CARAS Y LUGARES

QUIERO HACER ALGO SÓLO PARA TI 

La directora belga Agnès Varda lleva el cine en las venas. Con más de medio centenar de películas a sus espaldas, se mantiene lozana y creativa tras más de 60 años en activo y además estuvo casada hasta su muerte con el conocido director francés Jacques Demy (1931-1990). Sin embargo, creo que hasta la fecha no había visto ninguna de sus obras y ahora siento curiosidad de bucear en su filmografía repleta de títulos prestigiosos. Su última pieza, este delicioso documental, tan sencillo como fascinante, lo ha codirigido junto con el fotógrafo JR – 55 años más joven que ella – demostrando que se puede elaborar una obra interesante cuando se tiene algo singular que contar.

¿Pero qué se nos muestra aquí? Creo que lo más relevante es que se nos propone ver en directo el proceso creativo de dos artistas mientras recorremos ciertos pueblos y emplazamientos que vemos transformarse, como por arte de magia, por la inventiva y presencia de estos dos artistas singulares. Algunas entrevistas de personas anónimas se complementan con la elaboración de creaciones artísticas de JR mientras que la cámara de Varda va recogiendo todas las fases de la metamorfosis de ciertos espacios públicos elegidos con tanto tino como sensibilidad que sorprende tanto como cautiva. La intención no es crear instalaciones que resistan el paso del tiempo, sino que su intrínseca fugacidad es parte de su naturaleza esencial.

Todo fluye con naturalidad y sin énfasis, sin dar importancia a lo que estamos viendo, pero acaba configurando un retablo sugerente donde arte y vida van entrelazándose con frescura y campechanía, formando un conjunto armonioso de una delicadeza peculiar. Además consigue captar algunos momentos emocionantes que nos llegan al corazón con una fuerza y carga de profundidad inesperadas. Por ejemplo, el tañido de unas campanas, la visita a la abuela centenaria del codirector y fotógrafo donde la mirada de esa anciana mujer nos desvela todo el amor que siente hacia su nieto, el desplante grosero y prepotente al que Jean-Luc Godard somete a su supuesta amiga de tantos años y complicidades Agnès Varda, que no puede ni quiere disimular la emoción y el dolor que le causa con las pocas palabras que deja escritas en el cristal de su infranqueable caserón, o ese gesto postrero lleno de empatía y cariño de que hace gala JR para atemperar el disgusto y las lágrimas de su compañera ante la infamante afrenta y vejación a la que ha sido sometida… Y la elegancia y respeto con que la cámara recoge ese gesto de cortesía y amor.

Estamos ante una pequeña gran obra de una sencillez engañosa que nos muestra que la belleza reside en nuestra propia mirada. ★★★★☆ – ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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