EL RECUERDO DE MARNIE

marnie1

CERRAR UN DUELO CADUCO Y RENACER 

Antonalva

Nada más devastador que una depresión. Y en raras ocasiones se ha mostrado tan bien, con tanta delicadeza y sensibilidad como en esta película de animación japonesa, que si bien está dirigida a un público infantil, será quizás mejor apreciada por aquellos adultos que tengan la suerte de visionarla. Es un relato poético, lleno de encanto e inventiva, un prodigio de sencillez, que comienza con el devastador llanto de la niña protagonista que se siente inadecuada, torpe, ajena al entorno, extraña entre sus compañeras e indiferente hacia su familia adoptiva. Su desolación es inmensa y además rechaza que nadie se acerque a ella para confortarla. Rehúye cualquier cercanía como si fuera anatema o sólo recrudeciera la remota herida que ella atesora como una joya preciada.

Arranque poco halagüeño y, sin embargo, la cinta se desarrolla en un idílico paisaje costero lleno de luz, colores, de una sensualidad exacerbada, de una exuberancia sensorial primorosa que contrasta aún más con la ofuscación de su protagonista. Ella se siente desterrada, maldita, mohína, mustia y taciturna. Ha quemado todos los puentes que la unen a sus semejantes y al espacio y parece querer enterrarse en vida, inmolarse ante un altar pagano como justa expiación por haber perdido en un pasado remoto la presencia y atención de sus padres biológicos, como si su porfiado sacrificio fuera su única forma de subsistencia.

Y, sin embargo, algo ocurre que trastoca su visión del mundo. Conoce a una chica audaz e indómita y entabla con ella una relación ambigua, ambivalente, entre la amistad y la fascinación, entre el embeleso y la ilusión. Quizás sea una ensoñación o una fantasía, quizás sea que sus emociones se han desbocado y claman por hacer acto de presencia en el proceloso devenir que ha rechazado hasta entonces. Esa turbadora Marnie, que da título al filme, parece que la llena de ardor, la hechiza, la deslumbra, la subyuga, la hace crecer y comprender que hay más de lo que ella sospechaba en esta vida, que existen también las emociones positivas, reconfortantes y cautivadoras, que es posible ilusionarse y recobrar la fe en la realidad.

El guión pudiera parecer demasiado simple o algo ñoño en sus recodos más resplandecientes, pero muestra con acierto y pericia el doloroso camino que hay que recorrer para conseguir cerrar un duelo que impide vivir la vida y poder así abrirse al mundo y abrazar el presente, sea lo que sea lo que nos depare. La sabiduría no es conocimiento sino experiencia. Y sólo se llega a ella transitando la tristeza.


Título original Omoide no Mânî (When Marnie Was There) Año 2014 País Japón Director Hiromasa Yonebayashi Guión Niwa Keiko, Ando Masahi 

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos × 5 =

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.