supervivencia de su protagonista. Y hay que saber mucho de cine para que una película con dos protagonistas enfundados en trajes espaciales no decaiga ni un solo segundo. Gravity ganó un merecido Oscar a la mejor dirección, así como otros 6 premios más, pero saben a poco siendo la mejor película de 2013. Urko Urbieta (@AgenteUrbit).

18. MICHAEL HANEKE por Amour (2012)

Especialista en helar la sangre desde sus primeros trabajos, obligando al espectador a cuestionarse en cada secuencia, Haneke se sirve ahora de un guión, un par de intérpretes y mucho silencio para golpear a su público donde más duele. En Amour, el austríaco orquesta todos los elementos necesarios para conducir a uno de los finales más amargos que se recuerdan. Apoyado en una fotografía gélida, planos fijos, dolorosos, y una banda sonora tremenda. La moralidad a debate, una vez más, desde la mirada más inquietante del cine europeo. Raúl Hernández (@ulher).

17. ALFONSO CUARÓN por Children of men (2006)

Del mismo modo en que ocurriría años después en la igualmente brillante ‘Gravity’, en ‘Hijos de los hombres’ Alfonso Cuarón utiliza la cámara como herramienta para ponernos en la piel de nuestro sufrido protagonista y de paso arrastrarnos junto a el a través de una narración tan realista y desgarradora como fascinante por su atmósfera y atención al detalle. De esta forma, ‘Hijos de los hombres’ sirve como un ensayo preocupantemente creíble sobre el absurdo y anáquico comportamiento del ser humano ante circunstancias extremas, y de cómo la vida tiene que abrirse camino a patadas ante una más que probable y merecida extinción. La desoladora visión de Lubezki de ese Londres distópico pone el broche de oro a una de las propuestas más interesantes que ha parido la ciencia ficción en la última década. Mención especial al plano secuencia de la emboscada, una inmejorable muestra de lo que es capaz de hacer –y transmitir- éste hombre con la cámara. Daniel Cruz (@DannDraper).

16. DAVID FINCHER por The social network (2010)

El maestro en conseguir que lo difícil parezca sencillo ha vuelto a conseguirlo, Gracias a su personal uso de ambientes opresivos, decenas de repeticiones de tomas, tres lineas narrativas y un número de cambios de plano propio del cine de acción, Fincher vuelve a hackearnos el cerebro y adejarnos sin aliento durante dos horas mientras narra ¡un biopic de empresarios! Pero La Red Social es mucho más que un biopic. Es un retrato generacional y una absoluta masterclass de montaje y dirección. Gracias, Fincher. Xabier R.F. (@XabierXY).

15. ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU por Birdman (2014)

Tras cerrar exitosamente su trilogía sobre la angustia contemporánea (Amores Perros, 21 grams y Babel), el director Alejandro González Iñárritu y el guionista Guillermo Arriaga, disolvieron su matrimonio cinematográfico para emprender caminos distintos. La primera película de Iñárritu tras ese divorcio creativo, Biutiful, no terminó de despejar las dudas que existían en torno a si sería capaz de triunfar artísticamente sin su socio. Llegados a ese punto, Birdman iba a dictaminar, definitivamente, si el director mexicano estaba llamado a ser uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo o su etapa de éxito creativo ya había terminado. Birdman, la historia de un actor de éxito fugaz que intenta reconstruirse a sí mismo como actor de carácter poniendo en pie una adaptación de Raymond Carver, no sólo fue aplaudida por la crítica, si no que se transformó instantáneamente en un clásico estadounidense sobre algunas de las derivas morales y emocionales del ser humano occidental en el S.XXI. Rodada en un falso plano-secuencia, que recorre las entrañas de un teatro, a la vez que bucea en la psique de su protagonista, Birdman es un festival visual al servicio de un guion brillante, ejecutado por un grupo de actores en estado de gracia. Si en su siguiente film, The Revenant, Iñárritu deja que la construcción de imágenes poderosa prime sobre la historia, en Birdman la puesta en escena, tan hermosa como agobiante, que imprime un ritmo enloquecido al film, es un medio brillante para ejecutar una historia poderosa, una crónica terriblemente universal y profundamente emotiva sobre un tiempo cínico. Luis A. Ogando Des (@luisan_ogades).

