JACKIE

EL ESCAPARATE DEL DUELO

★★★★★

La relevancia de lo visual en el último cine de Pablo Larraín ha adquirido un sello incontestable. Composiciones abrumadoras, provocativas pero sin gratuidad, orquestadas con la sabiduría de un veterano, que imprimen a su trabajo una valía a reconocer. Impregnando toda su atención en el lenguaje cinematográfico como expresión, conduce de forma aparentemente sigilosa a un destino que aúna lo lírico con lo perturbador rozando el gran abismo que separa la obra maestra de la hecatombe. Porque el riesgo en la dirección del chileno se respira, se siente en cada movimiento de esa temblorosa cámara o de esos planos en los que el tiempo parece detenerse. Poderosas imágenes que hablan por sí mismas.

Precisamente de la importancia de la imagen versa su último trabajo. Una figura política es una estampa que debe permanecer reluciente en cada movimiento. Diana de todos los dardos y todas las filias. Inmaculada y siempre presente hasta en los instantes más íntimos. Una fotografía, una postal o un espejo sobre el que volcar las esperanzas, los deseos o simplemente dónde desechar las miserias. Larraín se inmiscuye sin contemplación en uno de esos momentos. El funeral de J.F. Kennedy según el diario de a bordo de su reciente viuda, Jacqueline Kennedy. A través de continuos flashbacks, el cineasta hace suya, y no partícipe, la aflicción de la primera dama. No quiere ahogar en el dolor ajeno al espectador y aquí radica el gran acierto de la cinta. Lejos de buscar la empatía, la constriñe. Más interesado en la contención, Larraín acerca al público al exorcismo de los demonios que Jackie lleva dentro. Una magistral sesión de psicoanálisis entre las majestuosas salas de la Casa Blanca en la que apenas encontramos concesiones ante las figuras públicas que fueron los Kennedy – “¿nuestro legado?” maravilloso diálogo entre Jackie y Bobby Kennedy –

Nos encontramos ante un trabajo que dista de lo convencional en cuando a estructura narrativa. No hay conflicto y sí muchos clímax. No hay doctrina ni moralina objeto de debate. Sólo los recuerdos turbios y ocultos de una persona que ha visto morir en su regazo a su marido. El interés, por tanto, sólo radica en el pudoroso itinerario a seguir para acompañar el duelo. Un trayecto que puede tacharse de insensible, extremo o de mal gusto por determinados pasajes pero que no deja de ser la carroña que nos han vendido y venimos pidiendo desde que tenemos raciocinio. Fuera máscaras. Todos somos ese periodista entrevistando a una Jackie Kennedy mecida por la tragedia a la que da vida una actriz que ha sabido entender al personaje y a la persona con una madurez interpretativa intachable, un registro con un abanico de matices que hiela la sangre. Natalie Portman suma a su trayectoria el papel mas complejo al que se ha enfrentado en una interpretación quebrada y a la vez desgarradora elevando sus imponentes primeros planos a la ya memoria cinéfila.

Como ya comprobamos en la controvertida El Club, Larraín vuelve a escribir poesía desde el horror. En Jackie persiste el tono amenazador, tóxico y hasta enfermizo, no exento de guantazo visual al que la partitura de Mica Levi lleva al paroxismo. Un réquiem estiloso, arrebatador. Una obra que no busca contar nada que no se haya dicho antes, y sin embargo parece hacerlo como la primera vez. Magistral • ULHER


Título original Jackie Año 2016 País Estados Unidos Director Pablo Larraín Guión Noah Oppenheim Reparto Natalie Portman,  Peter Sarsgaard,  Billy Crudup,  John Hurt,  Greta Gerwig,  John Carroll Lynch,  Richard E. Grant,  Max Casella,  Beth Grant,  Caspar Phillipson,  Julie Judd,  Sara Verhagen,  Sunnie Pelant,  Hélène Kuhn,  Deborah Findlay,  Corey Johnson

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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