HEARTSTONE, CORAZONES DE PIEDRA

CORAZONES PÚBERES

El despertar sexual durante la adolescencia puede ser tanto motivo de alborozo como de desánimo, dependiendo de cómo seas, de quiénes te rodeen y de dónde residas. Es una historia mil veces abordada, aunque siempre se presta a un nuevo enfoque o a un nuevo matiz que añada complejidad o sutileza a lo que creíamos ya un tema agotado. Porque el júbilo o la tristeza adoptan un sinfín de máscaras y se encarnan en innumerables cuerpos. Cuando nos peleamos con nuestros más íntimos y volcánicos deseos, la frustración no conoce de latitudes ni tabúes, de límites o de escrúpulos. Entonces, sin tan siquiera haberte atrevido a entablar batalla alguna, aceptas el destrozo de ser diferente y transitas un lodazal tenebroso y resbaladizo, sintiéndote ninguneado por tus semejantes, asumiendo que no te queda otra opción que acometer la huida aunque sea hacia ninguna parte.

Esta película islandesa nos enfrenta al divergente descubrimiento pubescente de dos amigos de toda la vida. Pero mientras uno actúa y se desenvuelve con habilidad y descaro por los nuevos territorios que tantea, al otro no le queda otra opción que permanecer inerte y exangüe al no comprender primero ni aceptar después su tan inexplorada como repentina inclinación carnal. Dos puntos de vista ante una misma realidad, dos alternativas que ni elegimos ni nos enseñan a vivir en libertad, sino que nos invaden y corroen con inusitado ímpetu y ardor, trastocando nuestro plácido mundo conocido y lo convierten en una aventura incierta, llena de posibilidades y añagazas. Si fuera fácil no resultaría tan fotogénico…

La novedad en este caso radica en el punto de vista adoptado por el relato, ya que no se centra en el pobre diablo que se encuentra atrapado por el talión del deseo, sino en su fraternal amigo que lo acompaña como alma gemela hasta que sus incompatibles caminos amagan con separarles. No es tanto lo que vivimos, sino cómo percibimos e interpretamos lo que nos ocurre; y no hay mayor fiasco que el desengaño de un primer amor no correspondido. Pero el desencanto no sólo alcanza a quien lo vive, sino también a quienes nos rodean desde siempre, al no poder satisfacer las expectativas tácitas que habían configurado hasta entonces un mundo ordenado y predecible.

Quizás su mayor defecto, tal vez el único, sea su excesivo metraje. Tomarse más de dos horas para narrar una sencilla historia de desamor y decepción es un reto superfluo, sobre todo cuando de por sí el ritmo pausado y melancólico adoptado alarga todas las escenas de forma caprichosa. Pero en conjunto el resultado es satisfactorio y nos desvela, una vez más, que no quedan historias novedosas, sino tan sólo formas originales de encauzarlas. ★★★☆☆ – ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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