FREEHELD, UN AMOR INCONDICIONAL

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FRANK CAPRA CON PELUCA Y TACONES

Antonio Manero

La igualdad. Pareciera un ideal universal (al menos en Occidente) y, sin embargo, no es tan simple. Y tanto más trágico – con la que nos está cayendo ahora con el terrorismo fundamentalista religioso – que veamos reflejado uno de los mil ejemplos posibles contra los que esos integristas teocráticos están en guerra: el poder luchar – de forma pacífica – por aquello en lo que creemos, crear estados de opinión en libertad, promover la igualdad entre los sexos, la justicia con independencia de la orientación sexual y afectiva, al margen de credos religiosos o morales, ya sea a nivel individual o colectivo.

Pero no bastan las buenas intenciones para confeccionar una buena película. El punto de partida es una historia real. A una concienzuda y condecorada mujer policía, le diagnostican un cáncer terminal. Ella se empeña en dejar su pensión a su pareja, una mecánica más joven que ella y con unos ingresos notoriamente inferiores. Sin dicha pensión, no podría hacer frente a la hipoteca del hogar que compraron y habitaron y quiere que ese sea su legado por la felicidad compartida. Para conseguirlo, deberán enfrentarse a los funcionarios del condado que rechazan esa posibilidad por prejuicios trasnochados que disfrazan de cuestiones éticas y presupuestarias. La trama es melodramática y se sirve de la tradición del cine de juicios tan querida por Hollywood.

El mayor fallo es un flojo guión que apenas dota de vida y enjundia a los personajes y a una historia que clama por contarse. El romance resulta plano y soso y el drama cae en los tópicos más trillados del telefilme de sobremesa. Pero también contiene algunas virtudes, por ejemplo, ilustra cómo se hace política en Norteamérica, tan diferente a Europa. Allí suele surgir a partir de necesidades concretas de los individuos que reivindican sus derechos y van creando así un caldo de cultivo propicio – con tesón, entrega y porfía – que acaba consiguiendo que los políticos (que son cargos electos y se saben deudores de sus votantes) cambien la legislación o la apliquen de una determinada manera que revierta en la mejora de la comunidad. En Europa, por el contrario, los políticos son omnipotentes y magnánimos y son sólo ellos los tienen la exclusividad preclara del entendimiento y saben lo que conviene a sus súbditos. Este contraste implícito me parece lo más interesante.

El excelente reparto poco puede hacer con unos papeles tan torpemente escritos. Destaca Michael Shannon que consigue trascender esas limitaciones y crear un personaje entrañable. Podría haber dado lugar a una buena cinta pero se queda un una entrañable medianía.


Título original Freeheld Año 2015 País Estados Unidos Director Peter Sollett Guión Ron Nyswaner Reparto Julianne Moore,  Ellen Page,  Michael Shannon,  Steve Carell,  Luke Grimes,  Mary Birdsong,  Gabriel Luna,  Skipp Sudduth,  Suzanne Savoy,  Jeannine Kaspar,  Michael Metta,  Crawford M. Collins,  Stink Fisher,  Ramon Aleman,  Robbie Tann

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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