BIRDMAN


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NADA ES POR AMOR AL ARTE

por Pomovi

Al final, todo se reduce al ego. El que los actores necesitan alimentar cada vez que suben a un escenario o se plantan delante de una cámara, pero que camuflan bajo el manto del arte, como un acto altruista hacia los espectadores, como un bien social. O como el que se autoadministran los críticos cuando señalan el rumbo de una obra tras la comodidad de una pantalla de ordenador, conscientes de su poder de movilización de masas. Si ya a pequeñísima escala uno ya escribe pensando en el número de seguidores, en la relevancia social, qué no ocurrirá con los grandes astros del cine, almas en el fondo acomplejadas en búsqueda constante del titular.

Ustedes son pura mierda

Sobre esa industria del entretenimiento, siempre necesitada de teletipos, y sobre los que de alguna manera se encuentran atrapados en ese círculo vicioso trata valientemente Birdman. No sólo porque lanza escupitajos hasta al apuntador, público incluido, sino porque supone un giro radical en la carrera de su director, un Alejandro González Iñárritu bastante habilidoso en el terreno del drama social pero que ahora se demuestra también virtuoso en un ámbito mucho más complicado, el de la crítica intelectual.

Porque la historia de Riggan, una estrella del cine de superhéroes en horas bajas, es todo un mazado de crudeza y honestidad para un star-system tan ocupado mirándose el ombligo, tan autoconsciente de su trascendencia, que no se da cuenta de lo volátil y efímera que se ha convertido la fama. En la era de los tweets, las visitas y los fenómenos virales, la lucha por el trending topic se ha vuelto encarnizada, hasta el punto que los minutos de gloria se alcanzan a base de esperpentos.

Riggan se encuentra inmerso en esa espiral de constante insatisfacción, obsesionado con llegar a un público anónimo y desalmado, una audiencia ávida de la carnaza suficiente para rellenar sus conversaciones de bar y sus timelines, ese otro foro del narcisismo en el que todos buscamos nuestro pequeño espacio de relevancia. De ahí que la escena del protagonista corriendo en calzoncillos por Times Square, ante cientos de smartphones en busca del mejor ángulo, sea tan brillante y paradigmática de la situación actual, que sólo puede condenar al fracaso y la frustración a aquellos que buscan sobresalir con dignidad de la muchedumbre.

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Rodada en un falso plano secuencia, por momentos asfixiante, Birdman en realidad está plagada de pequeñas grandes escenas, en las que interpretaciones, diálogos y puesta en escena se alinean a la perfección para dejar en evidencia el show business. El rapapolvo de la hija de Riggan (fantástica e irreconocible Emma Stone) o la conversación con la todopoderosa crítica del The New York Times la noche antes del gran estreno de Broadway con el que el protagonista busca encauzar su carrera no tienen desperdicio, por no mencionar la batalla interior que Michael Keaton libra con su propia conciencia, un superhéroe alojado en el pragmatismo del dólar.

En un ejercicio de metaficción sobresaliente, Iñárritu escoge un plantel de actores cuya situación real encaja perfectamente con el argumento de la cinta. Un olvidado Keaton busca despegarse de la máscara del hombre murciélago con un registro radicalmente distinto, pero un intérprete más consolidado (Edward Norton se sale durante todo el metraje) eclipsa en cierta manera su enorme esfuerzo. Al final, Birdman es el mejor ejemplo de su propia máxima: la popularidad se persigue, pero el prestigio se gana. Iñárritu, desde luego, se lo ha ganado. |✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

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NI ÍCARO NI AVE FÉNIX: EL PAJARRACO ANÉMICO NO REMONTA EL VUELO

por Antonalva

Que tedioso es utilizar la técnica para maquillar, velar u ocultar la falta de ideas o las incongruencias de una trama exangüe, repetitiva, ostentosa, hinchada e indigesta. Porque estamos ante una de las películas más sobrevaloradas de la temporada, donde se confunde pretendida brillantez con falsa pedrería de saldo o bisutería de mercadillo veraniego: brilla, parece querernos seducir, se contonea garbosa pero deja a las claras que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. En este caso, las ansias por impactar visualmente (¿celos de Alfonso Cuarón?) acaban por acogotar y lastrar lo que podría haber dado lugar a una película interesante sobre lo que es el estrellato, la popularidad y el talento.

No le faltan virtudes reseñables: sobre todo los actores están perfectos en un ejercicio coral muy elogiable, donde se complementan con envidiable fluidez, complicidad y compenetración. También resalta el reflejo del mundo del teatro, con sus servidumbres, enconos, petulancias, orgullos, egos estratosféricos e inseguridades abisales o arbitrarios críticos prejuiciosos… todos están retratados con cruel malicia, penetrante poder de observación y astuta ironía. Pero el intento de filmar la mayor parte de la cinta en un único (falso y falaz) plano secuencia no es una de sus virtudes, ya que lastra la fluidez narrativa, resulta artificioso y cansa porque hay demasiados momentos de tránsito (para maquillar los ensamblajes ‘invisibles’ o para demostrar un virtuosismo que no es tal). El cine es emoción y esta película no emociona ni a las plañideras de pago.

Trató de follarme delante de toda la audiencia

Por ello, el conjunto me resulta insatisfactorio, como si su director y coguionista hubiera querido abarcar demasiadas cosas, sucumbiendo a su exceso de ambición. Se hace pesada, premiosa, cansina, repetitiva y previsible. Su temática tampoco es nueva (¿qué es talento?, ¿qué es la fama?, ¿están relacionados?) ni se presenta ninguna variación novedosa ni ninguna reflexión original, tan solo asistimos a la enumeración de los consabidos tópicos (éxito mediático frente a talento esforzado, crítica mendaz y recelosa cegada por su vanidad prepotente, fatigosa relación paterno-filial emponzoñada por las ausencias laborales de un padre distraído y narcisista, etc.). Y uno se pregunta qué nos quieren decir o qué nos quieren contar que justifique y compense el precio de la entrada.

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Sin llegar a ser un truño, se acerca peligrosamente a serlo. Es pretenciosa, asfixiante y naufraga sobre todo por el tono de jactanciosa importancia y arrogante trascendencia que tiene y los aires de inteligencia autosuficiente y chulesca con que se reviste. El insoportable lastre de la petulancia. |✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Título original Birdman Año 2014 País Estados Unidos Director Alejandro González Iñárritu Guión Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo Reparto Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough, Amy Ryan, Merritt Wever, Joel Garland, Natalie Gold, Clark Middleton, Bill Camp

Sobre nosotros @pomovi

Periodista con una seria adicción al cine y las series de TV

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