TOP 25 MEJORES INTERPRETACIONES MASCULINAS DEL S.XXI

Algunos hacen doblete, otros tantos han estado a punto de hacerlo. La gran mayoría aparece casi cada año en las quinielas de los premios gordos. Se trata de actores que han dejado huella no sólo en determinados filmes sino que, actuación tras actuación, se han consagrado como parte importante de la historia del cine. Tras escoger las 25 mejores actuaciones femeninas de este siglo XXI, ahora es el turno de ellos. 39 amantes del cine han elegido esta vez sus interpretaciones masculinas favoritas. Sólo el 18% de las 135 propuestas ha logrado alcanzar el podio final. 25 trabajos de enorme peso dramático, sólo al alcance de su gran talento, el de unos pocos afortunados con el don de la versatilidad.

25. ULRICH MÜHE como Gerd Wiesler en Das Leben der Anderen (2006)

Todo cinéfilo tiene a lo largo de su adolescencia auténticas revelaciones con películas que visualiza. Historias que por circunstancias inexplicables tocan de cerca o de las que uno se siente inevitablemente identificado con lo que cuentan. La vida de los otros es posiblemente una de esas cintas imprescindibles que explicarían a la perfección lo que es el cine para mí. Tendrá un trabajo de dirección y apartado técnico impecable, un guión bien documentado con diálogos que enganchan… pero realmente lo que siempre reivindicaré es la maestría del señor Mühe y su indiscutible interpretación. A pesar de percibir la típica frialdad característica de los espías en sus primeros minutos de aparición, el actor alemán va más allá y consigue dotar de una fragilidad y empatía memorables a un personaje que en otras manos habría sido un triste cliché. Lo único que Gerd Wiesler quería era ser amado. Servidor, gracias a su enorme implicación, lo consiguió. Allá donde estés, el cine alemán y europeo te debe mucho. Vielen Dank vor alles Ulrich. Cristian Rodríguez (@CristSchwarz93)

24. SEAN PENN como Harvey Milk en Milk (2008)

Un buen trabajo de caracterización y el talento y entrega de alguien como Sean Penn son ingredientes clave para caracterizar con fidelidad y respeto a una de las figuras clave del activismo LGTB moderno. El trabajo de Penn logró un Oscar y, lo que es más importante, el reconocimiento de la obra de Harvey Milk. La dirección de Van Sant, el guión de Dustin Lance Black y especialmente la desgarradora interpretación de Penn consiguen que termine cualquier visionado de Milk tan emocionado como en el primero. Xabier R.F. (@XabierXY)

23. MICHAEL SHANNON como Curtis LaForche en Take Shelter (2011)

Imaginaros que tenéis un sueño en el que el mundo, tal y como lo conocemos se termina. Escalofriante ¿verdad?. Imaginaros que nadie os hace caso, que todo el mundo se ríe o desconfía de vuestra “paranoia”, que nadie es capaz de entendernos. Michael Shannon borda un papel en una película de cine “indie” donde nada es lo que parece, donde los “locos” son los verdaderos visionarios. Una interpretación digna de cualquier premio de la crítica o de los autores. Con imágenes, planos, historias que se entremezclan dejándonos maravillados por una interpretación coral, donde obviamente apabulla la mirada de Shannon. Lledó Horne (@LledoHorne)

22. JARED LETO como Rayon en Dallas Buyers Club (2013)

La interpretación de Jared Leto en Dallas Buyers Club a priori y sin haber visto la película puede parecer la típica en la que un actor se involucra solamente para recibir el Oscar. Lo tiene todo para triunfar: gran cambio físico, momentos de lucimiento, personaje carismático, etc. Por supuesto, la Academia le premió. Pero hay algo que diferencia la actuación de Leto frente a otras similares, y es que hay una fusión, un entendimiento y una sensibilidad desbordantes a la hora de construir a Rayon, esa mujer transexual enferma de SIDA que lucha por sobrevivir dignamente en los años 80. En cierta escena de la película, Rayon debe vestirse con un traje de hombre para ver a su padre. Y es ahí cuando nos damos cuenta de la grandeza interpretativa de Jared Leto, porque somos incapaces de ver a un hombre, solo podemos ver a una mujer disfrazada. Y, claro, consigue conmover profundamente. Fernando G. Martín (@fergmartin96)

