Icónico: LEONARDO DICAPRIO

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Leonardo DiCaprio, el rey sin corona

por Juan Solo

No es el rey del mundo como se autoproclamaba hace ya algunos años desde la cubierta del transatlántico más famoso de la historia del cine, pero la verdad es que le falta muy poco para conseguirlo. Con 41 años, 36 de ellos delante de una cámara, Leonardo DiCaprio parece haber logrado al fin que todo Hollywood caiga rendido a sus pies.  Contando con el apoyo mayoritario del público- especialmente del femenino- desde prácticamente los inicios de su carrera,  Leo ha sabido ganarse de un tiempo a esta parte el respeto de la profesión, al tiempo que casi sin hacer ruido se hacía un hueco entre los pesos pesados de la industria. Por supuesto, llegar a la cima no ha sido fácil, nunca es fácil para quienes como él, tienen el hándicap de demostrar en la Meca del cine que son algo más que una cara bonita. Robert Redford o Brad Pitt han tenido que pelear duro en el pasado para ser valorados más allá de su físico agraciado, e incluso a Paul Newman se le reprochó siempre que era demasiado guapo para ser considerado un actor “serio”. DiCaprio ya dio muestras de ir muy en serio cuando a los 19 años llamó la atención de los críticos y consiguió su primera nominación al Oscar siendo como quien dice un recién llegado que acababa de aterrizar en el mundo del cine.

La mayoría pensó, y seguiría pensando durante mucho tiempo, que estaba ante el típico ídolo de quinceañeras que vive unos años de gloria efímera antes de desaparecer para siempre en el olvido, y en cambio fueron muy pocos los que creyeron lo contrario, que detrás de esa expresión de niño travieso y de esa mirada picarona que aún hoy no parecen haberse borrado del todo en su rostro, podía haber algo de talento. Han tenido que pasar los años y ha tenido que llegar la madurez para poner las cosas en su sitio.


Vida de este chico

Es guapo, rico, famoso, posee una colección de obras de arte que es la envidia de muchos anticuarios del mundo, su trabajo le divierte y además se puede permitir el lujo de elegir cuidadosamente  tanto los nombres de los directores con los que quiere rodar como los proyectos en los que le interesa embarcarse. Pudiera parecer que Leonardo lo tiene todo en esa vida. ¿Todo? Bien, la verdad es que todo, todo, no. Hay un par de cosas que se le siguen resistiendo. A su edad, y pese al interminable rosario de novias y de romances que se le atribuyen, continúa siendo uno de los solteros de oro de Hollywood (cobran fuerza los rumores que hablan de su relación actual con la cantante Rihana). Y luego está lo del Oscar, claro. Lo de que el protagonista de Titanic está gafado con los premios de la Academia y que su obsesión por ganar algún día uno de ellos le acechará de por vida es ya más o menos un clásico entre las leyendas urbanas, al menos entre aquellas tienen que ver con el mundo del cine.  DiCaprio es al Oscar lo que Murakami es al Nobel. Eso es lo que dicen al menos las redes sociales que no dudan en señalar también que el actor le ha tomado el relevo a su mentor Scorsese en el papel de eterno candidato al premio cinematográfico más importante del mundo. Marty tuvo que esperar casi cuarenta años y seis nominaciones para subir a recoger su ansiado primer Oscar; tal vez su discípulo tenga que aguardar algo menos para hacerlo.

