EL REY DE LA HABANA


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CARNE, HARAPOS, DESPERDICIOS, DESORDEN, EXCESOS Y PRIVACIÓN

por Antonalva

¡Qué talento el de Agustí Villaronga para retratar con arrebatada pasión la deformidad moral,  la extravagancia narrativa, la chaladura estética y la rareza humana! Pero al mismo tiempo que malversación de talento cuando la historia que nos propone acaba siendo un hacinamiento de atrocidades, calamidades, bajezas e infamias que apenas configuran un relato coherente ni atrayente, con muchos cabos sueltos, arritmias, saltos y carencias, que hiede a cada paso sin provocar la compasión ni el interés del asqueado espectador, que contempla perplejo el catálogo de vesanias y asperezas que se agolpan casi desde el primer plano.

“Me llamo Reynaldo, Rey de la Habana”

Parece querer decirnos que cuando sólo hay pobreza y penuria, cuando apenas se alcanza lo mínimo para subsistir, tan sólo queda el cuerpo, la carne, la sensualidad, la sexualidad y la lujuria concupiscente para aliviar el interminable erial del presente. Pero tanta libido desbocada, tanta carnalidad voluptuosa, tanto ayuntamiento enloquecido, tanto erotismo turgente, tanta lascivia babeante acaba por cansar y aburrir porque la capacidad de sorpresa, escándalo o admonición acaba por difuminarse hasta casi desaparecer. Sabemos que la variedad de la carne es casi infinita, pero las permutaciones, combinaciones y enredos son limitados y repetitivos. No hay nada más aburrido que asistir a un edulcorado Kama Sutra de salón burgués con ínfulas de transgresor aplicado. ¡Qué inflación de carne prieta!

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No niego que la propuesta carezca de interés y el retrato de un mundo sórdido, sin presente ni futuro, casi apocalíptico, está muy logrado, pero la verdad es que en conjunto la cinta navega sin rumbo, dando tumbos, cabriolas, bandazos y piruetas sin que los episodios que se muestran acaben configurando nada que tenga mucho sentido, ni haga avanzar la narración – que parece contagiada del estancamiento vital que refleja – ni aporte nada más que un sumatorio cansado de coitos desmayados, un renqueante toqueteo libidinoso suplementario, un despelote masculino o femenino o ambiguo que añadir al olvido. Parece más el cuento de un viejo verde que no el de un cineasta de talento.

La mera acumulación de desgracias o bajezas o depravaciones  no configuran una cinta con suficiente interés que nos haga llevaderas las algo más de dos horas de metraje, en que cada minuto se hace sentir como los días sin pan que presenciamos, entre la incredulidad y el hastío. Todo el elenco está perfecto en sus cometidos, la ambientación es insuperable y primorosa. Y, sin embargo, estamos ante un producto fallido, que parece sucumbir a su propia pretenciosidad preciosista de lo esquinado.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|


Título original El Rey de La Habana Año 2015 País España Director Agustí Villaronga Guión Agustí Villaronga Reparto Maykol David, Yordanka Ariosa, Héctor Medina, Ileana Wilson, Chanel Terrero, Jazz Vila

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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