21. SEAN PENN como Jimmy Markum en Mystic River (2003)

Acostumbrado a tratar con personajes histrionicos, Sean Penn entrega de la mano del mejor Eastwood, una interpretación de piel. Cada mirada duele, cada frase rota por el sufrimiento de la pérdida conduce al espectador al abatimiento.  Venganza, vergüenza y dolor, tres emociones que encuentran en Penn un brillante hilo conductor para sentirlas como propias. Reconocido con un Oscar, este papel es de los que marcan a un actor mientras que en algún recoveco de la mente de servidor aún continúa martilleando el grito más desgarrador que un actor ha podido emitir. Raúl Hernández (@ulher)

20. ADRIEN BRODY como Wladyslaw Szpilman en The Pianist (2002)

En El pianista, sin duda una de las mejores películas de nuestro siglo (que consiguió la Palma de Oro en Cannes en 2002 además de múltiples premios alrededor del mundo), Adrien Brody nos regala su mejor actuación hasta la fecha. Y lo hace sin estridencias, con una naturalidad que invade cada secuencia del film. Ganador del César y del Oscar por este papel, su acierto radica en la transmisión de emociones y sensaciones sin necesidad de gesticular en demasía; sólo con su mirada llena la pantalla, transmite al espectador todas las calamidades por las que pasa su personaje, ese pianista que se esconde de los alemanes cuando invaden Polonia. Sabemos que Adrien Brody es uno de los grandes de nuestro tiempo cuando acapara toda la película, cuando llena cada plano sin necesitar de secundarios para brillar, aunque su personaje sí necesite otros personajes para evitar su deportación, para sobrevivir en un mundo gris, sin esperanza. La película necesitaba un actor que encarnara un personaje sobre el que recayera todo el peso de la historia, y Polanski no pudo encontrar a uno mejor que Brody. Estamos, en definitiva, ante una de las mejores interpretaciones del siglo XXI. Eduardo Bernal (@bernax16)

19. JAVIER BARDEM como Anton Chigurh en No Country for Old Men (2007)

Unas veces el mal rompe una puerta con un hacha. Otras come hígado acompañado de habas y un buen Chainti. Y otras lleva un peinado ridículo y mata con una bombona de oxígeno. El personaje de Anton Chigurh sirvió para que a Javier Bardem, después de años demostrando talento en nuestro país, se le terminasen de abrir las puertas de Hollywood y se convirtiese en el primer actor español en ganar un Oscar. Pero las grandes interpretaciones van más allá de los reconocimientos. Para Anton Chigurh matar parece una necesidad. Desconocemos si tiene motivos para hacerlo o si simplemente se trata de un trabajo. Sólo sabemos que es su forma de moverse por el paisaje creado por los Coen en No es país para viejos. “¿Es que no duerme nunca?” decía uno de los niños de La noche del cazador. Y es que los grandes villanos de la historia del cine nunca duermen. Ellos sólo se dedican a matar. Jose Anchel (@Anchel87)

18. PHILIP SEYMOUR HOFFMAN como Truman Capote en Capote (2005)

Brillante exponente de la actuación de método, Philip Seymour Hoffman hizo de su Truman Capote una de las más magníficas actuaciones de este siglo. La mimetización estaba expuesta en el control de la voz y del cuerpo, así como en la captación del espíritu del conocido novelista. Hoffman era el mejor actor de su generación, y este oscarizado papel marcó, sin duda, un antes y un después en su carrera. Pablo Fitts (@pablofitts)

17. MICKEY ROURKE como Randy Robinson en The Wrestler (2008)

Siempre se suele decir que es más fácil interpretar un personaje si está más cerca de uno mismo, pero precisamente creo que eso es lo más difícil en cualquier disciplina artística. La misma Saoirse Ronan lo reiteraba promocionando Brooklyn y el miedo que le provocaba enfrentarse a un papel cercano a su historia familiar en el que por primera vez en su vida se sentía vulnerable ante la cámara. Hay una implicación que provoca hermetismo y autoprotección, pero cuando un intérprete permite que eso llegue a la pantalla el resultado puede ser precioso. En ese respecto creo que no hay ‘interpretación’ que me haya calado más que la de Mickey Rourke en El Luchador, reconociendo ante Evan Rachel Wood y ante un mundo que le ha olvidado que es un ser roto, solitario y que merece esa soledad. Tremendo coraje merece respeto y admiración. Gonzalo H. Espinosa (@GonGonHE)

