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BOTIQUÍN DE CUERPO Y ALMA: LA MORTIFICANTE INVISIBILIDAD DE LAS HERIDAS 

por Antonalva

Tres personajes, tres condenas, tres fracturas de incierta sutura, tres llagas que supuran lodazales de sangre y ciénagas de dolor, tres almas en pena que apenas se mantienen en pie y que sólo a través de un movimiento frenético y tenaz consiguen perdurar, unidos a la vida por un hilo invisible entre la esperanza y el desconsuelo más atroz… Hay tanto en esta cinta, ofrece tal avalancha de sugerencias, un exuberante alud de ideas, un arrollamiento frenético de sensaciones, vivencias, impresiones, conmociones, turbaciones, perplejidades, chillidos, excitaciones, galerías y atolladeros que produce un desbordamiento palpitante de los sentidos, que se abruman y colapsan de tan ingente riqueza de propuestas que podrían dar aliento a una docena larga de películas y no agotarse…

Una madre no se levanta una mañana dejando de querer a su hijo

Tres destinos desatinados. Tres supuraciones emboscadas que corroen al alma, carcomen la esencia y dejan exhausto, exánime. Vida y muerte. Fulgor y catacumba. Principio y fin. Siempre en movimiento, siempre en un callejón sin salida. Hay tal abundancia y fertilidad en estas casi dos horas y media de torrencial y furioso empuje que pasan como un soplo fugaz, inasible, perdurable, tormentoso, hoguera y aquelarre de fatalidad e ilusiones quebradas. Tres vidas unidas por el amor, por el dolor, por las ganas de vivir y no darse por vencido, salir adelante a cualquier precio aunque el coste sea oneroso y esté fuera de todo alcance… ¿Cuántas veces hemos oído – y experimentado – que el amor sólo no basta para salir adelante, para seguir en la brecha, para sobrevivir? Y sin embargo volvemos a intentarlo, reunimos fuerza de flaquezas y volvemos a embestir la vida como si todos los golpes no nos hubieran hecho mella o zaherido o abatido jamás.

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Esta hipnótica cinta no explica nada, sino que expone, deja al espectador libre para que ate cabos y haga asociaciones y conexiones, reconstruya pasados, busque y escarbe bajo su superficie tersa llena de aristas la complejidad del devenir de personas desafortunadas, caóticas, imprevisibles y afligidas. No sienta cátedra ni siembra certezas, sólo abre heridas y plantea interrogantes de difícil y nada unívoca resolución. Deja todo abierto al debate, a la duda, a la exploración. La certeza anquilosa, congela y mata. Donde hay vida hay esperanza. Aunque sea para equivocarse.

No gustará a todos – ni lo pretende – y sobre todo desagradará a los que necesiten respuestas inequívocas y tajantes ante los desafíos cotidianos. La libertad es lo que tiene: no todos saben hacer uso de ella, ni quieren, ni pueden. Desaforada, volcánica y tectónica. Un diamante en bruto.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

 

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YOU´RE GONNA BE THE ONE THAT SAVES ME

por Ulher 

Los fantasmas de Dolan se presentan de nuevo en Mommy, su último y laureado trabajo. Un pasado omnipresente en la trayectoria del joven realizador desde aquella extravagante y encantadora Yo maté a mi madre (2009) hasta la recién llegada experiencia extrasensorial que es Mommy. Las complejas relaciones maternofiliales en las que prima el histerismo han sido y siguen siendo la horma dónde se sustentas las narraciones de Dolan. En ocasiones se elaboran junto a las fobias y filias de diversas identidades sexuales y en otras, como ahora, aparcan su lado más rosa para deslumbrar a golpe de madurez.

Concienzudamente provocador, Dolan parece acomodarse en un género que maneja con la maestría de grandes veteranos. Digo parece, porque el incontrolable bofetón que propina al espectador conforma todo un riesgo. El lenguaje de este subyugante análisis a una educación cuestionada, a un sistema social desquiciante, a imposiciones afectivas y también a la figura femenina dentro de una familia monoparental, es puro magnetismo a pesar de encontrarnos ante un relato con una gran carga emocional y a ratos asfixiante. El filme transita con pasmosa solvencia del nudo en la garganta hasta la sonrisa más férrea. Una montaña rusa que conduce al espectador a un estado constante de sentimientos de a flor de piel. Una de esas contadas ocasiones en las que los títulos de crédito no cierran una película.

