VERANO EN BROOKLYN

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VÍNCULOS

★★★☆☆

Los sueños en la adolescencia son fugaces y frenéticos, tan hermosos y etéreos como pompas de jabón pigmentadas. Y la madurez es desencanto, frustración, amargura y conflicto, nada de lo que nos podamos sentir orgullosos pero que nos toca sobrellevar de una forma u otra. De la potencia al acto, de la ilusión al desengaño… apenas se requiere del calmoso discurrir del tiempo para colocar cada pieza del tapiz en su sitio y, de repente, se nos ha pasado la ocasión y nos encontramos hundidos en una existencia tan anodina como insípida, tan esforzada como insustancial. A partir de cierto momento no hay vuelta atrás y desembocamos en una sucesión de días que son un cautiverio intangible que nos atenaza e impiden toda espontaneidad de movimiento o cualquier cambio de rumbo.

Pareciera que apenas pasa nada, pero pasa la vida. La trama se antoja mínima, engañosa, pero está repleta de detalles y pormenores que la convierten en un mosaico lleno de matices y texturas. A primera vista tenemos tres núcleos dramáticos: por una parte la muerte del padre que desencadena un cambio de residencia – de Manhattan a Brooklyn – de un matrimonio wasp y su apocado hijo, por otra parte la historia de una esforzada inmigrante chilena que mantiene una modesta tienda de modas en los bajos del edificio que ha dejado en herencia el padre, que vive separada de su marido y está acompañada de su bullicioso hijo y, finalmente, la amistad adolescente de los dos jóvenes vástagos que se antoja el inicio de una fraternidad que durará toda la vida. El conflicto surge en torno al importe del alquiler del pequeño local arrendado, del todo desfasado y demasiado exiguo para las necesidades de sus nuevos dueños.

No hay buenos ni malos en este relato veraniego y liviano, cada cual tiene sus motivos y se desenvuelve sin querer hacer daño, pero todos buscan sobrevivir en un mundo insensible e ingrato donde no se pretenden ganar batallas ni aniquilar al enemigo, pero en donde es difícil llegar a acuerdos satisfactorios o que no dejen un poso de incomodidad o desánimo. Las muy buenas interpretaciones de los veteranos Greg Kinnear y de Paulina García – está última en el mejor papel de la cinta, llena de amargura e impotencia, manipuladora e irascible tras su equívoca máscara de mosquita muerta – así como de los jóvenes debutantes Michael Barbieri y Theo Taplitz, redondean un primoroso guión repleto de fecundas elipsis y fértil poder de observación.

En conjunto, una obra sencilla pero muy satisfactoria, que nos demuestra que la creación de personajes interesantes es la clave para urdir una fábula provechosa • ANTONIO MANERO


Título original Little Men Año 2016 País Estados Unidos Director Ira Sachs Guión Ira Sachs, Mauricio Zacharias Reparto Theo Taplitz,  Michael Barbieri,  Greg Kinnear,  Jennifer Ehle,  Paulina García,  Alfred Molina,  Talia Balsam,  Mauricio Bustamante

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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