16. LUIS TOSAR como Malamadre en Celda 211 (2009)

Resulta cuanto menos llamativo el hecho de pensar que un gran actor lo es porque su pasado lo manifiesta y que teniéndolo en cuenta, su filmografía futura va a seguir en la misma línea, pero asistir al espectáculo de Luis Tosar en Celda 211 sobrepasa las expectativas. Un personaje que es un antes y un después en la carrera de cualquier actor, él lo convirtió en icónico gracias a su composición física, su talento interpretativo y esa voz tan característica que ya forma parte de su Malamadre. Cuando hablamos de Luis Tosar nos viene a la mente este preso que es un ejemplo en la historia del cine. Y nos alegramos de que lo haya interpretado uno de los nuestros. Para nuestro cine y en nuestro idioma. Silvia García Jérez (@silbidos)

15. CASEY AFFLECK como Lee Chandler en Manchester by the sea (2016)

En Manchester frente al mar, Casey Affleck da vida a Lee Chandler, un hombre huidizo y traumatizado que intenta domesticar el dolor y la culpa de un pasado trágico. Con un personaje incómodo, incapaz de articular sus sentimientos y proclive a actuar de forma compulsiva e incluso irracional, Affeck se hizo con un merecidísimo Oscar al mejor actor. Ana Conesa (@stapeppis)

14. J.K. SIMMONS como Terence Fletcher en Whiplash (2014)

Veinte años de carrera como secundario en películas tan dispares como Celebrity, Spider-Man o Juno y no fue hasta 2014 cuando un director prácticamente novel le regaló el papel por el que será eternamente conocido. J.K. Simmons estuvo nominado por primera vez y se llevó el Oscar por el personaje de Fletcher en Whiplash. Se consideró una interpretación secundaria pero nadie concebiría este trepidante ‘thriller’ sin su arrebatadora presencia. El durísimo entrenamiento de Andrew para conquistar el cielo del jazz, el tempo asfixiante de la película, son logro de un actor que vierte todo su talento en una actuación memorable. La elección de Simmons constituyó, sin duda, uno de los aciertos que permitieron a Damien Challeze embaucar a Hollywood y a medio planeta con su siguiente propuesta, el clásico instantáneo La, la, land. Pol Morales (@pomovi)

13. LEONARDO DiCAPRIO como Frank Wheeler en Revolutionary Road (2009)

Aunque sea una afirmación cuya categorización pueda resultar difícil ante su meritoria filmografía, este Frank Wheeler es la mejor interpretación de Leonardo DiCaprio en treinta años de carrera. Sin lugar a dudas. Además supuso su consagración como intérprete total ante los más escépticos: se quitó del todo su áurea de chico carpeta tras el éxito de Titanic y sus películas posteriores y logró los frutos de reconducir su carrera junto a Martin Scorsese. Su rol en Revolutionary Road es el de un patriarca de la idílica familia de clase media norteamericana, pero, en realidad, es un treintañero con muchas aristas, decidido y frágil, soñador y dubitativo, cariñoso y furioso. Muchas capas para un personaje con mucho recorrido a lo largo de todo el metraje. Es una suerte para un actor encontrar un protagonista tan poliédrico con una evolución tan notoria como la de este Fran Wheeler. Leonardo DiCaprio se lució con esta oportunidad. Alain Garrido (@alain_garridob)

12. MICHAEL KEATON como Birdman en Birdman (2015)

Buscando una grandeza, un reconocimiento y un éxito antaño perdido, pero esta vez, con base en un cuestionado talento, nos encontramos al malogrado personaje de Michael Keaton. Su interpretación refleja perfectamente cómo en su enfrentamiento contra elementos externos y contra, y lo que es peor, elementos internos, no hace más que acabar una y otra vez en la ridiculez. A pesar de ello, su personaje sigue intentándolo hasta las últimas consecuencias, alcanzando en su última interpretación (muy meta todo) un superrealismo que bien le otorgará de nuevo la relevancia que una vez tuvo y perdió, pero de nuevo por los motivos equivocados. Un auténtico placer para los sentidos cinematográficos el disfrutar de esta caída o vuelo, según se mire. David Lara (@DavidLtt)

