THE EXPANSE

GLORIA AL “MASHUP

★★★☆☆

Tómense dos obras maestras de la ciencia ficción como Alien (Alien. El octavo pasajero, 1979) y Blade Runner (ídem, 1982), dos benditas locuras como Total Recall (Desafío total, 1990) y Event Horizon (Horizonte Final, 1997), agítese bien y sírvase sin el menor complejo. El resultado es esta The Expanse, una serie rabiosamente divertida made in Syfy.

En efecto, estamos ante el producto de entretenimiento definitivo. Jugando hábilmente con los códigos del terror y el cyberpunk —cierto que éste último sometido a un aggiornamento que no sé cómo le sentará de aquí a un par de décadas—, los inserta en la desenfadada estructura narrativa típica de la space opera, al estilo de una Star Wars expurgada de metafísica jedi, wookies y demás parafernalia naif.

Precisamente, la de la aventura espacial es la opción de la segunda temporada, agraciada con una mayor dotación presupuestaria que poder gastar en vistosa pirotecnia digital. Al parecer —y extrañamente— más del gusto de la crítica a sueldo, bienvenida sea su bendición si ha coadyuvado a la renovación por una tercera entrega, que podrá verse en 2018.

No obstante, y sin perjuicio de haber disfrutado de la segunda temporada como un enano, me quedo con la primera. Por la oscuridad que dimana la subtrama detectivesca, contrapunto cínico que se pierde con la resolución de ésta. También prefiero la malsana atmósfera —tanto en su sentido literal como figurado— que se respira en los asentamientos del cinturón de asteroides a la paz armada entre la Tierra y Marte. Si bien la idea del planeta rojo como antigua colonia convertida, a su vez, en superpotencia no carece de atractivo, por cuanto —juguetona— transposición de la evolución histórica de los Estados Unidos.

Con independencia de las inclinaciones de cada cual, engalana toda la serie un excelente diseño de producción. En él conviven los sórdidos mundos subterráneos del cinturón de asteroides, el lujo luminoso que rodea a los mandamases de la ONU y la alta tecnología en que se desenvuelve la militarizada población marciana. El inhabitual verismo de algunas situaciones —relacionadas en su mayoría con los caprichos de la gravedad— y la atención al detalle son el lazo que remata el cuidadoso envoltorio. Un único pero se me ocurre a este respecto: la criatura dada en llamar Caliban, francamente mejorable. Claro que, H. R. Giger sólo ha habido uno • CARLOS ORTEGA

Sobre nosotros Carlos Ortega

A mí me criaron entre películas. De hecho, la colección de mi padre debe de sobrepasar, de largo, los dos mil títulos. Por cierto que malas, muy pocas. Años más tarde, sabedora de estas sospechosas inclinaciones mías, una novia me regaló una preciosa libreta moleskine, tamaño cuartilla, de crítico cinematográfico que no tardé en ponerme a garabatear. Como tampoco tengo empacho en compartir mis opiniones, una cosa ha llevado a la otra. En cuanto a mis preferencias, me remitiré a Orson Welles cuando, preguntado por las suyas, hizo la siguiente enumeración: John Ford, John Ford y John Ford.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Once + diecinueve =

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.