LA LLAMADA

EL GUSTAZO ES UNA CEREMONIA  

No tuve ocasión de ver la obra de teatro original sobre la que se basa esta atractiva cinta repleta de buenos momentos y gozosas ocurrencias. Tiene algunas innegables limitaciones – como una dirección anodina, diletante y poco ingeniosa – pero también es verdad que acierta en lo fundamental: proporciona a unos adorables personajes descarriados un vehículo sin apenas fisuras ni altibajos, que les permite su lucimiento y facilita, sin falsos disimulos ni innecesarias trabas, una complicidad arrolladora y bullanguera con el público partícipe, que asiste gozoso y agradecido a las peripecias que ante sí despliegan con brío, entrega y audacia. Es muchísimo cuando se sabe lo difícil que resulta montar un divertimento tan alocado como sensible, tan mimoso como reivindicativo, tan hilarante como hechicero.

Porque lo mejor es un tan sencillo como primoroso guión, muy bien dialogado, lleno de cariño y perspicacia, repleto de lucidez y poder de observación, que nunca pretende sermonear ni dogmatizar aunque deje siempre claras sus afinidades y querencias, sus opiniones y cortejos. Todos los integrantes del elenco hacen relucir y disfrutan con cada frase, con cada gesto, con cada entonación y cada melodía. Nos reímos con ellos pero no de ellos, nos engatusa su fragilidad tan humana, nos seduce su soberbia vulnerabilidad, su impetuoso descarrío, su afán por lograr el éxito en su mínima parcela íntima, por encontrar o reivindicar su lugar en el mundo, siempre a remolque de los demás, de todos aquellos que nos examinan, prejuzgan y avasallan aunque no queramos o no lo pretendan…Esa es su máxima virtud y su logro supremo: iluminar el alma humana al tiempo que nos entretiene y conquista. Fantástico.

Toda esta suma de aciertos solo es posible gracias a un reparto extraordinario, donde todas las actrices se complementan a la perfección, recrean con ternura sus personajes, se apoyan y se crecen, se acoplan a la perfección pese a sus diferentes experiencias y divergentes edades, todas para una, una para todas. Es de justicia mencionar a las cuatro maestras de ceremonia, que brillan con luz inmarchitable: Macarena García (un rostro cautivador y envolvente), Anna Castillo (una presencia tan energética como herida), Belén Cuesta (una oveja desorientada y dubitativa que encuentra su redil) y Gracia Olayo (un portento de la naturaleza, que sabe humanizar a lo que podría haber sido una mera caricatura).

En definitiva – y a pesar de algún demérito y tosquedad ya mencionados – la experiencia en su conjunto es un trayecto lleno de alegrías y hallazgos, de una inocencia (que no ingenuidad) del todo maravillosa, que invoca y logra la cooperación incondicional del público y nos hace pasar unos minutos esponjosos y tiernos, desbordantes de buen humor y simpatía. Un tesoro. ★★★★☆ ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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