11. HEATH LEDGER como Joker en The Dark Knight (2008)

Heath Ledger afrontó el reto de un personaje como el Joker, creado en 1940, tomándoselo absolutamente en serio. Quizás fue Christopher Nolan el que no le dejó hacer el payaso, como sus grandísimos predecesores, César Romero y Jack Nicholson. El villano de Ledger es más grunge que circense, la personificación perfecta del caos, de la incertidumbre, del terror del mundo en el que vivimos. Su Joker es todos nuestros miedos y encima, muy cool. El prematuro fallecimiento del actor no hizo más que acelerar algunos años su entrada en el territorio de la leyenda. Jorge Bertran (@JorgeABertran)

10. CHRISTOPH WALTZ como Hans Landa en Inglorious Basterds (2009)

Quentin Tarantino es conocido por crear grandes papeles secundarios, así que no es fácil destacar entre todos ellos de la forma en que Christoph Waltz logró hacerlo con su Coronel Hans Landa, y menos aún en la que yo considero la mejor obra del autor: Inglourious Basterds. Con este papel, Waltz consiguió no solo quedarse con la película (aún con el papelón de Mélanie Laurent) sino también defender un personaje indefendible, una serpiente sibilina, odiosa y letal con la que nos reímos incluso deseando su más que merecida perdición gracias al carisma y compromiso del actor. Gone Boy (@ElRincondDomive)

Entre los grandes aciertos de la carrera de Quentin Tarantino, y tiene bastantes, uno de los más grandes es el descubrimiento para el gran público del actor Christoph Waltz, encargado de interpretar con maestría al coronel Hans Landa. Un papel difícil, que se mueve entre lo abominable y lo entrañable, a través de diálogos y secuencias brillantes. Un auténtico espectáculo. Jaime P (@jauvaler)

9. JOAQUIN PHOENIX como Freddie Quell en The Master (2012)

El capitán jamás abandona el barco. Puede que esté dañado y a la deriva y aun así se aferre a algún ancla que le permita postergar el amargo final. Así es el viaje al que nos llevan el rostro y el cuerpo delgado, encorvado, desesperanzado y alcoholizado de Joaquin Phoenix, un marinero que en la década de los 50, una vez acabada la guerra, se encuentra desubicado, huyendo de la chica a la que ama y buscando la autodestrucción más absoluta. Algo que solo Phoenix podría trasladar de forma tan extrema y auténtica a la pantalla. Para mí, la interpretación del siglo XXI, excelentemente acompañada de la de Philip Seymour Hoffman. Como dice el protagonista en la penúltima escena: “Quizá esta no sea tu única vida”. Eso espero. Esthër (@AuroraNocte)

Joaquin Phoenix siempre ‘perteneció sin pertenecer’ a Hollywood. Quizá su personalidad no lo haya ayudado demasiado a hacer amigos en la industria y, hay que decirlo, divide aguas. Sin embargo, es realmente arduo discutir su talento como artista, y es habitual que los argumentos se caigan por su propio peso. Su actuación en The Master es apenas una de tantas evidencias de su potencial: su absoluta entrega y su compromiso en la composición de un errático Freddie Quell son dignos de todos los elogios posibles. Es que el actor lleva años, tal vez a su pesar, en ese Olimpo de grandes rostros del séptimo arte. The Master fue apenas una confirmación. Rodrigo Moral

8. TONI SERVILLO como Jep Gambardella en La grande bellezza (2013)

“Una clara renovación del clásico de Federico Fellini (La Dolce Vita, 1960) y en la que se dan cita muchos de los elementos con los que se coronó hace años atrás la obra de Fellini. El personaje de Toni Servillo (Jep Gambardella), se pone a la altura de un Marcello Mastroianni adaptado a nuevos tiempos, a nuevas culturas y a nuevas concepciones ideológicas, simbolizando una nueva Italia que en el fondo sigue describiendo la misma banalidad y el mismo vacío que componían esas clases de la alta sociedad italiana, y que tan bien fueron retratadas por Fellini. Una de las mejores descripciones sobre el personaje se hizo hace unos años: <<Jep Gambardella es la personificación de la Europa desgastada, ojerosa, de chaqueta cruzada elegantísima y hortera a la vez, que pese a todo renuncia a las cenizas de la pasión, al guiñol social y al descontrol de la juerga. Beber, hablar, aturdirse, derrochar energía dando tumbos incesantes toda la noche para apurar los escombros del cielo, a la espera de un milagro (…)>> (Eloy Tizón). Y no puedo estar más de acuerdo, sinceramente.” Rafa 2.0 (@RafaDean)

