TRES RECUERDOS DE MI JUVENTUD

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MEMORIAS Y DIVAGACIONES

★★☆☆☆

Hay películas que podemos calificar como ‘muy francesas’ sin tergiversar su contenido ni prejuzgar su calidad. Y, sin embargo, en este caso, todas las connotaciones y asociaciones que uno pueda hacer sobre la cultura gala – cierta ampulosidad literaria, el tomarse demasiado en serio y la convicción en su apabullante superioridad, la certeza en su trascendencia intrínseca, su exceso de sagacidad y artificio – acaban siendo ciertas en este caso y están a punto de ahogar una propuesta que desde parámetros más humildes, sin tanta afectación, sin tanto regodearse en su valía diferencial, podría haber dado lugar a una interesante cinta sobre la nostalgia adolescente, sobre los tiempo pasados, sobre la importancia del primer amor, sobre la frustración de la pérdida…

Pero estamos ante una acumulación de tópicos manidos – una diarrea verbosa que resulta cansina, largos parloteos a cámara que parecen una parodia de sí mismos, una voz en off que repite, subraya y señala lo que ya estamos viendo en pantalla – que lastran el conjunto y lo vuelven en un catálogo de cómo no se deberían de hacer las cosas si se pretende alcanzar un mínimo de complicidad por parte del espectador. Es una prueba de resistencia que se alarga durante dos premiosas horas sin ir a ninguna parte, sin crear una atmósfera de añoranza o melancolía digna de tal calificativo. Recordar lo que se perdió puede ser fuente de dolor, inspiración o desengaño, salvo que resulte una mera treta falsaria que nos pretende convencer de lo inexistente.

Además la película arranca como un falso policiaco (que se evapora, de repente, sin más), para luego ir encadenando retazos y fragmentos de un pasado que no se sabe muy bien qué efecto han tenido en el personaje central que los evoca a su conveniencia y libre asociación. Lo que vemos resulta arbitrario, lo que se nos hurta en la narración parece más interesante pero nunca lo sabremos con seguridad, los padres deambulan sin peso específico, las amistades vienen y van como trenes en la noche, el protagonista estudia antropología como podría haber practicado submarinismo o alpinismo o haberse dedicado a la física cuántica. Uno más de esos equívocos senderos que llevan a un callejón sin salida ante el cual el espectador no le queda más remedio que claudicar, impotente.

Hay un cierto discreto encanto en la historia intuida, pero es poco más una intención, una promesa de bondades por venir, que no acaban de materializarse nunca. Resulta extenuante y pretenciosa. Un obtuso intento fallido • Antonio Manero


Título original Trois souvenirs de ma jeunesse Año 2015 País Francia Director Arnaud Desplechin Guión Arnaud Desplechin, Julie Peyr Reparto Mathieu Amalric,  Lou Roy-Lecollinet,  Quentin Dolmaire,  Léonard Matton

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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