BABY DRIVER

ARROYADO POR LA MADRE AUSENTE

★★★★☆

Ya lo dijo Edith Piaf: ‘Cantar es una forma de escapar. Es otro mundo.’ Estamos ante una propuesta que combina la pura evasión con un barniz caballeroso y sensible que se antoja de otra época. Un engranaje endiablado salido de la imaginación calenturienta de un amante de la música que dinamita las estructuras del thriller y propone una historia romántica en la que los decibelios y la velocidad pretenden disimular la orfandad emocional de su singular protagonista. El lenguaje no es sólo sonidos, sino también signos y gestos que nacen del corazón y del silencio. Saber escuchar es un don reservado a los más atentos, a los bucean por debajo de las apariencias y entienden que la bondad no es sólo una palabra muerta sepultada en el diccionario, sino una segunda piel que nos predispone a encontrar soluciones compasivas ante problemas en apariencia exacerbados.

Dos en la carretera: es un sueño, aunque desean que se convierta en su realidad. Se han encontrado y no quieren separarse bajo ningún concepto. Pero en torno a ellos fluye un maremágnum de criminalidad, les explota y alcanza un volcán incesante de delitos y atropellos que amenaza con engullirles a cada torbellino o bandazo del camino. Se sienten amparados y protegidos cuando se miran a los ojos, pero la mirada de los demás sólo ve fajos de billetes y latrocinios por doquier, negándoles la tranquilidad y el cobijo de un puerto seguro y amoroso donde desprenderse de su capa de tristeza y malagüero, de su soledad añeja y costrosa, para así alcanzar un edén compartido que nadie les pueda arrebatar ni nada pueda malograr jamás. Pero salirse de la senda trazada por los demás es una tarea ímproba que merece todos los esfuerzos pero sin ninguna garantía de éxito.

Montada con virtuosismo, elaborada con artesanal eficacia, diseñada con esmero y tino, con un vigoroso guión bien trabado que no elude los lugares comunes pero dotándolos de abundante inventiva, chispazos y relumbrón, haciéndolos parecer así frescos y novedosos. Su máximo acierto es que arropa muy bien a todos los personajes, dotándolos de vida y turbiedad a partes iguales, pero sin tomarse muy en serio – sin por ello caer en la parodia o la payasada – la trama que les ha tocado habitar durante el frenético metraje. Una elegante ironía socarrona recorre de principio a fin este aquilatado mecanismo que sólo se propone entretener con ingenio y sentido del humor. Quizás algo previsible pero, sin duda, regocijante.

Sería descabellado ensalzarla como un prodigio sin parangón, pero resulta tan jovial como entretenida, tan centelleante como seductora, por lo cual merece nuestro sincero aplauso • ANTONIO MANERO

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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