14. ANG LEE por Brokeback mountain (2005)

Ang Lee nos propone una mirada oriental – con una parquedad de palabra muy zen – al género norteamericano por antonomasia: el western fronterizo. Pero aquí el límite no reside en la vastedad de la geografía retratada, sino en la intimidad del alma, donde tiempo y espacio se difuminan hasta convertirse en un rompecabezas que se transforma en nuestra propia sombra que nos acecha y tortura hasta perder la batalla de nuestra conquista íntima. Ang Lee dibuja un laberinto frondoso que refleja nuestro deseo de alcanzar el edén y contrasta con la árida cárcel en la que nos encerramos por miedo a disfrutar de nuestra libertad. Un tratamiento elíptico – lo más relevante ocurre fuera de campo – y un desenlace callado – basta una imagen para abocarnos al  abismo – que nos lacera el alma. Los silencios configuran la trama: lo que no podemos nombrar no existe. Nuestra realidad es el lenguaje y cuando nos falta, perecemos. Ang Lee nos sugiere, con su sutil y tenue caligrafía oriental, que completemos sus abocetados trazos hasta consumar el extravío del yo: ganar y perder son las dos caras de la misma moneda. Antonio Manero.

13. CHRISTOPHER NOLAN por Dunkirk (2017)

Fiel a su afán por romper los cánones narrativos, Christopher Nolan da con Dunkerque una nueva vuelta de tuerca a los experimentos espaciotemporales que ya abordó en Memento, Origen e Interstellar. En esta ocasión, la historia se va hilvanando a tres tiempos. Una semana, un día y una hora antes del desembarco civil que logró rescatar a 300.000 soldados aliados acorralados por el ejército nazi. De la tierra al mar y del mar al aire. Sin descanso ni tregua. Las escenas de acción se funden, se dan paso, se interrumpen, en un diálogo a tres tiempos que orquesta una banda sonora total. Y es que pocas veces película y música resultan tan interdependientes como en esta fusión entre Nolan y Zimmer. Imágenes y sonidos al completo servicio de un clima angustiante y claustrofóbico que se mantiene desde el primer instante hasta uno de esos finales que desembocan irremediablemente en erizamiento epidérmico. Una lección magistral sobre cómo confeccionar la película pluscuamperfecta. Pol Morales (@pomovi).

12. DAMIEN CHAZELLE por La la land (2016)

¿Puede una película destinada a convertirse en uno de los éxitos del año ser también una obra muy personal? Damien Chazelle lo consiguió con La La Land: mezcló las exigencias del blockbuster (rostros conocidos, buen ritmo, las canciones justas para no asustar al público…) con un homenaje a los musicales que le fascinaron antes de ser director y además sin concesiones a los finales felices de Hollywood. Cada secuencia típica de comedia romántica la compensó con números imaginativos, aciertos de montaje y apuestas arriesgadas como el agridulce y espectacular flashback final. Pero además supo hilvanar todos esos elementos dispares; lejos de resultar un pastiche, él logró combinar con elegancia lo clásico y lo moderno: La La Land no es original ni pretende serlo, podría ser un musical perdido de los 60 pero solo podría haberse rodado en 2016. Está hecha para deslumbrar, y a ratos lo consigue, pero es en los pequeños detalles que van apareciendo en cada revisionado, donde se nota la maestría de Chazelle para dirigir justo la película que a él le gustaría haber visto en el cine. Él disfrutó rodándola y ese gozo se manifiesta en cada elemento en pantalla, desde una pareja protagonista exultante hasta la banda sonora, pasando por secuencias que otros ojos hubieran considerado prescindibles y sin embargo contienen el alma de La La Land. Que finalmente perdiera el Oscar a mejor película con su equipo ya sobre el escenario solo aumenta su leyenda y su mensaje: lo intentamos y durante ese breve período fuimos felices. Àlex Pler (@LleonardPler). 

11. PAUL THOMAS ANDERSON por There will be blood (2007)

Como sucede con (casi) todas las películas de PTA, el primer visionado de “Pozos de Ambición” arrolla al espectador. Una película que tiene en casi todo momento a Daniel Day Lewis en pantalla, densa y oscura como el petróleo que extrae el Sr. Plainview y de más de dos horas y media de duración, no lo pone fácil. Sin embargo, no se nos escapa la brillantez del trabajo de su director. Alejándose de sus trabajos anteriores, nos encontramos ante un trabajo más austero, pero no menos cuidado. El manejo de la cámara, con el que bebe de clásicos del cine estadounidense, pero al que logra hacer suyo, nos deja varias escenas inolvidables. De ellas, basta con repasar dos para justificar la presencia de Anderson entre lo mejor de este siglo: la escena del bautismo y la escena final. Si uno se fija, tiene la impresión de que todo es sencillo. Buen guion, grandes actores, magníficas interpretaciones… Pero, no nos engañemos, es el director el que con cada una de sus decisiones las eleva a la perfección. Imma Pilar (@rodasons).

