UNA PASTELERÍA EN TOKIO


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UNA ESCUCHA ACTIVA DEL MUNDO

por Antonalva

Delicadeza, calma, amor a los detalles cambiantes de la naturaleza, respecto por el prójimo, la consecución de un sueño vital, vivir en paz con uno mismo, con el entorno y con los demás… Estamos ante un cuento melancólico lleno de encanto y dulzura, un relato de aprendizaje, un redescubrimiento del mundo, un renacer a la vida. Sobre todo es una crónica contemplativa que nos habla de la dificultad de concretar todo el potencial que llevamos dentro y expresarlo a nuestro entorno, compartiendo los altibajos de la existencia sin remordimientos ni excusas y agradeciendo siempre cada mínimo vínculo que entablamos en nuestro camino.

“Vine con mi hermano y me dejó aquí.”

 

Estamos además ante una película que puede leerse también en clave reivindicativa (del papel e importancia de la mujer en la sociedad como más conectada con la esencia de las cosas, de ciertas culpas colectivas del pueblo nipón en algunos episodios casi desconocidos, del valor de mantener el respeto y el contacto con tus semejantes, ya sean familiares, amigos, plantas o animales, de la consideración que debemos a todo el microcosmos que nos rodea, etc.), pero lo hace sin alharacas ni alardes, sin estridencias ni sermones, sino desde una mirada serena, comprensiva y compasiva que lo abarca todo y transmite una ecuménica armonía al cautivado espectador.

Hay mucho del carácter budista japonés entretejido en la trama, casi de soslayo. Todo tiene su razón de ser, sus motivaciones y su significado, desde el rumor de los árboles hasta los animales de compañía, desde cada una de las estaciones del año hasta un paseo por la ciudad o por el campo y sus aromas. También hay una mirada poética y luminosa sobre los seres humanos, con independencia de la buena o mala fortuna que les haya tocado en gracia. Casi como si no se lo propusiera, hay mucha suave emotividad en las situaciones y los personajes que habitan esta sencilla historia de amor universal.

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Su directora y guionista, Naomi Kawase, pasa por ser una rara avis del mundo del cine, con propuestas atípicas, tramas poco ortodoxas y enfoques no siempre convencionales o mayoritarios, pero esta vez ha creado una obra cristalina, diáfana, llena de hermosos recovecos, hallazgos y fragancias que pueden (y deben) encontrar un público amplio y heterogéneo. Supura sensibilidad por sus cuatro costados y su visionado es una dádiva – casi una ofrenda – que siembra un insospechado y hondo agradecimiento. Muy recomendable para espíritus sin prejuicios y con ganas de dejarse seducir por savia diferente.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|


 

Título original An Año 2015 País Japón Director Naomi Kawase Guión Naomi Kawase Reparto Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Masatoshi Nagase, Kyara Uchida

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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