NOMINADOS MEJOR DIRECTOR

En ochenta y ocho años de Oscars, sólo John Ford y Joseph L. Mankiewicz han conseguido vencer en la categoría de Mejor Dirección en dos ediciones de forma consecutiva. Han pasado más de 60 años de aquello. Alejandro González Iñárritu podría sumarse este próximo domingo al dúo de maestros si finalmente logra reeditar el triunfo que le proporcionó el pasado año la inesperada virtud de la ignorancia. Se darían además las circunstancias, estas sí inéditas, de que el Oscar iría a parar por tercer año seguido a manos de un realizador mexicano (en 2013 lo ganó Alfonso Cuarón por Gravity), y por quinto a manos de un no anglosajón (con anterioridad a Cuarón se lo habían llevado Ang Lee y Michael Hazanavizius). No adelantemos acontecimientos. Nunca mejor dicho, Iñárritu no debería vender la piel del oso antes de cazarlo; el resto de sus rivales también podrían tener su oportunidad. No la tendrán ni Ridley Scott ni Steven Spielberg que, pese a haber colado sus respectivos trabajos en la pugna por la mejor película del año, no verán reconocido su trabajo a nivel individual al ser excluidos del quinteto finalista en la categoría que analizamos.

Y los nominados son:

Lenny Abrahamson por Room
(49 años, 1ª nominación)

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Nacido en Dublín y educado en el prestigioso Trinity College, donde todavía se recuerda su brillantísimo expediente académico, Abrahamson se dio a conocer de forma masiva entre los cinéfilos hace un par de temporadas con Frank, una inclasificable comedia dramática protagonizada por un enmascarado e irreconocible Michael Fassbender. Room puede suponer, de hecho supone ya, el despegue definitivo en la carrera del cineasta; dan fe el premio conseguido en Toronto y la presente nominación. De la película no solamente se destaca la interpretación de su pareja protagonista, sino también la inteligente dirección de Abrahamson y su enorme habilidad para manejar los espacios y el suspense, especialmente en una primera mitad magistral. El cineasta huye del morbo y del sensacionalismo en una historia que se prestaba fácilmente a ello (conviene, eso sí, no saber mucho de la película antes de verla por primera vez). Y como buen licenciado en Filosofía, no desaprovecha la ocasión de regalarnos su particular visión del mito platónico de la caverna. Presiento que, aunque esta vez se vaya de vacío, este muchacho irlandés nos deparará más de una alegría en el futuro.


Alejandro González Iñárritu por El renacido
(52 años, 3ª nominación. 1 Oscar por Birdman)

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Hace ahora justo un año, Gónzalez Iñárritu estaba a las puertas de ganar el primer Oscar de su carrera gracias a Birdman. No obstante, apenas pudo hacer promoción de su trabajo ante los académicos (tampoco luego le haría falta) porque se encontraba inmerso en pleno rodaje del film por el quede nuevo opta ahora al premio. El autor de Amores perros llegó al proyecto de The revenant en 2011 después de que éste pasase por las manos de diversos cineastas que al final no se atrevieron a ponerlo en pie. “El Negro” no pudo en cambio resistirse y asumió el reto de llevar a la pantalla la novela de Michael Punke que recogió en un libro las aventuras del explorador Hugh Glass en la América salvaje de principios del siglo XIX. The revenant es uno de esos desafíos que parecen hechos a la medida del mexicano; es además de un relato épico que pone al descubierto la fragilidad humana y saca a la luz los instintos más primarios de la especie, una historia que transcurre por parajes de increíble belleza , ofreciendo al cámara Enmanuel Lubezki una nueva oportunidad de desplegar su talento. La película llegó a los cines tras un largo y tortuoso proceso de gestación, con un rodaje lleno de obstáculos, no solo por las condiciones climáticas extremas y los continuos cambios en las localizaciones, sino también por las frecuentes tensiones entre los miembros del equipo (cuentan que las broncas entre el director y Tom Hardy eran también épicas). Es posible que al final todas esas penurias hayan merecido la pena: Globo, DGA, BAFTA, y el segundo Oscar consecutivo ahí, esperando a la vuelta de la esquina.