Yo te voy a seguir queriendo pero tú me querrás cada vez un poco menos

Dolan impregna todo el metraje de un halo de íntima nostalgia, de profunda aflicción. Se inmiscuye con admirable fluidez en el dolor ajeno corriendo las cortinas hasta la mitad para que sintamos la claustrofobia, la angustia, el delirio de unos personajes agasajados por la vida. De ahí que el uso del formato 1:1 no sea una arbitrariedad. Puede presentar cierta incomodidad por su escasa frecuencia o por los opresivos primerísimos planos sin fugas, sin embargo se antojan imprescindibles no sólo en el juego metafórico – momento cinematográfico del año – de su director sino que funciona como un complemento a la narración.

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En el universo Dolan no hay lugar a la sutileza. Lejos de pulir los excesos que le dieron a conocer, los ensalza. Pronunciados filtros, ralentizaciones a doquier y un acentuado y acertado apoyo musical son ya marca de la casa y aquí lucen mejor que nunca. Temas como el vital Wonderwall que conducen a una inapelable adolescencia de cigarros y pajas, o ese autodestructivo Born to die dejando el alma por el sueloLo mismo puede decirse de sus actrices fetiche. Anne Dorval y Suzanne Clement. Dos interpretaciones de vértigo. De esas que dejan a la sala tiritando. Dorval es un animal de la pantalla que embasta la emotividad en cualquier instante. Con sólo una mirada detiene el tiempo. Suyo es uno de los momentos claves de la cinta frente a una ventana. Aquí tiene que medirse, o más bien complementarse, con otra actriz de su talla. Clement mantiene la intensidad con uno de los personajes más bellos que se han prodigado últimamente por las salas. A ellas se suma el alter ego de Dolan. Antoine-Olivier Pinon alcanza el más difícil todavía y es que no sólo el público llegue a empatizar con su personaje sino conseguir quererlo.

Hay algo en Mommy que la convierte en la joya más preciada de Dolan. En un análisis más milimétrico tal vez se eche en falta la voz desmedida del autor, esa que no atiende a razones y que forma parte de la inexperiencia, pero en su favor hemos obtenido el trabajo más cuidado y emotivo de l’enfant terrible. Una experiencia cinematográfica de altura. El trabajo que encumbra al director en autor. Inolvidable. |✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

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¿QUIÉN PUEDE ODIAR A DOLAN? 

por Pomovi 

Cuenta Xavier Dolan que escribió Yo maté a mi madre como venganza hacia su progenitora tras una sonora bronca y que Mommy le ha servido para resarcir aquella puñalada. Chico complicado debe ser este canadiense que sin embargo con sólo 25 años ha logrado gestar cinco notables películas, la última de ellas sin duda la más emocionante e intensa. Bonita manera de reconciliarse con una madre, regalándole a ella y a medio mundo el homenaje más puro y honesto, libre de atajos y almíbar.

Es admirable cómo Dolan ha conseguido labrarse en tan poco tiempo una legión de seguidores y detractores tan pronunciada. Y resulta bastante sencillo identificarse con ambas posturas. Mientras los primeros, modernos ellos, han encontrado en el joven director el soplo de aire fresco que hacía falta en sus vidas, los haters siguen centrándose en la extrema juventud y en las evidentes influencias del que consideran otro niño caprichoso con ínfulas de cineasta. Fácil empatizar hasta ahora, porque a partir de Mommy es imposible negarle al canadiense un talento que desborda cualquier tipo de antipatía.

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Dolan ya ha rechazado públicamente a Almodóvar, Tarkovsky o Fassbinder como fuentes de inspiración. En un ataque de sinceridad (o de arrogancia) asegura que su mayor influencia está en películas que vio de niño. Filmes comoBatmanSra. Doubtfire oTitanic y que certifican que, o bien el resto de mortales no supimos entenderlas o bien este chico cuenta con una mente privilegiada. Porque resulta impensable encontrar en cualquiera de ellas una mínima semejanza con Mommy.

¿Cómo abordar la compleja relación entre una madre viuda y su hijo adolescente con TDA e hiperactividad sin caer en el sentimentalismo o la condescendencia? Las señas de identidad de Dolan, ese cierto histrionismo verbal y visual, no parecían las más adecuadas. El formato 1:1, sin ir más lejos, se antojaba como un recurso gratuito y desesperado para llamar la atención y, sin embargo, adquiere enseguida un sentido en la trama que no hace sino reforzar el mensaje de libertad y opresión, los dos estados de ánimo entre los que esta obra maestra se mueve con pasmosa habilidad.

Como si de su propio alter ego se tratara, el Steve que construye Dolan también busca desesperadamente captar la atención del espectador. No es un protagonista amable, puede provocar rechazo, y en cambio Antoine-Olivier Pilon lo convierte en un ser entrañable, capaz de generar una gran complicidad no sólo con sus dos compañeras de reparto, soberbias tanto Anne Dorval como Suzanne Clément, sino con toda una platea sumergida en ese maravilloso microcosmos construido por un trío de seres marginales.

