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EL RETRATO AMARGO DE UN INEXORABLE FRACASO

por Antonalva

Años noventa. El mundo de la música – y sus múltiples soportes y modas – evoluciona a velocidad de vértigo. Y tener talento no basta o no es lo determinante. Y entre los músicos y sus consumidores va construyéndose un nuevo perfil mediático, el pinchadiscos o DJ, que añade su creatividad, su ingenio y su personalidad a ese mundo etéreo e inasible de los sonidos, al mundo de la noche y sus ramificaciones. Quizás ha llegado el momento de mirar atrás sin ira y ofrecer un retablo desapasionado de lo que fueron aquellos años y de algunos de los protagonistas (que no estrellas) de aquellas convulsas sesiones, que basculan entre el paraíso y el infierno, entre la gloria y la condena, entre el éxtasis y la adicción.

“Menos mal que no te drogas”

Pero la intención y la atención fluctúan sin demasiado equilibrio ni concierto. Podríamos estar ante un relato generacional, pero los años se suceden en cascada, sin nada que señale ni la evolución ni el estancamiento de sus protagonistas. Como si hubieras tenido que haber estado allí para captar los matices y sintonizar con los mensajes que sin lugar a duda se lanzan, pero que se quedan sepultados tras una narración voluble, sin cadencia, sin compás, sin consonancia ni resonancia. Hay demasiado huecos, tiempos muertos, silencios y sobrentendidos que dificultan el visionado y te trasladan a un mundo del cual no te hace partícipe, ni te da sus claves. Es como si todo lo relevante ocurriera fuera de campo y tuvieras que imaginarte lo que no hay, lo que no ves, lo que no entiendes.

El interés estriba en que la mirada clínica, fría, casi quirúrgica de la directora ofrece un sinfín de situaciones que por su mera acumulación acaban configurando un tapiz sonoro sobre el que resalta todo lo que nos hurta a la mirada y oculta a la narración. El rompecabezas laborioso va configurándose escena a escena, que en sí mismas carecen de mordiente o de peso o de interés, pero la suma tenaz de los episodios arrítmicos nos va ofreciendo un mosaico de lo que pudo ser y no fue, de lo que hubo. Vacío y vacuidad. Y queda un regusto áspero a descalabro, a esterilidad, a acorde inconcluso, a pozo sin fondo. La sima del naufragio tiene olor a azufre infernal pero sin la teatralidad ni el histrionismo del melodrama.

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Quizás demasiado larga e irregular, demasiado glacial e impasible, propensa a insuflar abulia en vez de energía, deja insatisfecho y con la sensación de que para semejante viaje no hacía falta tanto trasiego infecundo.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Título original Eden Año 2014 País Francia Director Mia Hansen-Løve Guión Mia Hansen-Løve,  Sven Hansen-Løve Reparto Félix De Givry, Pauline Etienne, Laura Smet, Vincent Lacoste, Vincent Macaigne, Greta Gerwig, Golshifteh Farahani, Brady Corbet, Hugo Conzelman, Roman Kolinka

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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