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Y es que es que posible la llamada “maldición del Oscar” que parece perseguir a Leo desde hace un par de décadas tenga quizá los días contados, concretamente los que faltan hasta el próximo 28 de febrero, fecha en la que tendrá lugar una nueva edición de la entrega de los premios de la Academia. DiCaprio se presentará en la gran noche de Hollywood con el cartel de máximo favorito para llevarse el eunuco dorado por su trabajo en The revenant, el film con el que el mexicano González Iñárritu aspira también a reeditar la gloria que Hollywood le concedió el año pasado gracias a Birdman. La película nos traslada al año 1823 para relatarnos la historia del explorador y trampero Hugh Jackson, abandonado a su suerte por sus compañeros durante una expedición tras sufrir el ataque de un oso y ser dado por muerto. Rodada en unas condiciones extremas, sufriendo temperaturas bajísimas y continuos cambios de localizaciones, The revenant ha recibido ya la bendición de la crítica especializada, aunque desde luego la mejor parte se la ha llevado su protagonista principal. A DiCaprio le han llovido los elogios y también los premios, el mes pasado recibía su tercer Globo de Oro por su interpretación en este film. El actor se vacía física y emocionalmente en un ejercicio de entrega absoluta para defender un personaje que apenas tiene unas líneas de diálogo en toda la película. Esta vez parece que el Oscar no se escapa, y aunque ya hemos oído otras veces esta misma cantinela, es seguro que Leo tiene razones para estar confiado. Un dato: en las cinco ocasiones en las que fue candidato en categorías interpretativas –en realidad, esta sería su sexta nominación si contamos la que obtuvo como productor de El lobo de Wall Street– nunca fue el principal favorito y siempre tuvo a alguien por delante en las apuestas. Este año no ocurre así. Lo dicho, salvo sorpresa y de las gordas, el Oscar, por fin, es suyo.


Origen

Así que es también muy posible que mientras servidor esté escribiendo estas líneas para ustedes,  Leo esté esbozando lo que podría ser su discurso de agradecimiento ante los académicos. En él seguro que habrá un recuerdo muy especial a sus humildes orígenes de los que en más de una ocasión ha afirmado sentirse orgulloso; el actor dice que saber quién es y de dónde viene le ha servido para no perder nunca la perspectiva y para evitar que la fama acabase subiéndosele a la cabeza. Nacido en Los Ángeles el 11 de noviembre de 1974, su infancia fue un peregrinaje continuo por algunas de las barriadas más deprimidas de la ciudad. Sus progenitores se separaron al año de nacer él, y tuvo que irse a vivir con su madre, Irmelín, una secretaria de ascendencia alemana que sufrió durante su niñez los horrores del nazismo. A ella debe además actor su nombre de pila. Al parecer, Irmelin se encontraba contemplando una exposición del autor de la Mona Lisa cuando sintió en su vientre la primera patada de su futuro bebé al que decidió bautizar con el nombre del genio renacentista. Por su parte George DiCaprio, un dibujante de comics underground de origen italiano, aprovechaba los momentos en los que estaba con su hijo para pasearle por algunos castings publicitarios y televisivos, sabedor de que la impresionante fotogenia de su retoño haría el resto. Con cinco añitos, el pequeño Leo conseguía su primer contrato como modelo infantil, y poco más tarde debutaba en televisión con un pequeño papel en la serie para niños Roomper Rom. En los años siguientes, DiCaprio se prodiga en la pequeña pantalla, con pequeñas apariciones en series de la época como Roxeanne, Santa Bárbara o Los problemas crecen.  En la actualidad, Youtube exhibe  a modo casi de reliquia abundante testimonio gráfico de aquellos primeros pasos televisivos del actor.

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Su salto al cine se produce definitivamente en 1991 con un pequeño papel en la comedia de terror Critters 3, un film que si por algo merece pasar a la historia del cine es precisamente por ser la primera aparición en la gran pantalla de la futura estrella. Un año más tarde, Robert De Niro le selecciona entre 400 chavales para coprotagonizar junto a él Vida de este chico. Leonardo todavía no es una estrella pero trabaja constantemente rodeado de ellas: en ¿A quién ama Gilbert Grappe? (1993) su primer gran éxito  y el film que le da su primera nominación al Oscar y al Globo de Oro,  da vida al hermano deficiente de Johnny Deep, en Rápida y mortal (1995) se le ve junto a Gene Hackam, Sharon Stone y un todavía desconocido Russell Crowe. Tras interpretar en 1995 a dos escritores, a Rimbaud en Vidas al límite, y a Jim Carroll en Diario de un rebelde, vuelve a encontrarse con De Niro en otro drama, La habitación de Marvin (1996). En esta ocasión, ambos aparecen muy bien acompañados por Meryl Streep, Diane Keaton y Liam Neeson.


