EL MUÑECO DE NIEVE

ANATOMÍA DE UN HUÉRFANO

★★☆☆☆

Promete mucho y ofrece más bien poco. No se me ocurre otra forma de resumir la sensación que me ha dejado esta película policiaca británica ambientada en una invernal Noruega cubierta de nieve, fustigada por recuerdos inhóspitos y maravillosos paisajes gélidos, traslación de una conocida novela del músico y gacetillero noruego Jo Nesbø. Y quizás su fallo fundamental radique en la propia historia que se nos narra, demasiado rebuscada, artificial e inverosímil, demasiado deudora de los talleres de ficción donde se postulan los axiomas de cómo tienen que ser las sorpresas, cómo se manejan las coincidencias, cómo se traban las simetrías y cómo funcionan los traumas con los que aderezar una crónica para que capte y mantenga la atención del público. Carece de cualquier atisbo de sinceridad, adolece de genuina pasión y se exageran hasta el desvarío las excentricidades y rarezas de esforzado diletante que jalonan el retorcido camino.

Por lo tanto, el problema radica en la trama, que en ningún momento convence ni atrapa por ser tan extremada y pretendidamente psicológica que merma la autenticidad del conjunto, que se queda en un mero artilugio prefabricado y artificioso, lleno de quiebros y requiebros pero ayuno de verdad, una enrevesada superchería que se pierde en los recovecos del postizo enigma criminal sin que nos importe demasiado su desenlace y resolución – que, por lo demás, se intuye casi desde el inicio, con un prólogo impactante pero superfluo que menoscaba el subsiguiente desarrollo del relato homicida.

Además resulta un desperdicio de talento y trabajo que la dirección de Tomas Alfredson sea solvente y estimulante, porque apenas consigue elevar y mitigar el tono mortecino de la narración, que avanza con obstinado empecinamiento, ajeno a los dislates que va abriendo a su paso. También resulta un cruel y oneroso despilfarro contar con un elenco de renombrados actores abocados a deambular como marionetas exangües durante el discursivo metraje. El entusiasmo y abnegación de Michael Fassbender en el prototípico papel de reputado policía angustiado hubiese merecido un mejor vehículo para poder aquilatar su valía, al igual que una siempre seductora Charlotte Gainsbourg hace lo imposible por insuflar vida al personaje de exesposa, tan mal armado y escrito que produce vergüenza ajena. Y los demás reconocidos comparsas son meros bultos inermes que se tuvieron que contentar con cobrar el salario de su inanición.

En definitiva, lo mejor hubiera sido no adaptar al cine una ficción tan carente de sustancia como de interés, tan alambicada como embarazosa, tan torpe como pronosticable, tan relamida como pestilente. Tal y como queda, se deja ver sin grandes penurias: correcta y pulcra, pero anodina • ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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