REDENCIÓN (LOS CASOS DEL DEPARTAMENTO Q)

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UNA DESVAÍDA BOTELLA A LA DERIVA

Antonio Manero

La premisa – que funcionó bien en las dos entregas anteriores, sobre todo en Profanación – queda aquí diluida hasta quedarse en un telefilme caro pero vacuo y deviene en una colección de caminos trillados del cine policiaco nórdico que no acaban de configurar una cinta del todo satisfactoria. Demasiadas coincidencias, demasiada rapidez en la investigación, demasiados puntos oscuros, demasiado inverosímil y acelerado como para atrapar al espectador más allá de un policiaco bien hecho pero sin inspiración ni salero. Los personajes, tanto los conocidos como los nuevos, parecen meras marionetas  que se desenvuelven sin garra ni convicción en una trama de fanatismo religioso, asesinatos deleznables y torturas psicológicas que no convencen ni interesan porque no hay peligro real, sino solo pura simulación.

Lo mejor, una vez más, es la creación de un ambiente opresivo, tóxico y enfangado que ofrece. Pero lo que en otras ocasiones resultaba un hallazgo, aquí apenas es un marco abocetado en el que deambulan sus protagonistas sin alma y sin sangre, todo demasiado prefabricado como para arrastrar al espectador hacia esta propuesta que si bien resulta atractiva no acaba de cuajar. La historia no carece de interés: un asesino en serie que ha pasado desapercibido hasta el momento y que se ceba en niños, que además son hermanos. Lo rocambolesco del desarrollo limita la efectividad del conjunto, ya que presupone el silencio de los padres damnificados a su pertenencia a una secta religiosa, como si esto fuera suficiente motivo para asegurarse su sigilo sepulcral. Pero incluso aceptando ese sinsentido, el desarrollo resulta confuso, ya que parece equiparar la fe de unos campesinos afables con la exaltación resentida del infanticida.

Además el dúo policial que vehicula la cónica en esta ocasión apenas funciona, como si hubiera perdido la química que supieron crear en las dos entregas anteriores. Nikolaj Lie Kaas resulta afectado e histriónico en su huraño retraimiento que se vuelve molesto y resulta impostado, mientras que Fares Fares cumple con su cometido y lleva con solvencia el peso del relato, pero no es suficiente. El personaje más sugerente – el homicida alucinado – está interpretado con solvencia y encanto sibilino por Pål Sverre Hagen, pero uno desearía saber más de él, de su torturado pasado y de sus traumas infantiles, que apenas quedan esbozados. En conjunto es como si una buena materia prima se hubiera echado a perder por un exceso de condimentos inadecuados.

En definitiva, se deja ver con cierta indulgencia, entretiene y mantiene una tensión apropiada en los momentos oportunos, pero se queda por debajo de sus posibilidades. Interesante pero desaprovechada.


Título original Flaskepost fra P (A Conspiracy of Faith) Año 2016 País Dinamarca Director Hans Petter Moland Guión Nikolaj Arcel Reparto Nikolaj Lie Kaas,  Fares Fares,  Johanne Louise Schmidt,  Jakob Oftebro,  Pål Sverre Hagen,  Lotte Andersen,  Søren Pilmark

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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