Acompañamos a Jep Gambardela en su triste deambular por las calles y por la noche de Roma, Es el mismo viaje hacia la nada que emprendimos hace más de medio siglo junto a Marcello Rubini, nuestros pasos de ahora resuenan sobre aquellos, recorremos los mismos lugares, asistimos a las mismas fiestas, percibimos idéntico desencanto. La Roma de Jep es la misma que la de Marcello, quizá lo que ha cambiado es nuestra forma de mirar, nuestra mirada que se ha vuelto un poco más escéptica. Jep ha dejado de crear porque también ha dejado de creer. Testigo mudo y resignado de una decadencia que no tiene nada de elegante. Es vulgar y zafia. Fellini no pudo imaginar otro cicerone que no fuera Marcello para eneñarnos su Roma; es impensable concebir la Roma de Sorrentino sin otro guía que no sea Jep. Juan Solo

7. BILL MURRAY como Bob Harris en Lost in Translation (2003)

Nuestro Presidente del Gobierno ha elevado —o rebajado, según se mire— el “dontancredismo” a la categoría de (in) acción política. Antes que él, Bill Murray llevó ese mismo “dasein” hasta sus últimas consecuencias en el campo de la interpretación. Primero en la excelente Groundhog Day (Atrapado en el tiempo, 1993) y rayando en la implosión nihilista en Broken Flowers (Flores rotas, 2005) después. Entremedias compuso el memorable, autorreferencial actor en horas bajísimas Bob Harris para el mayor éxito de Sofia Coppola hasta la fecha, Lost in Translation (ídem, 2003). Hace falta talento —el que le sobra a Murray— para que pasar de todo resulte así de romántico. “Chapeau”. Carlos Ortega

Sentirse solo estando rodeado de gente… y de repente, encontrar a alguien en la multitud que se siente tan extraño como tú. Un sentimiento tan universal como íntimo se nos contagia a través de Bill Murray dando vida a su álter ego ficticio más auténtico, Bob Harris, una estrella de cine en horas bajas y un actor cómico de mirada triste; no por capricho, Sofia Coppola no estaba dispuesta a rodar la película si el actor de Atrapado en el tiempo hubiese rechazado participar en ella. Bob se encuentra tan perdido rodeado de nipones como hablando con su esposa, demasiado concentrada en decidir un color para su nueva alfombra como para percatarse del vacío existencial en el que está sumido su marido, quien termina por conectar con Charlotte (Scarlett Johansson), una joven igual de desorientada física y emocionalmente como él. Un susurro imperceptible, del que no podemos ser partícipes, es el broche de oro perfecto para un encuentro sutil y personal, hermoso y único. Al final, Bob se marchó de Japón aprendiendo que, para encontrarse a uno mismo, primero hay que perderse un poco. Jorge Blanch (@Jorgeblanch)

6. DANIEL DAY – LEWIS como Daniel Plainview en There Will Be Blood (2007)

Al ver como uno de los mejores actores de la historia se deja ver en pantalla de forma tan esporádica (y esto no tiene pinta de cambiar precisamente), uno siente lástima. Lástima, entre otras razones, por no poder presenciar semejante milagro interpretativo tan a menudo como uno desearía. Pero después de ver películas como esta ‘Pozos de ambición’, podemos entender perfectamente por qué. Y es que Daniel Day-Lewis no interpreta a Daniel Plainview, no. Es Daniel Plainview. Y lo es zambulléndose de lleno en un monstruo tan lleno de odio, asco y rabia contenida que parece haber perdido cualquier atisbo de humanidad en pos de una creciente y desquiciada espiral de ambición y misantropía. Sin duda alguna una interpretación que, además de poner el broche de oro a una brillantísima película, bien merece por si sola el precio de una entrada. Y más de una vez. Daniel Cruz (@DannDraper)

La interpretación de Daniel Day Lewis como Daniel Plainview en Pozos de ambición debe de ser considerada como una de las mejores de lo que va de siglo, Day Lewis interpreta de manera magistral a uno de los personajes mas implacables y únicos de la historia del cine americano. Una interpretación única que recuerda a las mejores de Marlon Brando. Pablo Martín (@pablomartinsalg)

5. JAKE GYLLENHAAL como Louis Bloom en Nightcrawler (2014)

Que Jake Gyllenhaal sea uno de los mejores actores del s.XXI es una sentencia bastante consensuada. Pero si hay una interpretación en su carrera por la que merecía esa nominación al Oscar que todavía se le resiste es la de Lou Bloom en Nightcrawler. La obsesión de este reportero por alcanzar la fama en L.A a través del periodismo criminalista resulta es un descenso a los infiernos magistralmente llevado por la expresión corporal del actor. Y es que más que un cambio físico estremecedor, lo que logra inquietar de este film con alto contenido crítico a la prensa actual es la locura que desprende la mirada del actor mientras el resto de sus expresiones son completamente serenas. Jorge Bastante (@jorbasbo)