Celebrity

Titanic (1997) es sin duda uno de los films más populares de todos los tiempos y la película que lanza definitivamente a DiCaprio al estrellato. Leo acababa de protagonizar el año anterior una nada convencional versión del clásico shakespereano Romeo y Julieta a las órdenes del australiano Bazz Lhumann donde había podido lucir sus innegables dotes de seducción, pero es sin duda la historia de amor transatlántico entre Jack y Rose la que le aúpa al Olimpo de Hollywood.

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Ninguna de las catorce nominaciones al Oscar que obtiene el film recae en la categoría de interpretación masculina (Winslet y la mítica Gloria Stuart si logran candidatura aunque finalmente ninguna de ellas se termina llevando la estatuilla). Da igual. DiCaprio ha creado un personaje para los anales del cine, esa imagen del desventurado Jack hundiéndose poco a poco en las gélidas aguas del Atlántico vale por todos los premios del mundo.

Tras la resaca que deja el éxito del film de Cameron, su protagonista principal entra en una especie de mini  depresión que le lleva incluso a sopesar su retirada de la profesión. Woody Allen le llama y le ofrece un breve papel en Celebrity en el que prácticamente se interpreta a sí mismo, pero casi a continuación encadena dos fiascos consecutivos con El hombre de la máscara de hierro y La playa que hacen tambalear su carrera. Hace poco, el actor confesó que estaba tan desanimado en aquella época que desechó incluso una oferta de George Lucas para dar vida al personaje de Anakin Skywalker en la segunda trilogía de Star Wars.


Goodfellas

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Martin Scorsese se cruza en la trayectoria de Leo DiCaprio en el momento más oportuno, justo cuando el actor está a punto de tirar definitivamente la toalla. Tampoco es que el autor de Uno de los nuestros esté atravesando entonces su mejor etapa que digamos. Acaba de pegarse un par de batacazos en la taquilla con sus dos últimos films, Kundum y Al límite, y anda también replanteándose el modo de reorientar su carrera.  El tiempo ha acabado por quitarles la razón a aquellos que desde un principio pensaron que la sociedad Scorsese-DiCaprio fracasaría y que el primero se jugaba su enorme prestigio al confiar su suerte a quien consideraban un simple ídolo de quinceañeras. Sin embargo, y para sorpresa de todos, Leo aprovecha la oportunidad que le da el cineasta italoamericano para crecer como actor y adquirir una mayor seguridad en sí mismo al tiempo que se encarga de disipar los muchos prejuicios que existen sobre él. Incluso, esa expresión aniñada de los comienzos va dando paso a un gesto algo más fiero y más maduro.

Así pues, Leonardo comienza el siglo XXI con la moral por las nubes. Arranca una década prodigiosa y triunfal en la que, entre otras cosas, el actor se estrena en la producción  y comienza a ejercer un mayor control sobre su propia carrera. Los grandes no paran de llamar a su puerta: Spielberg (Atrápame si puedes), Ridley Scott (Red de mentiras), Clint Eastwood (J.Edgar), Christpher Nolan (Origen) o Quentin Tarantino que le ofrece el papel más divertido de Django desencadenado, años después de barajar su nombre para interpretar al Hans Landa de Malditos bastardos. La década es también tiempo de reencuentros. Baz Luhrmann le recluta para otra de sus psicodélicas adaptaciones literarias, la de El gran Gatsby, y Sam Mendes vuelve a reunirle en Revolutionary Road con su íntima Kate Winslet.