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Porque lejos de una relación maternofilial habitual, la de Steve y su madre se adereza con una tercera presencia indispensable, la de una vecina tartamuda con vida acomodada pero nada plena. Un vacío que llenan dos seres inestables, violentos, imprevisibles, pero tan puros y transparentes que son los únicos que consiguen que las palabras fluyan de su boca sin cohibiciones ni miedos. Hay momentos entre estos tres protagonistas que son la mejor representación de la felicidad que se haya proyectado nunca en pantalla. Y sí, uno de ellos lo protagoniza una canción de Céline Dion.

Entre la libertad y la opresión, decíamos, se va desenvolviendo esta preciosa historia, que refleja pero no edulcora la complejidad de las relaciones humanas, cargadas de sueños, de esperanza, de felicidad, pero también de miedos, desaliento y decepciones. Por todos esos estados de ánimo va pasando detenidamente Xavier Dolan, con una madurez incontestable y una asombrosa puesta en escena. A críticos o fans, espectadores todos, sólo nos queda rendirnos ante la evidencia de que, efectivamente, estamos asistiendo a la consolidación de un pequeño gran autor. Filias y fobias aparte, es innegable que Mommy es pura y llanamente una genialidad. |✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

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EL AMOR DE UNA MADRE

por Time Bandit

Esta es una obra que nos muestra a una madre y a su hijo pero que nos cuenta mucho más que eso. Es una historia de supervivencia y resistencia. Cuando todo va mal seguramente irá aún peor. Cuando parece que la cosa va bien todo se torcerá en el momento más inesperado… pero eso no es motivo para rendirse, sino para seguir luchando, especialmente cuando se trata de hacerlo por las personas que más te importan en la vida. Porque, aunque parezca que ésta se oculte, siempre hay esperanza; aunque los caminos para llegar a ella puedan parecer contradictorios. Aunque el tono general de la obra contradiga con ella, en todo momento muestra un halo de esperanza hasta en los momentos más oscuros. Los tres personajes que forman el eje central de la función son tres personas heridas y cansadas de sufrir, pero que en ningún momento se rinden, sino que buscan constantemente la forma de mejorar su situación; aunque, como buenos humanos que son, pueden confundirse en su búsqueda.

Agarrarle los huevos al futuro… que le den al pasado

Uno de las apuestas más curiosas y uno de los mayores aciertos de Xavier Dolan en el aspecto técnico es el apostar por el 1:1. Con gran presencia de primeros planos cerrados, lo que consigue encerrar en ese diminuto cuadrículo a sus personajes y al público con ellos. Este limitado espacio visual sirve como caja de resonancia de las emociones y las acciones de los personajes logrando magnificarlos. También consigue convertir al espectador a una especie de intruso del espacio más íntimo de los protagonistas. Al mismo tiempo, las pocas escenas rodadas en formato convencional sirven perfectamente como contraste del resto.

Una de las consecuencias del uso constante de los claustrofóbicos planos cerrados es el enorme peso que recae sobre los hombres del triángulo protagonista, que salvo en algunos momentos en los que el histrionismo y la sobreactuación llegan a anular el dramatismo, cumplen perfectamente al interpretar sus respectivos personajes, consiguiendo la empatía, incluso la simpatía, del espectador pese, a todos los defectos de sus criaturas. Anne Dorval consigue dar vida a una madre sufridora, capaz de sacrificarse y hacer todo lo que fuera por su problemático hijo (que podría haber sido sacado de alguna edición de “Hermano mayor”), pese al comportamiento y los malos tratos que recibe de su parte. A éste último le da vida Antoine-Olivier Pilon, que resulta convincente, creíble al interpretar en todas sus facetas a un personaje bipolar y complejo. Y para finalizar el trío, tenemos a la vecina insegura interpretada por Suzanne Clément, que logra dotar a su personaje de una entrañable sensibilidad.

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Es una obra dura e intensa, que en ningún momento trata de ablandar sus modos, sino que trata de llegar hasta el espectador de forma directa, lográndolo con éxito en la mayoría de los casos; en otros, por el contrario, su tono hiperactivo y exagerado se vuelve en su contra. Pero, salvo esas contadas excepciones, la película cumple perfectamente con su cometido, dejando varios momentos antológicos que quedarán guardados en la memoria cinéfila de los espectadores, debido a su eficaz intensidad que logran retratar toda la tensión y el dolor de sus protagonistas. Puede gustar o no, pero no puede dejar indiferente.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Título original Mommy Año 2014 País Canadá Director Xavier Dolan Guión Xavier Dolan Reparto Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon, Suzanne Clément, Alexandre Goyette, Patrick Huard

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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