Nightcrawler desvela a través de Jake Gyllenhaal la pura esencia de lo que antihéroe debe ser. Gyllenhaal encarna desde la sociopatía, pero no como un acto de malicia, si no como una incapacidad de entender una sociedad con la que carece de lazos emocionales, hasta una ambición y esfuerzo profesional que le permiten escalar en un mundo gris donde el sentimiento de soledad parece haberse universalizado y solo queda espacio en el mercado para los seres más despiadados. Como un Travis Bickle de la generación xennial, Gyllenhaal construye desde la contención y miradas hipnotizadas por el morbo un superviviente, no un villano, que cumple como parábola de nosotros mismos: hace que queramos ver lo que ve. Javier Palma (@SuMalevolenciaJ)

4. HEATH LEDGER como Ennis del Mar en Brokeback mountain (2005)

En el año 2001, un jovencísimo Heath Ledger destrozaba las taquillas de todo el mundo, a golpe de Queen, con la delirante (pero divertidísima) Destino de caballero, dónde interpretaba a un hombre atado a un caballo en una imposible aventura medieval, tan propia de comienzos de los trash años 2000. En las antípodas de este trabajo, ese mismo año, Ledger brilló en una breve, pero intensísima, interpretación en Monster’s Ball, encarnando al hijo homosexual y autodestructivo de un tirano carcelero. Fue ese papel, como así ha reconocido el director Ang Lee, el que lo llevó a volver a montar a caballo, ésta vez en Brokeback Mountain, una de las películas fundamentales del cine estadounidense de lo que va de S.XXI. Ledger se mete en la piel del atormentado Ennis del Mar, un cowboy del desértico estado de Wyoming, que se fuerza a llevar una vida normativa que lo hace inmensamente infeliz. Ennis del Mar habla poco. Es un hombre al que le cuesta comunicarse con los demás, abrirse a las personas que lo aman, ya sea su esposa, sus hijas o, sí, el hombre de su vida, el puto Jack Twist (un excelso Jake Gyllenhaal). Como consecuencia de ello, el trabajo de Heath Ledger se sustenta en torno a la mirada y a las muecas de impotencia, rabia o (momentánea y esquiva) felicidad de su personaje. Una interpretación tan sutil y tan frágil que duele. Duele mucho. Construye a lo largo de los 150 minutos que dura la película un estudio demoledor sobre la tristeza como estado vital permanente, y sobre el miedo como un sentimiento que te paraliza completamente. Si Ennis del Mar es un personaje icónico es, en gran medida, gracias a Heath Ledger, un actor rabiosamente comprometido con el arte que ayudaba a poner en pie. Vi Brokeback Mountain cuando tenía 17 años y estaba lidiando con la aceptación de mi homosexualidad y me sentía terriblemente solo. Así, pude ver en su soledad, la mía, en su dolor, el mío, en su impotencia, la mía. Y sentirme menos solo, dolido e impotente. Y más libre. Gracias Heath. Luis Ogando (@luisan_ogades)

Nuestro límite es el lenguaje y si nos falta o nos falla, se desmorona todo. Abordar lo inconfesable, lo desconocido, lo diferente – que no tiene perfil ni pasado – es una tarea titánica. Para crear un personaje ensimismado, tosco y garrulo, enmarcado por una naturaleza exuberante e inabarcable, se requiere un toque de genialidad para poder encarnarlo, convirtiéndolo en alguien verosímil y cercano. Ésta es la proeza de Heath Ledger en Brokeback Mountain: dar consistencia y desnudar el alma de una persona herida por el silencio, acobardada por la hipocresía, desquiciada por la culpa, destrozada por la confusión, fustigada por el temor y paralizada por la inseguridad. Su admirable interpretación nos revela – sin palabras – el irremediable paso del tiempo que todo lo tritura, la esclavitud cruel y sin salida de vivir corroído por la mentira, la inexpugnable contradicción entre los luminosos exteriores y los tenebrosos interiores más íntimos. Y todo ello converge en un símbolo: la camisa. Cuando lo hemos perdido todo, nos despeñamos al abismo del llanto. Antonio Manero