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Pero no cabe duda de que en estos últimos años, la carrera de Leonardo está marcada por su colaboración con Martin Scorsese. Y eso que los inicios del tándem director-actor no hacían presagiar nada bueno. Gangs of New York (2002) una densa y ambiciosa crónica sobre los orígenes y la fundación de la Gran Manzana, no fue bien recibida por parte de la crítica que alabó el trabajo de su protagonista principal, el gran Daniel Day-Lewis, pero dictaminó que DiCaprio no estaba a la altura. Lo cierto es que el film fue un proyecto gafado desde el principio, y Scorsese tuvo problemas con los productores que decidieron estrenar en las salas un montaje diferente al deseado por el realizador. Todo apuntaba a que la primera colaboración entre Marty y Dicaprio iba a ser también la última, pero cuando dos años más tarde, el primero recibe el encargo de rodar El aviador (un proyecto que en un principio estaba pensado que dirigiese Michael Mann) no duda en ofrecerle al californiano el papel principal. Esta vez, Leo sí  convence a la crítica con su interpretación del excéntrico multimillonario Howard Hughes en el papel que quizá marca el comienzo de su madurez artística. El actor recibe por este trabajo su segunda nominación al Oscar y su primer Globo de Oro.  Infiltrados es en 2006 la gran triunfadora en la noche de los Oscars, Scorsese puede por fin llevarse la estatuilla a casa, y Leonardo vuelve a estar nominado en la misma gala aunque defendiendo su personaje de contrabandista sin escrúpulos en Diamante de sangre de Edward Zwick. Después llega en 2010 Shutter Island, un oscuro thriller psicológico basado en la novela homónima de Dennis Lehane en el que DiCaprio vuelve a dar otra lección de intensidad. En la que hasta la fecha es la última película hasta del dúo, El lobo de Wall Street (2013) el actor ofrece todo un recital interpretativo premiado con una nueva nominación al Oscar y un segundo Globo de Oro.

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Estamos, sin duda, ante el proyecto más personal de la carrera del actor, que llevaba desde 2008 intentando llevar a la pantalla la historia de Jordan Belfort, un corredor de bolsa de Nueva York que tras estafar a mediados de los noventa a millones de inversores norteamericanos aprovechándose únicamente de la buena fe de éstos, se lanzó de lleno a una vida de excesos y lujos desordenados. El binomio Scorsese-DiCaprio funciona mejor que nunca en esta farsa delirante y mordaz sobre la codicia y sobre los defectuosos cimientos que sostienen el sistema y el llamado sueño americano. Y sobre mucho más. Tras esta experiencia, los dos amigos ya han vuelto a citarse para 2017 en el set del rodaje de The devil in the White City, un thriller ambientado en el siglo XIX en el que Leo dará vida a un asesino en serie.

No perdemos tampoco la esperanza de ver algún día ese prometido film con DiCaprio y DeNiro ante la cámara y con Marty tras ella. La agenda de DiCaprio está llena de proyectos y los teléfonos no van a dejar de sonar en una temporada. No obstante, él prefiere tomárselo con calma, no mirar tanto el futuro como el pasado para ver hasta dónde ha sido capaz de llegar desde aquel modesto suburbio angelino donde transcurrió su infancia. Rodeado de cartones, prostitutas adolescentes y camellos que vendían crack por las esquinas. Igualito que en Taxi driver. Ahora sabe que su futuro inmediato pasa por un teatro de aquella ciudad. En unos días, tiene allí una cita con la Historia. Ha llegado a la cima. Es el lobo de Hollywood, el rey del mundo. Ahora, sólo falta que le den su corona.


 

TOP 5 DEL AUTOR

5 TITANIC (1997)

4 DJANGO DESENCADENADO (2012)

3 REVOLUTIONARY ROAD (2008)

2 EL AVIADOR (2004)

1 EL LOBO DE WALL STREET (2013)

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