10. BAZ LUHRMANN por Moulin Rouge (2001)

El musical es un género cinematográfico donde sus raíces son puramente norteamericanas pero tuvo que venir un australiano en el 2001 a darle una nueva vida y volver a colocarlo en el sitio que se merece después de varios años, salvo en contadas excepciones, siendo muy desapercibido de cara al publico. ¿Y cuales fueron sus ingredientes para esta reconciliación? Pues el bohemio París de 1900 de fondo, usar éxitos pop como canciones, una pareja protagonista guapa y repleta de química y tanta extravagancia como poca vergüenza. Moulin Rouge! es una película excesiva, histérica y descontrolada pero también es romántica, intimista y repleta de emociones universales. Es una macedonia que 17 años después de su estreno nos seguimos preguntando como pudo salir tan bien cuando en realidad tenía todas las papeletas para ser un despropósito. Pero Baz Luhrmann supo juntar todos los elementos para darnos el musical más icónico del siglo XXI, porque hay que tener mucho talento para poner a Kylie Minogue interpretar a una hada verde hasta arriba de mierda y que parezca que ha sido una buena idea. “¡Qué maravilloso es el mundo, ahora que sé que tú estás en él!” le dice en un momento Christian a Satine y que razón tenía porque que maravilloso es un mundo donde existe Moulin Rouge!. Nando Cruz (@Fercruz77).

09. DARREN ARONOFSKY por Black Swan (2011)

Decir que todo en “Cisne negro” es perfecto, utilizando la última palabra que pronuncia su protagonista en la película, quizás sea demasiado recurrente. Pero es que en este cuento de terror en el que nunca sabemos qué es ficción o realidad todo es perfecto. Y también es perfecta la dirección (y el guión) de Aronofsky. Es en esta película donde alcanza la identidad y el estilo que anunció en “Réquiem por un sueño” y que culminó con “Madre!”, y que le han convertido en uno de los directores más interesantes e importantes del cine actual. ¿Y el Oscar a mejor director de ese año? Para Tom Hooper. No hay más preguntas, señoría. Jose Anchel (@JoseAnchel87).

08. PAOLO SORRENTINO por La grande bellezza (2013)

La gran belleza confirma a Paolo Sorrentino como uno de los grandes creadores del cine del siglo XXI. El autor acierta a dar con su gran obra maestra el definitivo golpe en la mesa con el que reivindica un talento insuperable y una particularísima sensibilidad estética ante la cual resulta imposible no sentirse arrollado..Considerada casi por unanimidad como una especie de versión 2.0 de “La dolce vita”, aunque personalmente uno ve más lazos con “Roma”, otro de los grandes delirios fellinianos, Sorrentino describe a través de la odisea romana de Jep Gambardella el declive de la cultura occidental en la época contemporánea. Y siempre con una capacidad desbordante e hipnótica para crear imágenes y transmitir sensaciones Caótica, desmesurada, brillante, genial,… puro Sorrentino. Juan Solo.

07. TODD HAYNES por Carol (2015)

Carol se construye en torno a un juego de miradas de encuentro y reencuentro, de descubrimiento de un amor que las dos protagonistas desconocían, y lo hace de una forma sutil y sumamente táctil (muchas escenas no necesitan palabras, solo un leve toque en el hombro y la música de Carter Burwell). Es una película que se mueve con ligereza y elegancia, como si de un vals se tratara: las dos mujeres viven un momento crucial en sus vidas que se narra a partir de la relación simbiótica que establecen. Esta surge en un ambiente que las juzga moralmente, pero eso no impide que se dejen llevar por la maravillosa casualidad que supone conocerse para después remodelar el rumbo de sus vidas. La propia Carol le dice a Therese: “Eres un ángel, caído del cielo”. Exactamente eso es esta película para mí. Esther (@AuroraNocte).