Hay actores que solo necesitan un papel para pasar a la posteridad, en el caso de Heath Ledger no cabe duda de que será recordado por dos acontecimientos, en el ámbito cinematográfico por dar vida al vaquero Ennis del Mar en la película que ahora nos ocupa y por interpretar al Joker en la segunda entrega de la celebrada trilogía de Batman de Christopher Nolan. Su prematura muerte a los 28 años es, sin duda, la cara más amarga a la que se asocia su nombre. En Brokeback Mountain Heath ledger interpreta a un hombre reprimido, de pocas palabras y de pocas ambiciones porque prefiere conformarse con seguir siendo una especie de fantasma. Es una interpretación violentamente contenida la mayoría del metraje, pero el malogrado actor australiano sabe sacar petróleo de cada detalle, mirada o escasa palabra que pronuncia durante todos los momentos que tiene delante a su amado Jack Twist. Esta película fue la más importante, reconocida y recordada del 2005 (A pesar de su histórica e injusta derrota en los Oscar) y Heath Ledger tiene buena parte de su culpa porque representa esa América rural que es demasiado dura para amar, pero demasiado humana como para no intentarlo. Nando Cruz (@Fercruz77)

3. JOAQUIN PHOENIX como Theodore Twombly en Her (2013)

Quizás esta sea una de las interpretaciones más “sencillas” de Joaquin Phoenix, y en eso erradica su genialidad, en esa sencillez y cercanía. Su personaje, un hombre solitario y sin grandes ambiciones se enamora de Samantha, un sistema operativo. Entramos en su juego, nos reímos cuando ríen, nos preocupamos si discuten… Y todo eso rodeado de un toque melancólico y agridulce. Porque sabemos que es una historia imposible, pero empatizamos con sus emociones, y con sus luces y sombras. Naiara González (@naiara_glez)

Parece que para que una interpretación sea reconocida, es necesario que sea llamativa y excesiva, que presente realidades extremas. Quizás por eso, el papel más contenido de la carrera de Joaquin Phoenix pasó desapercibido en la temporada de premios, a pesar de que pocos actores podrían sostener una película en la que aparecen completamente solos en pantalla en gran parte del metraje. Su labor en Her se basa en pequeñas arrugas en la frente, en miradas vulnerables desnudas de cualquier protección. Gestos diminutos con un calado emocional inmenso, que convierten en creíble y emotiva una historia de amor que corría el riesgo de resultar absurda o artificiosa en cualquier otras manos. Aitor Villafranca (@Avillafranca_)

Cuando se habla de Her, lo primero que suele mencionarse es la voz de Scarlett Johansson. Pero en realidad, y sin desmerecer la carismática actuación de ella, quien lleva el verdadero peso de la película es Joaquin Phoenix. Aparece él solo durante la mayor parte de las escenas, en una actuación titánica muy distinta a las que nos tenía acostumbrados este actor. Sin nadie que la apoye en el contraplano, Phoenix es capaz de mostrarnos el enamoramiento en toda su ternura e ingenuidad, su sonrisa en la playa nos evoca la de otros veranos, el abatimiento es palpable. Más allá de la potente puesta en escena, de la imaginería visual y del vestuario retro, si la película nunca cruza la frontera de lo ridículo sino todo lo contrario, si se eleva hacia lo grandioso es gracias en gran medida a su intérprete principal. Lo más doloroso de Her es que ni siquiera un actor guapísimo en estado de gracia sirva para conquistar a Samantha. Àlex Pler (@LleonardPler)

2. LEONARDO DiCAPRIO como Jordan Belfort en The Wolf of Wall Street (2013)

Se ha convertido en el actor fetiche de la etapa más reciente de la carrera de Martin Scorsese. Su colaboración ha sido explosiva: desde Gangs of New York, en la que el buen trabajo de DiCaprio no podía evitar ser encimado por un imponente Daniel Day Lewis; hasta El lobo de Wall Street, magnífico film que se sostiene sobre su actuación. El actor hace un verdadero juego malabar para que todos los componentes del personaje se muestren y se sucedan con una facilidad y un equilibrio sencillamente magistrales. Era fácil caer en lo desmedido, pero DiCaprio arriesga y gana con el que, posiblemente sea el mejor papel de toda su sólida carrera. Imma Pilar (@rodasons)

