SIEMPRE ALICE

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 ¿QUIÉNES SOMOS CUANDO DEJAMOS DE SER NOSOTROS MISMOS?

por Antonalva

Estamos ante un retrato sereno, pausado, escalofriante, desgarrador, sensible y atroz sobre el imparable deterioro mental de una mujer de carrera, brillante y exitosa, que con apenas 50 años recién cumplidos se encuentra con que padece la enfermedad de Alzheimer. El gran acierto es mostrar el inexorable declive de esta mujer singular que ha hecho de la brillantez intelectual su forma de vida, su esencia, su realidad, su sustento. Y por eso resulta especialmente cruel que su privilegiado cerebro se vea asediado por la desdicha del olvido, por la decadencia insondable del lento borrado de las palabras, por la desorientación y la pérdida de sus cualidades más preciadas y preciosas: la capacidad de articular, expresar, crear, investigar y ahondar en los misterios de la existencia.

No tengo que ser justa. Soy tu madre.

La enfermedad cae como un mazazo. Ella trata de buscar formas para no acabar de perder su dignidad como ser humano, su capacidad de decidir por ella misma lo que quiere y cuándo lo quiere y se va volviendo un pelele indefenso, paralizado por su incapacidad de reaccionar, asediada por una dolencia que disuelve la propia vida como un azucarillo y te pone a merced de las voluntades y antojos de los demás porque uno mismo ya no puede hacerse cargo de la supervivencia.

Y por ello esta cinta también trata sobre el abordaje según las diferentes formas del amor y de cómo reaccionan y se posicionan ante el lento goteo hacia la nada. Porque si bien muestra que el amor sólo no basta (por ejemplo, el de un amantísimo marido, que no sabe encajar los destrozos inasumibles que presencia), también nos ofrece la otra cara de la moneda, el de una hija – en apariencia descarriada – que asume la tarea de acompañar , desde un amor altruista e inmaculado, a su madre. Sólo el amor paciente proporciona un asidero, por liviano y tenue que sea. Sin amor es cuando nos quedamos sin nada.

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Pese a la falta de sorpresas narrativas, a la situación única que apenas permite progresión dramática por su previsibilidad, y a ciertas arbitrariedades en las reacciones no siempre bien engarzadas ni justificadas de los familiares que rodean a la enferma, la película funciona, emociona y convence. Porque se centra en lo esencial (ese sufrimiento ayuno de palabras), transmite veracidad y nos hace resonar con el fatal destino reflejado. Y la máxima fortuna es contar con una excelsa Julianne Moore que borda su papel, acertando con cada gesto, con cada matiz, con cada vacilación o exabrupto. Sencillamente memorable. |✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Título original Still Alice Año 2014 País Estados Unidos Director Richard Glatzer, Wash Westmoreland Guión Richard Glatzer, Wash Westmoreland Reparto Julianne Moore, Alec Baldwin, Kristen Stewart, Kate Bosworth, Hunter Parrish, Erin Darke, Shane McRae, Victoria Cartagena, Stephen Kunken, Eha Urbsalu, Cali T. Rossen, Kristin Macomber

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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