ENEMY

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HIPNÓTICA TELARAÑA

★★★★☆

El caos es un orden por descifrar. Y a juzgar por sus múltiples lecturas, Enemy es lo más cercano al caos que podemos encontrar, sobre todo en una filmografía, la de Denis Villeneuve, que no se caracteriza precisamente por jugar a la ambigüedad con el espectador. A su vez, esta libre adaptación de ‘El hombre duplicado’ de José Saramago es también lo más lejano al desorden que se pueda plasmar. Todos los elementos del filme están milimétricamente ingeniados para contar una historia plagada de mensajes y que sólo el director canadiense y su guionista Javier Gullón serán plenamente capaces de descodificar. Nada es al azar. Todo tiene un fin. El problema, y a su vez virtud, es que jamás tendremos pleno acceso a su significado.

Lejos de ser frustrante, este juego de interpretaciones al que nos somete Villeneuve resulta fascinante. Porque la cinta gratifica a todos los niveles. Como un thriller en el que un joven y aborregado profesor de Historia investiga la existencia de su doble, elementos surrealistas aparte, ya satisfará a una parte de la platea. El director de Incendies o Prisioneros es un maestro del género, capaz de conducir las tramas hacia escenas de clímax de lo más impactante. Enemy no es una excepción pero reducir toda su riqueza a una buena película de acción resultaría prácticamente un insulto.

Porque más allá de las secuencias de impacto, la película supone un bombardeo de sugerentes reflexiones, la más evidente de ellas sobre la búsqueda de identidad, sobre el anonimato en una sociedad, la nuestra, que forzosamente nos arrincona hacia el amodorramiento. Para reflejar ese clima de alienación, la de un protagonista que podría querer abstraerse de su rutinaria existencia, Villeneuve se hace valer de una fotografía nebulosa y ocre que hipnotiza durante todo el metraje.  

Y en esa atmósfera fría y desangelada, en una Toronto turbia y fantasmal, sobresale una araña gigante, imagen recurrente a lo largo de toda la cinta, desde el inicio en un club privado hasta el impactante final, pasando por una rotura de cristales en forma de telaraña. Una bella constante en la que algunos han querido encontrar la metáfora de una figura maternal, en referencia a la escultura arácnida de Louise Bourgeois que con el título de ‘Mamá’ da la bienvenida a los visitantes del museo Guggenheim.   

Hay análisis muy racionales, que encajan a la perfección con el reguero de señales que su espléndido guión nos va suministrando. Uno de ellos, por ejemplo, concluye que el protagonista sufre alucinaciones tras un accidente de coche. Sólo así se hallaría una explicación más o menos placentera a la dualidad física contra la que debe enfrentarse el personaje de Jake Gyllenhaal, nuevamente a la altura de un trabajo sumamente complejo.

Sin embargo, prefiero pensar que Gullón y Villeneuve optaron por seguir la senda de Saramago, afín a la ciencia ficción como reflexión de nuestra sociedad, amante de las situaciones hipotéticas y surrealistas como excusa para analizar las grietas de la condición humana. Porque al final otra lectura indiscutible de esta película es que dos seres humanos genéticamente iguales terminan convirtiéndose en diametralmente opuestos. Personalidades que no las marcan los genes sino el entorno. Multitud de variantes que moldea el destino y que consigue, entre otras ventajas de la diversidad, que cada cuál se monte con Enemy su propia películaPol Morales


Título original Enemy Año 2013 País Canadá Director Denis Villeneuve Guión Javier Gullón Reparto Jake Gyllenhaal,  Mélanie Laurent,  Sarah Gadon,  Isabella Rossellini,  Joshua Peace, Tim Post,  Kedar Brown,  Darryl Dinn,  Misha Highstead,  Megan Mane,  Alexis Uiga

Sobre nosotros @pomovi

Periodista con una seria adicción al cine y las series de TV

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