EL PUENTE DE LOS ESPÍAS


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ALFILES Y PEONES

por Juan Solo

Desde hace ya varias décadas, qué duda cabe, Steven Spielberg ocupa un lugar destacado en el Olimpo de los grandes de la Historia del Cine. Lo ocupa no sólo por sus grandes películas y sus obras maestras, sino también por el papel que viene desempeñando en la industria desde casi los comienzos de su carrera, y la repercusión de la “marca Spielberg” a nivel popular. Asociado ya para los restos al epíteto de Rey Midas de Hollywood, un título del que habrá que ir pensando en destituirle un día de estos (¿desde hace cuánto hace que no tiene un pelotazo en la taquilla?; ni siquiera Tintín lo fue), Spielberg es un cineasta a redescubrir a partir de sus títulos más olvidados o menos reconocidos. Y sospecho que El puente de los espías lleva camino de convertirse en uno de ellos de aquí a nada.

Y es que una cosa hay que dejar clara: nadie rueda en el cine actual con la elegancia y la sobriedad con la que rueda Steven Spielberg sus películas. Luego ya podemos hablar de si son películas mejores o peores, podemos entrar a debatir sobre si es un tipo convencional, ñoño, patriotero o manipulador. Son pequeños matices que se quedan en nada cuando vemos esa elegancia y esa sobriedad con la que están enfocadas la práctica totalidad de sus trabajos. Eso que en parte le convierte en un director transgresor que, frente a muchos gurús del cine moderno, antepone la narración al artificio, la elegancia y sobriedad en unos tiempos en los que son valores que cotizan claramente a la baja. El puente de los espías es una película sobre los años cincuenta que parece haber sido rodada en los años cincuenta; no hay más que ver la película para comprobar que lo que acabo de decir no tiene un pelo de peyorativo.

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Spielberg nos coloca aquí ante la historia de un hombre normal – y quién mejor que Tom Hanks para encarnarlo- en medio de un conflicto que le supera y del que sólo quiere desembarazarse cuanto antes. Coger su abrigo y tomar la puerta porque echa de menos su hogar y su cama. No le quedará otra que apelar a sus propios principios e ideales, a su sentido individual de la justicia. Sus valores, los de la sociedad americana de la época que en este caso no podía hacer como los Marx que si no le gustaban tenían otros. El nuevo trabajo de Spielberg entronca muy bien con el anterior, Lincoln, en el que también se recalcaba esta idea. La historia frente a la Historia, el hombre frente a la Humanidad. No hay buenos ni malos en un mundo en el que somos simples peones en el gran tablero universal. En el fondo, importa poco sacrificar un peón por un alfil, valen casi lo mismo. Es lo que hay, ante esto no cabe manipulación alguna – en este sentido, el guión viene avalado por unos tipos tan poco sospechosos de manipuladores como los Coen-, a Spielberg sólo le interesa lo que tiene en la cabeza el personaje de Hanks, y con él toda una sociedad dominada por la histeria colectiva, lo que podamos interpretar nosotros a posteriori cincuenta años después se la trae al fresco.

Se ha dicho también que El puente de los espías es una película desapasionada, pero francamente, no concibo que se hable de desapasionamiento cuando Spielberg dibuja a sus personajes con tanto cariño. Rodeado de la mayoría de sus habituales y con la acertada incorporación de Thomas Newman sustituyendo al eterno John Williams al frente de la banda sonora,, Spielberg vuelve, digan lo que digan, a dar muestras de su clase, se reafirma como el gran clásico de nuestro tiempo, y nos regala un trabajo incontestable. Otro más.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|


 

Título original Bridge of Spies Año 2015 País Estados Unidos Director Steven Spielberg Guión Matt Charman, Ethan Coen, Joel Coen Reparto Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Magnussen, Alan Alda, Eve Hewson, Peter McRobbie, Austin Stowell, Domenick Lombardozzi, Michael Gaston

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