06. DENIS VILLENEUVE por Arrival (2016)

Si hay un director que ha venido a romper esquemas, ése es Denis Villeneuve. Dicen de él que bien podría ser el heredero de Kubrick. Tal vez son palabras mayores para un director que ha inundado las dos primeras décadas de este siglo con obras maestras. Lejos de acomodarse en un sólo género, la ambición y el talento del canadiense le han convertido en una gran promesa del cine actual y del que está por venir. Se me ocurren pocos cineastas que puedan llegar a generar escalofríos mientras vemos como una Amy Adams asciende, bien encuadrada, a comunicarse con unos extraterrestres. Una experiencia que, con solo recordarla, da sentido a mi pasión por el cine. ¡Gracias Villeneuve! Raúl Hernández (@ulher).

05. TERRENCE MALICK por The tree of life (2011)

Tras 6 años de ausencia, Terrence Malick regresó con una obra que cambiaría por completo la concepción del séptimo arte que hasta entonces él mismo tenía. Los que hemos tenido la suerte de ver surgir este siglo, hemos sido testigos de asistir al punto de inflexión de un director, que a pesar de tener mala fama, nunca ha dejado de crear y suscitar interés. Y esto ya es decir, y mucho. Lo cierto es que “El árbol de la vida” no tiene una narrativa común, pero es que a estas alturas a Malick no hay que exigírselo. ¿Acaso le hace falta? Sus imágenes (en muchas ocasiones reveladoras) ya hablan por sí solas. Porque a veces para contar un drama de proporciones épicas no hace falta ser evidente, sino que con sólo sugerir ya se tiene todo ganado. El drama de una familia de los años 50 que se entrelaza con el origen de la vida, no es ni mucho menos descabellado. Es una interpretación de la vida en estado puro, pero bajo la visión de un artista muy especial. De hecho, Terrence Malick se sintió tan cómodo con este estilo en particular, que tras “El árbol de la vida”, realizó proyectos que no parecían más que retales de la misma. Con ello, entró en un declive artístico muy preocupante, aunque ha afirmado recientemente que lo dejará apartado para centrarse en narrativas más jugosas. No sé hasta qué punto esto será cierto, pero lo que sí está claro es que Malick aún tiene mucho tiene que contar a sus 74 años. *La BBC la incluye en las películas más influyentes del siglo XXI. Rafa 2.0 (@RafaDean).

Terrence Malick, El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011) En el momento de estrenar “El árbol de la vida”, la flamante Palma de Oro en Cannes de 2011, Malick aún era un realizador que compartía con el mundo su (descomunal) talento en pequeñas dosis, prodigándose demasiado poco en las pantallas. Tan solo había estrenado cuatro películas (¡pero qué películas!) en 38 años, antes de regalarnos esta, su mayor y muy emocionante obra maestra. Un monumental canto a la vida, a la familia, al amor, al dolor, a la muerte, que no se detiene en la radiografía que hace de una familia americana de la década de los 50, realizada casi sin diálogos (Brad Pitt, Jessica Chastain y Sean Penn dejan a un lado sus condiciones de estrellas de Hollywood para actuar como títeres -con sus luces y sombras- en manos del Dios Malick), siguiendo una narrativa poco convencional, que hace de la elipsis un arte, sino que ambiciona mucho más, mostrándonos, a través de las maravillosas imágenes de Emmanuel Lubezki, la creación del universo. Más que un filme, “El árbol de la vida” es existencialista poesía en movimiento, un espectáculo visual (y sensorial) de primer orden que trata de dar respuestas a cuestiones tan filosóficas y trascendentales para el ser humano como las de de donde venimos o a donde vamos. Malick, tantas veces incomprendido, tantas veces cuestionado, aquí depura su estilo hasta abrazar esa perfección que sus seguidores admiramos y que tanto irrita a esos detractores que le tachan de pretencioso. Como todos los grandes genios, está destinado a la controversia pero nunca a resultar indiferente. José Antonio Martín León (@namdikin).

04. JOE WRIGHT por Atonement (2007)

La magia de ‘Expiación’ reside en su majestuosidad, pero también en lo exquisita que resulta en sus detalles, diálogos y puesta en escena. Joe Wright adapta a McEwan con una progresión en el relato y en lo visual precisa y cautivadora, elaborando una historia épica, sin dejar de lado sus matices. Porque esta película no sería nada sin la grandilocuencia de las escenas bélicas ni sin su potente historia, pero tampoco sin las miradas de Briony o las lágrimas de Robbie. ‘Expiación’, pese a ser adulta y fiel a la novela, también es puramente cinematográfica; Su complejidad y elegancia permiten que sus actores se luzcan y que el público no se resista a conectar con ella, y todo ello gracias a la extraordinaria labor de Wright. Pablo Fitts (@pablofitts).