 

Thomas McCarthy por Spotlight
(50 años, 1ª nominación)

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Lo conocimos hace poco más de una década cuando nos entregó en 2003 la deliciosa Vidas cruzadas, y nos ganó para siempre cuatro años más tarde con aquella pequeña joya titulada The Visitor. A Tom McCarthy le hemos podido ver tambiéndelante de las cámaras en películas como Buenas noches, buena suerte o en series de televisión como The Wire.  Y aunque las mayores esperanzas de victoria para Spotlight en la noche del 28 de febrero están depositadas en el apartado de guión original, la película ha funcionado tan  bien en la temporada de premios previa a los Oscars que no son descartables más sorpresas. El film está preparado para hacer frente a las obras de Iñárritu o McKay en igualdad de condiciones, y en cuanto a las posibilidades de McCarthy en labores de realización tampoco estaría dicha la última palabra. Su trabajo es irreprochable, pulcro y posee el rigor de un reportaje de investigación periodístico. El cineasta apunta directamente a Alan J. Pakula y a la referencial Todos los hombres del presidente, esquivando el supuesto morbo que pudiera derivarse de los casos de abusos sexuales que se denuncian en la cinta. Además, McCarthy se confirma como un magnífico director de actores, tal y como atestiguan la reciente distinción al reparto del film en el SAG, o el hecho de que dos de sus protagonistas, McAdams y Ruffalo, compitan por el Oscar en la categoría de secundarios. Este mismo año, McCarthy ha dirigido a Adam Sandler en una comedia, The cabler, masacrada por la crítica e ignorada por el público. Sin embargo, los siempre morbosos Razzies no han caído en la tentación de nominarle a peor director del año. ¿Será una señal?


 

Adam McKay por La gran apuesta
(47 años, 1ª nominación)

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No cabe duda de que La gran apuesta ha sido y está siendo una de las sensaciones de la presente temporada de premios en Estados Unidos. Tampoco se le debe escapar a nadie que la película  ha supuesto un giro drástico en la trayectoria profesional de su principal responsable.  De dirigir a su socio y amigo Will Ferrel en comedietas intrascendentes y banales, Adam McKay ha pasado a estar al frente de un proyecto “serio” como es la adaptación cinematográfica de la novela de Michael Lewis sobre las casusas y consecuencias de la actual crisis económica que nos asola, un proyecto que viene además auspiciado por algunas de las estrellas más importantes del Hollywood de hoy.  Brad Pitt o Christian Bale avalan con su presencia la necesidad de esta obra que se resiente, no obstante, de una trama enrevesada,  y abusa en exceso de una jerga farragosa solo apta sólo para iniciados en el mundo bursátil y financiero.  McKay se las apaña bien manejando al espectacular reparto de estrellas que tiene enfrente, con un nada despreciable sentido del ritmo (que, no obstante, en absoluto nos hace olvidar al exhibido por el maestro Scorsese en El lobo de Wall Street, por hablar de un título reciente y de temática similar). No creemos sinceramente que sean motivos suficientes para ganar un Oscar, ni siquiera para robarle una nominación a Spielberg o a Scott. Sin embargo, mucho nos tememos que las opciones de McKay van a seguir intactas hasta el final. No hay que olvidar que, tras su sorprendente triunfo en el gremio de productores,  la película se ha convertido la gran tapada de la presente edición de los Oscars, y que su realizador podría beneficiarse del llamado “efecto arrastre” si finalmente el film se lleva el gato al agua en la categoría reina.


 

George Miller por Mad Max, furia en la carretera
(70 años, 1ª nominación)

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Maticemos para empezar el dato que encabeza estas líneas.  Mad Max, Furia en la carretera supone propiamente  la primera candidatura  al Oscar de George Miller en la categoría de Mejor Director. Sin embargo, el  australiano ya subió a recoger la estatuilla en 2006 como autor de Happy feet, premiado ese mismo año como mejor film en el apartado de animación. El cineasta atesora además otras dos nominaciones como guionista por su quehacer en Babe y en El aceite de la vida.

Hecha esta salvedad,  si antes hablábamos de que nos parece un tanto injusto ver a Adam McKay en la lucha por el Oscar al mejor director del año, no podemos sino mostrar nuestro más ferviente entusiasmo ante la inclusión del veterano Miller en dicha pelea.  El cineasta ha logrado lo que parecía imposible: encandilar a los críticos con una película de acción, que más que acción es puro nervio. Habría que puntualizar que Mad Max es eso y mucho más; la reconstrucción, cuarenta años después de su nacimiento, de un universo mítico y por ende casi intocable. Dijo Miller en la presentación de la película en el último Cannes, allá por mayo de 2015, que no pretendía hacer un remake ni una secuela, sino entregar al espectador una revisión de ese universo. Hoy nos damos cuenta de que esa revisión no es tal, y que en realidad es una criatura con entidad propia y de dimensiones colosales.  Reinventar un mito, y más uno como el que nos ocupa, no es nada fácil; un Oscar podría ser una justa recompensa, y casi se nos antoja corta.


 

Ganará: Alejandro González Iñarritu
Debería ganar: George Miller

por Juan Solo

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