EL CONFORMISTA

LA PARÁBOLA DE UN HOMBRE NORMAL

A comienzos de la década de los setenta, Bernardo Bertolucci lleva a la gran pantalla la adaptación cinematográfica de la novela de Alberto Moravia El conformista, cuya primera publicación data de 1951. Afiliado desde muy joven al Partido Comunista italiano y atraído también desde siempre por el ideario marxista, Bertolucci usa el texto de Moravia no tanto para criticar abiertamente al fascismo, sino para intentar acercarse a él, comprender las causas de su vertiginoso ascenso. Ya el discurso radiofónico inicial del amigo ciego del protagonista es toda una declaración de principios al respecto. Bertolucci se pregunta cómo todo un pueblo, el italiano en este caso, fue capaz de dejarse arrastrar por un régimen extremo y totalitario hasta llegar a asumirlo como algo normal (una de las obsesiones del protagonista es ser considerado una persona “normal”). Es esta una idea que el director desarrollará más ampliamente en ese magistral fresco histórico llamado Noveccento que rodará sólo un par de años más tarde.

La respuesta a la pregunta anterior es sencilla y hay que encontrarla justamente en ese conformismo al que se agarró una buena parte de los compatriotas del cineasta durante el primer tercio del siglo XX. Las propuestas de Moravia y Bertolucci funcionan como parábolas perfectas ya que no remiten exclusivamente a un periodo de tiempo concreto sino que son extrapolables a cualquier época. Y así hoy en día es fácil encontrar personas que como el protagonista de la película renuncian a todo ideal y a toda lucha para acomodarse a una realidad que les es más propicia. Como Marcello Cierci que abraza el fascismo después de cuestionarlo como filósofo, arrastrando además cierta frustración sexual como consecuencia de un suceso ocurrido durante la niñez.

Una de las primeras películas del maestro parmesano en la que ya es posible encontrarnos con todas las obsesiones de su obra posterior. Deslumbrante desde el punto de vista visual, fascinante desde su concepción temática, Bertolucci se apoya en la apabullante labor del camarógrafo Vittorio Storaro y de una insuperable puesta en escena para completar uno de los mejores trabajos de su carrera. Obra maestra de obligatoria visión • JUAN SOLO


LA VÍA APÁTICA AL FASCISMO

Un joven Bernardo Bertolucci adapta la novela homónima de Alberto Moravia con apropiado esteticismo viscontiano, recurriendo para ello a la maestría de Vittorio Storaro, quien entrega una de las direcciones de fotografía más admirables que puedan recordarse.

Efectivamente, el trabajo de Storaro en Il conformista es tan apabullante que éste acaba por eclipsar cualquier otra consideración. La hipnótica belleza de sus encuadres imposibles excede la función meramente expresiva para constituirse en obra de arte en sí misma.

Dicho lo cual, conviene señalar que, más allá de la memorable composición de sus imágenes, Il conformista es una película excelente, plagada de elementos muy destacables. El propio Bertolucci escribe un guión, justamente nominado al Oscar, que escarba en la psicología colectiva de su país a la búsqueda de las razones para el triunfo de la aberración fascista. La conclusión resulta demoledora, por perfectamente extrapolable a nuestros días: el malhadado acceso de Mussolini al poder es producto de la decadencia moral de una clase burguesa atenta sólo a la satisfacción sus instintos más bajos.

Marcello Clerici, el conformista del título, es la personificación de unos vicios cuya actualidad parece, lamentablemente, cada vez mayor, y cuyas consecuencias políticas están sucediendo ahora mismo delante de nuestras narices. Pero ya lo dice la vieja frase hecha: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

En cuanto a los intérpretes, Jean-Louis Trintignant compone el papel protagonista con la infinita y desesperante abulia que éste requiere, si bien no alcanza a transmitir el pretendido tormento interior que explicaría conductas tan censurables. Una luminosa, encantadora y pura sensualidad Stefania Sandrelli no se limita a secundarlo como el bonito florero que cabría esperar de la respetable esposa de un fascista, sino que llena la pantalla, robando el plano sin contemplaciones cada vez que la cámara sabia de Storaro se posa en ella, mimándola como si fuera de porcelana china. Mención aparte merecen sus ambiguas escenas junto a Dominique Sanda. El lesbianismo soterrado que dimanan constituye un sugerente anuncio del gusto de Bertolucci por un variopinto abanico de erotismos desacostumbrados —se entiende que lo último solamente en la gran pantalla • CARLOS ORTEGA


NOTA REDACCIÓN CINECLUB: 7,83


Título original: Il Conformista Año 1970 País Italia Director Bernardo Bertolucci Guión Bernardo Bertolucci Reparto Jean-Louis Trintignant,  Stefania Sandrelli,  Gastone Moschin,  Enzo Tarascio,  Fosco Giachetti,  José Quaglio,  Dominique Sanda,  Pierre Clémenti,  Yvonne Sanson,  Orso Maria Guerrini,  Giuseppe Addobbati,  Christian Aligny

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