BLOW-UP (DESEO DE UNA MAÑANA DE VERANO)

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LA INCERTIDUMBRE OBSESIVA

★★★★☆

Producida por Carlo Ponti al año siguiente de su atronador éxito internacional Doctor Zhivago de David Lean. Llama la atención que eligiera para pilotar este proyecto raro y exigente a un director tan heterodoxo e inconformista como Michelangelo Antonioni, que además se inspiraba en un relato del argentino Julio Cortázar titulado ‘Las babas del diablo’. A primera vista sorprende la nítida paradoja entre la extrema concreción física del marco en que se desarrolla la acción, y la evanescencia alucinógena de una narración que renuncia a toda lógica y que alberga múltiples lecturas.

Rodada en Londres, captura de forma casi documental el cándido ambiente entre hippie y pop de los años 60, con el surgimiento de la moda como manifestación artística y la contracultura contestataria y voluble que propició profundos cambios de mentalidad y costumbres. Se escenifica la emergencia del sexo desinhibido, el consumo de sustancias y la ubicuidad rítmica como unos brotes insólitos de libertad y permisividad que introducían nuevas maneras de relacionarse. Tuvo una aceptación considerable – tanto de público como de crítica – alzándose con la Palma de Oro en Cannes (1967) entre otros premios y convirtiéndose en una obra imperecedera que radiografiaba aquella época excepcional, vertebrando un trabajo singular y complejo que propone una meditación novedosa sobre las contradicciones entre apariencia y realidad, al confrontar las imágenes que ofrece la cámara con el entorno reflejado. Tras su falsa estructura de thriller convencional se esconde un puzle ininteligible.

El protagonista es un joven fotógrafo que al investigar más de cerca lo que fotografía, descubre que las cosas no son sólo lo que parecen ser. Fijar la mirada es entrar en un mundo ignoto e iniciático que cuestiona la imagen como instrumento para la comprensión de lo real, sobre todo en una sociedad que se despliega ante nuestros ojos como un espectáculo en constante ebullición. El meollo del conflicto tiene lugar en un parque (Marion Park), que engulle y obsesiona al protagonista más allá de lo razonable, como si de un territorio mágico se tratase y que lo devora y transforma a cada paso que da. Al principio se adentra con su cámara de fotos como un mero voyeur irreflexivo pero volverá una y otra sobre su experiencia para cotejar las discrepancias entre lo percibido y lo revelado, abriéndole un punto de vista diferente que amplía su visión de lo concreto. Ya no le bastará con mirar a través de la cámara, sino que empezará a cavilar sobre lo que ha visto o creído ver – o sobre lo que no ha visto pero las imágenes han captado sin él darse ni cuenta. Descubrirá así que mirar a través de una lente no es suficiente para aprehender la realidad, destapándose entonces – como una caja de Pandora – una inquietud desconcertante y ambigua.

No hay solución posible del enigma. La verdad se manifiesta como un misterio heterogéneo e indescifrable. ¿Dónde está la frontera entre lo real y lo imaginado? Si los sentidos nos engañan y lo objetivo deja de tener validez, se erige la duda como motor de conocimiento. Por ello sólo queda aceptar la impotencia de no ser omnisciente ni omnipotente para poder seguir adelante aunque abrasados por una espiral de incertidumbre. El director abre entonces la puerta al absurdo, a lo abstracto, a lo desconocido, al asombro de la existencia humana, siempre cambiante, siempre inasible e interpretable. Abrazar la vida es rechazar lo obvio y premeditado y acoger la ironía y la falta de certezas • Antonio Manero


Título original Blow-Up Año 1966 País Reino Unido Director Michelangelo Antonioni Guión Tonino Guerra, Michelangelo Antonioni Reparto David Hemmings,  Vanessa Redgrave,  Sarah Miles,  Peter Bowles,  Jane Birkin, Gillian Hills,  Verushka

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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