Joe Wright firmaba en 2007 los mejores primeros 45 minutos que recordamos en una película. Es verdad que Expiación cumple todos los requisitos académicos de película coñazo pero estupendamente ambientada, interpretada y técnicamente impecable que arrasa en nominaciones y luego nadie recuerda, pero la acertadísima dirección de Wright la convierte en una apasionante historia de malentendidos y traiciones que incluye un complejo plano secuencia en la playa y otros varios momentos que dejaron claro el talento de un director que tocó techo con esta adaptación de Ian McEwan pero ha seguido dejando su personalísima huella en cada una de sus cintas posteriores. Jose Cruz (@Jose90cruz).

03. QUENTIN TARANTINO por Kill Bill (2003)

Quentin Tarantino filmó en 2003 la que podría ser la cinta definitiva sobre cómo sacarse la chorra y dejar al espectador con la boca abierta dispuesto a recibir todo lo que le eche. En algo menos de cuatro horas el director de Death Proof prueba suerte en prácticamente todos los géneros cinematográficos (acción, thriller, spaguetti western, drama intimista, comedia negra, anime…) y demuestra un talento inabarcable en la historia de una mujer traicionada por su sugar daddy. Kill Bill es una obra maestra absoluta y la dirección de Tarantino es un prodigio no sólo en los estupendos diálogos sino también en las espectaculares set pieces de acción. Jose Cruz (@Jose90cruz).

La tajada de estilo que hace convierte Kill Bill (vol. 1 y 2 como un díptico mutuamente necesarioe para entenderse) en un filme no bueno, sino sobresaliente, es que su propia creación supone una reflexión sobre lo clásico y lo moderno, lo occidental y el espíritu del western que al mismo tiempo resulta una oda al anime más allá de su parte animada, si no en la direccionalidad de sus paneos, tilts y suspensiones temporales a cámara lenta como en la ya icónica batalla de los 88 Odiosos junto a la Uma Thurman mejor dirigida de su carrera. Es un film que se compone como una danza, donde los movimientos de katana se coordinan con los de cámara (el Takashi Miike de 13 Asesinos estaría orgulloso), y el espacio supone una extensión de la epicidad de los conflictos de los personajes amén de sus relaciones: la solemnidad de la batalla en el tatami de madera con O-Ren Ishii, donde Tarantino estiliza la violencia hasta el punton de embellecerla, dista mucho de brutalidad cuasi cómica plagada de zooms con la que se afronta la somanta de hostias con Elle Driver. Ambas escenas hablan lenguajes distintos, unas batallas hablan del honor, otras son un entretenimiento divertidísimo y otras son un espectáculo gruesome que harían aplaudir a Harry el Sucio. Tarantino conoce el lenguaje de la violencia, precisamente por ello no es gratuita, y el desenlace de la odisea, concentrando la epicidad de Centauros del Desierto, con el villano, ahora convertiro en héroe gracias a la magia del plano contraplano (y un brillante David Carradine), avanza hacia un horizonte conocido pero no por ello menos emotivo, es el broche de oro para uno de los ejercicios de mitomanía más ambiciosos y evocadores del S.XXI. Es magia. Javier Palma (@palmurcio).

02. GEORGE MILLER por Mad Max: Fury Road (2015)

Quién diría que George Miller tenía 70 años cuando dirigió (escribió y produjo) ‘Mad Max: Fury Road’, cuarta película de una saga que él mismo dirigió (escribió y produjo) entre 1979 y 1985. 30 años después del estreno de la tercera, Miller se lanzó a la piscina al dar a luz una cuarta entrega que, no sólo estaba a la altura de la original (a la que superó con creces), sino que le llevó a las puertas de conseguir los que hubiesen sido su 2º y 3er Oscar: uno como director (Iñárritu no necesitaba ese segundo Oscar) y otro como productor. Con ‘Fury Road’ (¿podemos incluirla en el TOP10 de mejores películas de lo que llevamos de siglo?), Miller traslada al espectador a un mundo árido en el que conoce a Imperator Furiosa (¿uno de los mejores personajes femeninos del cine reciente?) y del que no querrá salir. Salvo que lo haga en cuatro ruedas. Ojalá todo salga bien y podamos disfrutar de una quinta entrega. Alfonso Estrada (@fon_lost).

