NO MATARÁS

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SUSPENDIDOS EN EL VACÍO: ENSEÑAMIENTO E INCLEMENCIA

Antonalva

No estamos ante una película de tesis, sino ante la antítesis del cine como sermón monolítico. Uno puede mantener su visión del mundo y de sus convicciones inalteradas tras la visión de la cinta, aunque le haya (con seguridad) conmovido hasta la médula. Nos encontramos ante un doble relato casi simétrico – como en otras ocasiones con Kieslowski – donde unos leves cambios alteran por completo lo que hemos visto anteriormente y configuran una crónica más compleja, caleidoscópica y perturbadora de lo que pudiéramos sospechar. En este caso: primero el asesinato de un desagradable taxista, mezquino, arrogante, tosco y repelente, y luego la ejecución legal, reglada y autorizada de su asesino, un joven de origen campesino, no menos basto, repugnante y odioso que su pobre víctima.

Es una fábula moral sin moralina. Se censura con claridad que un ser humano pueda quitarle la vida a otro, con independencia de las circunstancias que rodeen ese acto infame. Pero no trata de convencerte en ningún momento de que esté en posesión de la verdad o de una supuesta primacía ética, sino que refleja dos acontecimientos encadenados y casi causales, pero sin subrayados ni énfasis estériles. Vemos lo que hay – no lo que debería de haber – y vemos también la impotencia de un abogado defensor que se culpa por la condena capital de su cliente, se censura su bisoñez, su idealismo, su inexperiencia y no sabe cómo expiar su sentimiento de culpa, su fracaso, su pérdida del proceso. Su frustración es similar al impacto que recibe  el aturdido espectador al asistir, indefenso, a la inexorable ejecución de dos seres lamentables.

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De nuevo reluce la elaborada riqueza visual – y no sólo narrativa – de Kieslowski, al ofrecer imágenes reveladoras que apuntalan su discurso: la cinta se abre con la efigie de un gato muerto que ha sido ahorcado por unos niños durante un juego. Volveremos a ver diferentes figuras que repiten esa pavorosa estampa del ahorcado (en plan figurado o literal) a lo largo del metraje. Luego están las secuencias similares de los dos antagonistas, que duplican ciertos movimientos y actos, representando la cara y cruz de la situación, mostrando su indisoluble destino compartido, aunque aún no lo sepan ni tan siquiera lo imaginen. El espectador obtiene más información que sus protagonistas, pero ello no nos libra de la angustia y el desconsuelo que nos invade durante el metraje.

Película incómoda, turbadora, impactante en su funesta sobriedad, con un compromiso humanista insobornable, pero que te deja noqueado sin saber dónde asirte para no caer en el abismo.


Título original Krótki film o zabijaniu (A Short Film About Killing) Año 1988 País Polonia Director Krzysztof Kieslowski Guión Krzysztof Kieslowski, Krzysztof Piesiewicz Reparto Miroslaw Baka, Krzystof Globisz, Jan Tesarz, Zbigniew Zapasiewicz, Barbara Dziekan, Aleksander Bednarz, Krystyna Janda, Artur Barcis, Olgierd Lukaszewicz

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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