TRES COLORES: ROJO

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DESTINO O ADVERSIDAD

Antonalva

A veces la tela de araña de la vida ha tejido un patrón que no somos capaces de reconocer o interpretar, sino tan sólo tras un laborioso y paciente devenir de días o años que nos permite desentrañar el arduo laberinto de líneas que traza nuestro porvenir. Kieslowski cierra su trilogía Tres Colores – así como toda su filmografía – con esta Obra Maestra que retoma todos los temas que han poblado su universo: la interconexión de todos los seres humanos, los hados que mueven los hilos de la existencia, las segundas oportunidades, las simetrías, las coincidencias o los desencuentros fortuitos, la mirada, el deseo, la frustración, los corazones rotos o henchidos de amor, el juicio o su suspensión, la compasión y la indiferencia. Todo ello tiene cabida en esta gema sin igual que refulge esplendorosa y lozana como el primer día.

La diversidad de temas que aborda en apenas cien minutos es impresionante. Y todo queda atado y bien atado y nos conmueve hasta las entrañas porque ha conseguido transformar nuestra visión del mundo, nuestra percepción de la vida, nuestras emociones más íntimas. ¿Existe la casualidad? ¿O solo se trata de cuasalidad? ¿Somos dueños de nuestro destino o sólo somos marionetas desvencijadas a merced de los elementos? ¿Tomamos decisiones o las toman por nosotros? ¿Existe la justicia o es una falacia? ¿Acaso no es todo lo humano una construcción fraudulenta, llena de imperfecciones y defectos? ¿O estamos ante algo tan valioso, tan inclasificable, tan complejo, que cualquier calificativo es insuficiente para abarcar toda su diversidad? Pero queda una chispa de esperanza entre tanta amargura y desolación: el amor, que todo lo transforma, renueva y embellece.

Espiar a nuestros vecinos. Tomar partido y enjuiciar nuestros actos o los de nuestros semejantes. Todos estamos intercomunicados y, sin embargo, separados por el velo del intelecto o de la arbitrariedad cotidiana. El azar como ejecutor y salvaguardia de la vida, de nuestras relaciones, de nuestros antojos y anhelos, de nuestros sueños y vigilias. Lo que vemos es lo que hay, pero queda todo un universo más allá de nuestra percepción y de nuestro conocimiento que no adivinamos y sin embargo nos afecta… Un rayo de sol que cambia la densidad de la luz, un juicio suspendido que expande nuestro horizonte, un acto altruista que nos acerca a la felicidad sin saberlo.

Estamos ante una obra perfecta, de una belleza e intensidad sobrecogedoras. Es como ver el resplandor de una joya que palpita en la palma de nuestra mano. Las palabras no le hacen justicia: hay que verla.


Título original Trois couleurs: Rouge (Three Colours: Red) Año 1994 País Francia Director Krzysztof Kieslowski Guión Krzysztof Piesiewicz & Krzysztof Kieslowski Reparto Irène Jacob,  Jean-Louis Trintignant,  Jean Pierre Lorit,  Frédérique Feder,  Samuel Le Bihan,  Marion Stalens,  Cécile Tanner,  Juliette Binoche,  Julie Delpy,  Benoît Régent, Zbigniew Zamachowski

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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