La idea era rodar la cuarta parte de la saga Mad Max en el año 2003, pero el comienzo de la guerra de Irak la sepultó. Fue otro golpe de mala suerte en la carrera de George Miller, quien por esa época también tuvo que ver cómo se cancelaba su proyecto de película de la Liga de la Justicia en plena preproducción, así como el fracaso en taquilla de Happy Feet 2. Cuando retomó Mad Max en 2009, Mel Gibson ya estaba demasiado mayor para esos trotes, pero Miller, a sus sesenta y tantos años, no. Pasó 130 días en el desierto de Namibia rodando la película de acción más orgánica de lo que llevamos de siglo, una adrenalítica persecución de dos horas, orquestada como una ópera rock, que acabó con esa creencia de que la acción es sinónimo de testosterona: Mad Max: Furia en la carretera es estrógeno puro, liderada por la ya icónica Imperator Furiosa a la que da vida Charlize Theron, y articulada por Margaret Sixel, la mujer de Miller, que se encontró ante la ardua tarea de convertir en película un metraje de 470 horas. Pese a su subestimada condición de cine de entretenimiento, sencillo pero virtuoso, se alzó como una de las películas más premiadas de la temporada y la más galardonada con diferencia en la ceremonia de los Oscar, con 6 estatuillas, y aunque Miller no ganó en la categoría de dirección, el haber superado todas las adversidades que se le pusieron por delante, obteniendo mayor prestigio como director del que tuvo jamás, fue una victoria más que placentera… al menos, hasta que su productora demandó a Warner el año pasado por no cumplir con el acuerdo económico convenido. La batalla continúa… Jorge Blanch (@Jorgeblanch).

01. DAVID LYNCH por Mulholland Drive (2001)

Resulta imposible en tan poco espacio diseccionar una de las obras cinematográficas más importantes de este siglo e incluso desmenuzar la importancia y magnitud de la dirección de David Lynch en Mulholland Drive. El genio estadounidense metamorfosea los cánones del film noir en un juego de espejos sobre la perversión de los sueños en Hollywood, la nefasta participación de los celos en la conducta humana y la incapacidad de las personas para afrontar sus temores más intrínsecos. Sueños y realidad, ilusión y abatimiento; dualidades que convergen en una película en la que Lynch impregna el relato de su onirismo particular y resulta fascinante en cada nuevo visionado. Una llave azul y el Club Silencio. Secuencias para el recuerdo en una obra maestra que consuma las inquietudes artísticas de Lynch y pone de manifiesto el poder del cine como medio de expresión total (imagen, sonido, música, texto). Alain Garrido Blanes (@alain_garridob).

Difícil es poner en palabras lo que ha hecho David Lynch tanto para la cinematografía como para la televisión, aunque ambos son un complemento del otro, en su caso. La polémica causada meses atrás acerca de si Twin Peaks: El regreso, debería ser considerada como película a pesar de mostrarse en un formato de miniserie es prueba de ello o como el hecho de que una de sus mayores obras (y una de mis películas favoritas de todos los tiempos) fue ideada como piloto de serie de televisión, aunque su futuro fue muy diferente y ahora es referencia para todos los amantes del Cine. Hablamos claro de MULHOLLAND DRIVE; el sueño dentro del sueño, la misteriosa llave que abre un millar de secretos, el corazón roto de una actriz, y la mujer que tras tener un accidente en automóvil se encuentra perdida y así, un sinfín de viñetas que a primera vista parecen no tener pies ni cabeza, pero que abriendo nuestros ojos tienen todo el sentido del mundo. Los planos de Lynch a sus dos musas (Naomi Watts y Laura Elena Harring) son perfectos, a detalle, captando sus emociones tanto en los sueños como en la realidad. Lynch entrega una obra maestra, una catedra de cinematografía y de narrativa pocas veces vista e inolvidable, con personajes que se encuentran perdidos, o soñando o buscando lo que quisieron ser y no tuvieron el valor para hacerlo. Al final, nada alejado de la realidad. Iván Romero (@Chivancillo).

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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