Leonardo DiCaprio es uno de los actores favoritos del planeta por multitud de razones. Las mismas por las que la Academia le debía un Oscar desde hacía años. Oscar que no le llegó por dar vida a Jordan Belfort en El Lobo de Wall Street (fue el año de McConaughey), pero que sí le permitió rozarlo con los dedos (tuvo que esperar dos años para conseguirlo). El Belfort de DiCaprio probablemente sea uno de los personajes más locos a los que se ha enfrentado en su carrera y, por eso, uno de los más emblemáticos. Y es que nadie olvidará la escena en la que se arrastra por su casa hasta alcanzar su coche colocado hasta las trancas. Nunca DiCaprio había estado tan divertido. Y no lo olvidéis: “El dinero no sólo te compra una vida mejor, mejor comida, coches y sexo. También te vuelve una persona mejor”. Alfonso Estrada (@fon_lost)

Leonardo DiCaprio firmaba una de sus mejores interpretaciones en su quinta colaboración con Martin Scorsese. Dar vida al excéntrico emprendedor Jordan Belfort sin caer en la caricatura (qué atrocidades podría haber cometido aquí Johnny Depp) durante 180 minutos es un trabajo al alcance de pocos. La química del actor con Margot Robbie y Jonah Hill es casi tan deslumbrante como sus inspirados speeches o la mejor bajada de escaleras que hemos visto en muchos años. El Oscar se volvió a resistir (Matthew McConaughey lograría la estatuilla por Dallas Buyers Club), pero DiCaprio demostró de nuevo que su talento juega en otra liga. Jose Cruz (@Jose90cruz)

1. MICHAEL FASSBENDER como Brandon Sullivan en Shame (2011)

Sexo sucio y miradas tristes. Estos son los ingredientes de Shame, de Steve McQueen, la historia de un hombre adicto al sexo y lastrado por un infancia que solo llegamos a atisbar como terrorífica. Michael Fassbender, quizá el mejor actor de su generación, se entrega en cuerpo y alma a esta interpretación, desnuda en todos los sentidos, para ofrecernos un recital donde una mirada suya vale más que mil líneas de diálogo. El olvido de su nombre en la categoría de mejor actor principal en la 84ª edición de los Oscar es, en mi opinión, la decisión más flagrante de la historia de la Academia de Hollywood. A la espera de que Fassbender retome este tipo de papeles en su carrera, y se olvide de protagonizar blockbusters sin alma, quedémonos con cualquier escena suya en esta poderosa película. Urko Urbieta (@AgenteUrbit)

Hay actuaciones y/o personajes que marcan y a la vez rompen al espectador asiduo al séptimo arte, confrontándolo y retándolo continuamente a lo largo de dos horas, dejándolo con un malestar único y la piel chinita al mismo tiempo. Hay muchos casos, pero uno de esos personajes es Brandon Sullivan de Shame (2011) de Steve McQueen. Interpretado por un inmejorable Michael Fassbender; Brandon es un adicto al sexo que lucha constantemente con prácticamente condición de vida; la culpa, la represión, el dolor, la insatisfacción crónica, pocas veces se había visto representada de una manera tan descorazonadora y tan cruda en la pantalla grande. La mirada vacía, la tentación, la búsqueda, y la aceptación. Fassbender recorre todos los sentimientos de una manera sensata y fría. Ignorado por los críticos puristas, pero en los anales de la cinematografía se quedará para siempre en nuestra memoria. Iván Romero (@Chivancillo)

Michael Fassbender se desnuda en cuerpo y alma para emprender un perturbador descenso a los infiernos en su atormentadísima composición del Brandon de Shame (Steve McQueen, 2011). El sexo vivido de forma compulsiva y sin disfrute alguno -dejando una amarga sensación de soledad y vacío existencial tras cada encuentro fortuito-, y unas serias carencias afectivas que no le permiten sentir y comunicarse con quienes le rodean, entre ellos su conflictiva hermana (una Carey Mulligan igual de desgarradora), hacen que este neoyorquino guapo, independiente y triunfador en lo profesional, pierda el control y las riendas de su vida en su espiral de autodestrucción. Una actuación tan arriesgada que la Academia de Hollywood no se atrevió siquiera a nominar; visceral, que nace de las entrañas y se traduce en momentos tan magnéticos como la seducción a la chica del metro, donde Fassbender explota al máximo el poder de su mirada azul. Un trabajo de 10 para una obra maestra del siglo XXI a reivindicar. José Martín (@namdikin)

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