QUE DIOS NOS PERDONE

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… Y NOS PILLE CONFESADOS

★★★★☆

Excelente thriller carpetovetónico. Su primera mitad – incluso su hora y media inicial – es modélica y recrea a un mundo violento, amenazador e inquietante. Pocas veces se ha retratado tan bien y de forma tan convincente el ambiente policial patrio, poblado de personajes extremos, trastornados y desasosegantes. Un clima enrarecido, y angustioso, una trama vibrante y sincopada, unos crímenes vergonzantes y atroces… todo parece fruto de una pesadilla patológica y brutal. El frenesí hace mella en la realidad hasta vaciarla de calma y consuelo. Lo imprevisible, lo sanguinario, lo desquiciado zahieren los cimientos de la convivencia e impiden el alivio de la serenidad o del amparo. La bestialidad no surge solo del conflicto retratado, sino que nace de unos personajes descerebrados, al borde del abismo.

Madrid como laberinto. Los habitantes de Madrid como víctimas y verdugos. La violencia como tarjeta de visita. Un irrespirable cercado de sudor y fango, de atrocidad y ahogo, un cenagal de hipocresía y fingimiento. El caos lo mancilla todo, tanto a los protectores de la ley y el orden como a los perjudicados por la aparición de un asesino en serie que se ensaña con viejecitas ingenuas y desvalidas que malviven entre añicos de esperanza, engullidas por los escombros de su vida y de su soledad. La compasión queda desterrada a los confines del infierno, nadie se preocupa por nada que no sea su propio provecho. Fuego fatuo inmisericorde. Te atrapa hasta escupirte. Ta repugna hasta la náusea. Te tritura hasta aniquilarte.

El tándem protagonista es pura escoria. Simpatizas con ellos porque persiguen el mal, porque albergan buenas intenciones bastardas, aunque no sepan cómo desprenderse de sus errores y flaquezas, aunque habiten una sociabilidad resentida e imperfecta. No te queda más remedio que confiar en sus habilidades y destrezas de sabueso resabiado para apresar al asesino. Necesitas creer que no estás a merced del odio y de la venganza, del horror y las fechorías. Un crimen sin castigo es una herida que se infecta y se gangrena, es una aberración cancerosa que solivianta el reposo e impide la reparación y la armonía. La crueldad no es patrimonio de la ignominia, sino que emponzoña todas las relaciones humanas con su abyección e indiferencia.

En el tramo final la cinta pierde fuelle y empaque, le sobra metraje y decae la tensión, pero vista en conjunto es una obra admirable, que acierta en la construcción de personajes, en la planificación de las escenas y con unos diálogos certeros y turbadores. Además cuenta con unas interpretaciones deslumbrantes, desde Antonio de la Torre, Roberto Álamo o Mónica López hasta el último comparsa. Muy recomendable • ANTONIO MANERO


Título original Que Dios nos perdone Año 2016 País España Director Rodrigo Sorogoyen Guión Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen Reparto Antonio de la Torre,  Roberto Álamo,  Javier Pereira,  Luis Zahera,  José Luis García Pérez,  Mónica López,  María Ballesteros,  Rocío Muñoz-Cobo,  Ciro Miró,  Andrés Gertrúdix,  Raquel Pérez,  Silvia Casanova,  Josean Bengoetxea

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

2 comentarios

  1. El mejor thriller del año! cómo me ha flipado esta peli

  2. Espero que lo pete en los Goya, creo que lo merece y sería justo

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