EL JUEZ

JUEZ1

FRIALDAD PÚBLICA, ARDOR PRIVADO: LOS RECOVECOS DE LA VERDAD 

Antonio Manero

Desvelar la verdad no es tarea fácil ni grata ni evidente. Y muchas veces nos forjamos un carácter que dificulta o impide que los demás lleguen hasta nosotros, para no mostrar nuestra fragilidad, nuestra necesidad, nuestras carencias. El disimulo como naturaleza. Entonces… ¿Cómo averiguar lo que realmente nos pasa? ¿Cómo deducir, concluir e interpretar lo que les pasa a los demás seres humanos? Por ello no es baladí que el personaje principal – que vive en el disimulo y se ha pasado muchos años ocultando su verdad íntima – sea el presidente de un tribunal de justicia francés. Un juez áspero, duro, implacable, maniático con las formas, obsesivo con el fondo, pero consciente de las limitaciones de poder conocer la verdad para juzgarla con un mínimo de rectitud, imparcialidad y justicia.

Pareciera que esta cinta hurtara el eje central del relato, desconcertando al espectador que no sabe por qué derroteros quiere su guionista y director llevarle. A primera vista es un drama judicial, ya que asistimos a las vistas por un asesinato de un bebé de 7 meses. ¿Es el padre culpable? ¿Dice la madre la verdad? ¿Qué ocultan los silencios? ¿Quién miente? No sabremos la verdad aunque al final habrá un veredicto. Pero todo ese drama que presenciamos paso a paso – desde la elección de los miembros del jurado, la retahíla de testigos, las deliberaciones formales e informales del jurado hasta su desenlace – es el mero telón de fondo, el marco que contiene el meollo del cogollo de la trama: la inexorable presencia turbadora de la faz del amor.

Con similares argucias, zigzagueos y disimulos el juez revela y desvela, poquito a poco, con recelo, turbación, desconfianza y sobriedad, su historia de amor largamente negada y callada con una miembro del jurado que le salvó la vida hace más de un lustro. Hay algo pero no conocemos lo que hay, sentimos algo pero no estamos seguros de lo que sentimos, barruntamos algo pero no sospechamos hacia dónde nos llevará. La parcialidad y parquedad de nuestra visión del mundo dificulta que seamos capaces de conocer lo que realmente está sucediendo o ha sucedido. Las dos historias – la pública y la privada – se complementan y completan mutuamente. Podemos sacar nuestras conclusiones pero ¿quién nos asegura que se corresponden con la realidad?

Filme atípico, embozado y muy ameno pese a lo que pudiera parecer, lleno de ingenio y con una sabia dosificación del relato, contiene dos interpretaciones modélicas (Fabrice Luchini y Sidse Babett Knudsen) que redondean el conjunto. Una pieza de cámara encantadora.


Título original L’hermine Año 2015 País Francia Director Christian Vincent Guión Christian Vincent Reparto Fabrice Luchini,  Sidse Babett Knudsen,  Miss Ming,  Berenice Sand,  Claire Assali, Floriane Potiez,  Corinne Masiero

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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