EL NIÑO Y LA BESTIA

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ORFANDAD, APRENDIZAJE Y CRECIMIENTO

Antonio Manero

Estamos ante una historia de superación, de desarrollo personal pese a las adversidades, que bascula entre la fantasía y el realismo, entre la alucinación y el agobio. Quizás su rasgo principal sea que resulta encantadora y rezuma optimismo y buenas intenciones didácticas, pero todo ello consigue domesticar y trivializar una propuesta que con menos concesiones podría haber tomado unos derroteros menos convencionales y haber alcanzado unas cuotas artísticas superiores. Se produce un desajuste entre el embrujo de los personajes y una excesiva previsibilidad del relato, que no sorprende en ningún momento. Además hay un exceso de sacarina que bordea el empalago y trivializa la vigorosa narración de superación.

Hay diversas formas de abordar esta cinta. Como película infantil es perfecta, entretiene a la vez que ofrece un cautivador retablo sobre algunas virtudes en las que se debiera instruir a todo aprendiz de ciudadano: el compromiso, la lealtad, el amor, la honradez, la enseñanza como epicentro de nuestra cultura, el perdón y la templanza como un rasgo de las personas sabias. Para un adulto resulta grato vislumbrar ecos del pasado donde los confines entre realidad y ficción estaban muy diluidos o tenían fronteras permeables y mutantes. La sencillez y previsibilidad del relato nos recuerdan a las historias inventadas o leídas  a nuestros pequeños en la somnolencia nocturna previa al sueño. Esta ensoñación mágica está presente en esta cinta, con ecos de un Dickens nipón y sagas nórdicas travestidas.

Lo más destacable es el atinado y reconfortante arco de aprendizaje que recorre la cinta, donde hay un enriquecedor flujo bidireccional entre atípico maestro y discípulo indócil. Siempre a la gresca pero siempre nobles, sin dobleces ni engaños, creando un fértil vínculo que les hace mejorar a los dos. También hay detalles acertados en cuanto a la narración: la cara y la cruz del mal que anida en todos nosotros y que en lo único en que nos diferenciamos es en la forma de enfrentarnos a nuestras peores pulsiones. El éxito estriba en saberse desbordado o enloquecido, expresarlo pero sin dejarse llevar por la acción revanchista. O, así mismo, la fertilidad de la franqueza: decir la verdad es fuente de sabiduría y consuelo. El engaño, la falacia o la ocultación son el origen de cualquier desatino ruin.

Amena, simpática, atrayente, azucarada y arrulladora… En fin, se trata de una cinta recomendable aunque algo convencional y un poco simple. Pero ojalá la calidad media de los estrenos fuera como éste. Un disfrutable divertimento.


Título original Bakemono no Ko (The Boy and the Beast) Año 2015 País Japón Director Mamoru Hosoda Guión Mamoru Hosoda

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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