EL CAIRO CONFIDENCIAL

LOS SOBORNADOS

Deslucido título para una buena película. No se me ocurre una mejor forma de empezar este breve comentario que resaltar – ya de tan conocido parece un tópico – la deplorable carencia de agudeza o buen gusto lingüístico de los distribuidores españoles a la hora de verter al castellano los títulos de las cintas que pretenden comercializar… dejando para mejor ocasión valorar la crónica majadería de ni tan siquiera tratar de traducir los nombres de las obras que quieren convertir en hitos mercantiles, olvidándose de señeros ejemplos en los que su denominación ha entrado en el acervo cultural patrio – como es el caso de Solo ante el peligro o Con faldas y a lo loco, modelo de triunfante creatividad – contentándose con distribuir sus productos enlatados, como si de una vulgar pizza industrial se tratara y no requiriera ni de un mínimo aderezo español para conseguir averiguar su contenido.

Estamos ante una película egipcia pero producida por capital sueco. Extraña mezcolanza que, sin embargo, traza una propuesta brillante y llena de matices y aciertos, en la que se refleja la venal corrupción que corroe todas las capas de la sociedad egipcia, y, en especial, a los funcionarios públicos encarnados en la policía. No me sorprende que la cinta haya sido prohibida y que al director y guionista, Tarik Saleh, le hayan prohibido la entrada en su país. Otra muestra más de que la libertad de expresión hace daño a los gobernantes, sobre todo si se trata de una dictadura (teocrática o no) que aborrece la pluralidad o la crítica mordaz. Porque el retrato que ofrece de Egipto no puede ser más angustioso y desolador: los sobornos cotidianos presiden el quehacer habitual de cualquier actividad, degradando a la sociedad y dificultando su desarrollo y prosperidad.

Tras un tenso relato policíaco se esconde un desazonador retablo de crítica social. La historia se ramifica y complica, asistiendo con perpleja impotencia como el dinero señorea y manipula de forma descarada y obscena los quehaceres se sus insignificantes protagonistas – algunos de los cuales se creen demiurgos cuando son meros peones. El caso de asesinato de una cantante (¿O quizás ramera de lujo? ¿O acaso cebo inocente para chantajes turbios?) se abre y se cierra a conveniencia del mejor postor. Pero tras esa aparente opacidad se desvela que aún quedan personas justas, que si bien aceptan o han aceptado, sobres o fajos de billetes quisieran vivir en un mundo más justo y limpio y se desviven por mantener encendida la llama del honor en medio de un vendaval de putrefacción.

Quizás de ritmo algo moroso pero por completo satisfactoria: los bajos fondos son iguales en todo el mundo… La diferencia estriba en lo alto que consigan encamarse.★★★☆☆ – ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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