IRREVERSIBLE

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ESPIRAL DE BRUTALIDAD: DESGARRO, ANGUSTIA Y NÁUSEA

★★★★☆

Hay ciertas características que convierten este filme en una experiencia emocional e intelectual singular y abrumadora, tanto por su elaborado planteamiento formal como por su crueldad visual, tanto por su destreza estructural como por la multiplicidad de interpretaciones que abre al zarandeado espectador. Por una parte nos hallamos ante una propuesta que comienza por el final y luego desanda el camino recorrido, retrocediendo en el tiempo. Por otra parte tenemos un uso virtuoso de la cámara, ya que cada escena – cada episodio de este lacerante rompecabezas – se desarrolla en una larga toma centrífuga y devastadora. Luego está la crudeza de sus imágenes, que parece obviar el fuera de campo sugerente o la elipsis piadosa, viéndose sin disimulos ni artificios la totalidad de la depravación humana. Y su desenlace ambiguo, a contrapelo con la bestialidad descarnada vivenciada, tiñe de sarcasmo todo lo visto, acentuando el tormento. Es una provocación al espectador, a su resistencia, a su tolerancia, ya que subvierte el concepto de cine como entretenimiento o como escapismo y abre un ciclón de bajezas y ultrajes que uno no sabe si aceptar o rehuir.

¿Descenso a los infiernos o caída desde el edén? Partiendo de las consecuencias somos arrastrados – por el angosto túnel de las horas – hasta sus inocuas causas. De forma irrevocable. Estamos en el ámbito de la disyuntiva, de la especulación, del sinfín de senderos que podemos elegir pero que resulta imposible desandar una vez tomados. Todo ello durante una aciaga noche imborrable. Construcción brillante fruto de invertir el orden establecido, transgrediendo las reglas del relato clásico y de la lógica al uso. Y la violencia atroz, sin tapujos ni veladuras, sin miramientos ni subterfugios, es la herramienta elegida para empedrar una travesía de espinas, un calvario entre la rabia, la ira y la vendetta. Podría ser una historia de venganza, pero al retroceder, la narración se modifica y asistimos a una propuesta que nos muestra la esterilidad del escarmiento, ya que nada de lo que hagamos restituirá el pasado.

El infierno está ambientado en “Rectum”, un sórdido antro de estética sado-masoquista en donde todo hiede a sexo extremo, a violencia, a sangre y a vicio. El torbellino de imágenes resulta confuso, sucio, oscuro, impregnado de alguna droga alucinógena, rasgos que se acentúan y subrayan por los abruptos y huracanados movimientos de cámara. O quizás entrevemos el propio estado de enajenación y despecho del protagonista que, sediento de castigo y muerte, busca aniquilar al infame violador de su mujer. Asistimos al insoportable aquelarre homicida, donde la cabeza del presunto abusador es machacada hasta convertirla en una papilla deforme bajo los violentos golpes con un extintor que ha servido de arma homicida, como si se pudieran apagar las llamaradas del dolor con un mero matafuegos. El rescoldo de la intensidad y la desazón no cejará de devorar al apesadumbrado espectador.

El eje de la narración – dividida en doce o trece escenas filmadas en un aparente plano secuencia de duración variable – y su punto de inflexión salvaje es la escena de la brutal violación, que de alguna forma esclarece el apocalíptico inicio feroz. Casi diez áridos minutos de infamia y sufrimiento, de asco y repulsión. El espectador asiste a la impotencia de la víctima y la hace suya. El horror retratado de frente y sin disfraz, sin adornos ni disimulos. Presenciar la abyección, ¿exculpa acaso de la truculencia envilecida de la revancha demente?

El final de la película remite al paraíso terrenal, a la fertilidad, invocando un edén ya por siempre desierto, un bucle inexorable. ¿Es el contrapunto alucinado que cierra sin cauterizar las heridas abiertas? ¿Es una reflexión sobre el paso del tiempo o su cuestionamiento palmario? ¿Un brillante sermón o un ciclónico desvarío? Se sugiere un tenue rayo de ilusión, que sin embargo queda desmentido y masacrado por el desarrollo de la cinta. Y el espectador es vomitado a la realidad ordinaria: ignorar nuestro porvenir es lo que nos permite seguir adelante • Antonio Manero 


Título original Irreversible Año 2002 País Francia Director Gaspar Noé Guión Gaspar Noé Reparto Monica Bellucci,  Vincent Cassel,  Albert Dupontel,  Philippe Nahon,  Jo Prestia, Stéphane Drouot,  Mourad Khima,  Jean-Louis Costes

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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