EL VIAJANTE

DESHONRA, CULPA Y CASTIGO

★★★★☆

De nuevo, Asghar Farhadi nos propone una admirable pieza de cámara con un entramado sutil, complejo y claustrofóbico, con pocos personajes – de hecho, apenas un matrimonio de actores y algunos comparsas – que se enfrentan a un cataclismo íntimo y se mueven por motivaciones no siempre rectas, ni sanas ni clementes. Es la minuciosa, tozuda y fría representación de una tragedia en dos planos paralelos (la realidad y el teatro) que se complementan e iluminan mutuamente. Nos ofrece una obra en apariencia ligera y menor, realizada con maestría de orfebre y delicada caligrafía de cirujano experto, que va creciendo conforme avanza su metraje hasta estallar en su tramo final con un agobiante, tortuoso e iracundo desenlace que arrasa e incendia las entrañas del más ecuánime y prudente de los espectadores.

Se hace difícil resumir la trama sin traicionarla o menoscabarla, ya que o bien se queda uno en vagas generalidades (una esposa es ultrajada y malherida por error por un despechado cliente de una prostituta, lo cual desencadena las ansias de venganza en su consternado marido) o bien se tiene uno que detener en todos los meandros y recovecos de la historia, desvelando entonces el meollo y los abismos del conflicto. En resumidas cuentas, es el reflejo de una doble humillación – o de una afrenta personal que siembra la vergüenza y el terror en una mujer indefensa, pero dicha vejación acaba reverberando y desplazándose hasta secuestrar el ánimo y la voluntad de su ofuscado marido, que la convierte en una ofensa personal, trastocándola en un ultraje propio.

Asistimos perplejos y sin aliento a la autopsia punzante y dolorosa de una vendetta. Pero nunca lo que imaginamos se corresponde de forma unívoca ni limpia con lo que esperamos encontrar, sino que la vida se presenta en múltiples capas y pliegues, destapándose así la caja de Pandora que siembra la devastación y el desconcierto. No resulta fácil mantenerse fiel a unos principios – que suelen ser fruto de prejuicios y simplificaciones – que nos hacen actuar como si fuéramos peleles sin libertad ni raciocinio, esclavos de la mirada de los demás, siervos de la voluntad ajena, prisioneros de los escrúpulos morales o religiosos que nos atenazan. Salir de esa espiral de inquina e indignidad es tarea harto difícil, al alcance de muy pocos. Perdonar y perdonarse es la mayor dádiva de la inteligencia emocional, pero pocos la ansían o pretenden.

Impregnada de autenticidad, encharcada de impurezas, anegada de turbiedades y torbellinos, inundada de desolación y desconsuelo, abre las vísceras ponzoñosas del alma humana y nos deja con un regusto amargo a imperfección y locura que no nos abandona tras su visionado. Impactante en su escarchada sencillez • ANTONIO MANERO


Título original Forushande (The Salesman) Año 2016 País Irán Director Asghar Farhadi Guión Asghar Farhadi Reparto Shahab Hosseini,  Taraneh Alidoosti,  Babak Karimi,  Mina Sadati

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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