SENDEROS DE GLORIA

senderos1LA TRAGEDIA ESCENIFICADA

★★★★★

Cuando vivir o morir es fruto de una rabieta burocrática o de la vendetta de un superior que se siente cuestionado y quiere dejar claro quién manda (y por lo tanto, quién tiene la razón)… Cuando vivir o morir no depende del enemigo, sino que acecha en tus propias filas… Cuando sobrevivir es un juego azaroso en manos de sinvergüenzas, más pendientes de su imagen y prestigio que en defender y apoyar a su equipo, entonces transitamos el sendero de la vesania que carcome nuestros valores y certezas.

Cuarto largometraje dirigido por Stanley Kubrick – cuando no había cumplido 30 años – y, con seguridad, su mejor obra. Se basa en la novela homónima del escritor canadiense Humphrey Cobb (1899-1944) publicada en 1935, durante ese efímero armisticio en que germinó un pacifismo feroz y vocinglero aunque estéril, según se comprobó. La adaptación de Kubrick (escrita en colaboración con Jim Thompson y Calder Willilngham) es modélica, el más sobresaliente guión de su carrera, sobrio, preciso y perfecto, con una gran capacidad de síntesis, alejado de los excesos retóricos que marcarían su escasa filmografía posterior.

La acción se desarrolla en Verdún, durante la Gran Guerra, mostrando el horror y el hedor de las trincheras, así como la impiedad sanguinaria de una contienda ejecutada con armas flamantes aunque abanderada por unos trasnochados figurines feudales, ajenos al mundo y con una mentalidad anacrónica. Hidalgos de opereta – cuyo cuartel general se ubica en un lujoso palacio – que acumulan halagos, medallas y abolengos pero que son incapaces de vencer su terquedad y reconocer sus errores. Sólo saben castigar a quien no puede defenderse. Ante la ausencia del enemigo externo – a quien no vemos en ningún momento – se recalca que el genuino frente y la verdadera afrenta provienen de los connacionales, esos incompetentes y engreídos mandos galos que juegan al combate entre vajillas y candelabros, en impolutos salones aristocráticos.

El ofensivo contraste entre los deleznables fosos y la apoltronada retaguardia muestra la hipócrita ética imperante, al encausar por cobardía a tres soldados elegidos al azar con el único propósito de ocultar los yerros de sus generales, que anteponen su ambición personal de ascender en la jerarquía y escalar el escalafón, al bienestar, protección y amparo de sus tropas. El carácter antibelicista de la cinta es notorio (tanto por su crítica a los militares como a la guerra), pero igual relevancia tiene la denuncia al despotismo y al afán de medro de unos dirigentes que utilizan a sus subordinados como meros peones al servicio de sus intereses y ambiciones, privándoles de su dignidad y respeto. Por ello, sobre todo es una censura al poder totalitario, reflejando las consecuencias de no establecer controles ni frenos.

Técnicamente el film es brillante y sirve de vademécum de las mejores virtudes de su director (la perfección formal, la reconstrucción obsesiva del marco en que se mueve cada personaje, la fuerza visual), aunque también deja entrever algunos rasgos que caracterizarían sus filmes posteriores (ampulosidad y grandilocuencia, una planificación cerebral y fría, unos conceptos que priman sobre los personajes). Aun así el resultado es extraordinario. Pocas veces se ha visto tan bien retratada la brutal brecha existente entre la exquisita vida de los caudillos y la embarrada realidad de sus vasallos. Además contiene una impactante fotografía en blanco y negro de Georg Krause que se incrusta en la retina, así como unos barridos de cámara memorables que desmenuzan las trincheras y desnudan los estragos de la conflagración.

La muerte impregna todo el metraje y la tragedia empaña cualquier esperanza. Sin embargo también es el retrato y reivindicación del heroísmo cívico – en contraposición al condecorado heroísmo oficial – es decir, un homenaje al perseverante cumplimiento del deber entendido como acto de compromiso y justicia con tus compañeros y subordinados, reclamando lo que uno cree que es justo aunque no haya posibilidad alguna de triunfo. Memorable • ANTONIO MANERO


Título original Paths of Glory Año 1957 País Estados Unidos Director Stanley Kubrick Guión Stanley Kubrick, Calder Willingham, Jim Thompson Reparto Kirk Douglas,  George MacReady,  Adolphe Menjou,  Ralph Meeker,  Wayne Morris, Joe Turkel,  Richard Anderson,  Timothy Carey,  Peter Capell,  Susanne Christian,  Bert Freed,  Emile Meyer

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

Un comentario

  1. Pingback: Especial CINE TRÁGICO / MORTAL — No soy un crítico

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