HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS

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NO SOMOS NADA (Y SIN WIIFI TODAVÍA MENOS)

por Juan Solo

Ha pasado casi una década desde que debutara en la dirección con la más que interesante Gracias por fumar. Diez años y seis películas después, Jason Reitman sigue fiel a su estilo y a sus obsesiones; el objetivo de su cine parece centrarse en mostrar la desorientación del hombre moderno ante el mundo caótico en el que le ha tocado vivir. Buenas, malas o regulares, las películas de Reitman no se acaban cuando uno abandona la sala, sino que generan un debate posterior que puede resultar incluso más estimulante que lo que se acaba de ver en pantalla. Y sin duda eso es algo de agradecer, especialmente en un cine como el americano tan dado a pontificar siempre. Temas de indudable repercusión sociológica como los embarazos adolescentes, la alienación laboral o las leyes anti-tabaco ya han sido abordados por Reitman en sus anteriores películas. Es cierto que en algunas de ellas se nos ha mostrado como un cineasta excesivamente tendencioso y conservador, pero no es menos cierto que al final de todas siempre termina por lanzarnos la pregunta del millón. Y esta no es otra que la siguiente: ¿dónde acaban nuestros derechos y nuestras libertades, dónde por consiguiente empiezan los derechos y las libertades de los demás?

¿Te puedes escapar? Me siento vacío y solo

La pregunta se repite en esta nueva propuesta. La aldea global pierde todos sus epítetos y se queda simplemente en aldea al ser presentado nuestro mundo como un punto minúsculo perdido en el caos del universo infinito. Nuestros problemas igualmente reducidos a una insignificancia en comparación con tal inmensidad. En contra de lo que señalan muchas críticas la imagen del Voyager sobrevolando nuestras cabezas no me parece ni pretenciosa ni símbolo de autoridad moral, sino más bien de todo lo contrario. Y si encima la voz que “viaja” dentro de ese Voyager es la de Emma Thompson, pues ya me contarán.

En este contexto, Reitman teje su red y nos presenta la típica película de historias cruzadas, no tan típica en su caso pues el protagonista de sus títulos precedentes siempre solía ser el ser humano como individuo. A través de las relaciones entre los diferentes personajes de esta comunidad, que actúa haciendo las veces de microcosmos, vemos cómo Internet ha venido para quedarse y cambiar definitivamente nuestra forma de relacionarnos. No siempre para bien. Nada mejor que las redes sociales para dejar en evidencia nuestras soledades, nuestras frustraciones y nuestros miedos.

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Se trata de una propuesta interesante, imperfecta quizá, algo reiterativa tanto en su forma como en su fondo. Esas continúas sobreimpresiones de los mensajes en pantalla llegan a saturar, pero acaso no es obvio que las nuevas tecnologías también nos saturan y apenas nos damos cuenta. Reitman acierta en uno de sus habituales puntos fuertes como es la dirección de actores y proporciona a su película el tono adecuado. No entiendo que se haga tanta sangre con esta película, a no ser que alguien se sienta directamente aludido. Hombres, mujeres, niños… más bien hombres y mujeres que se comportan como niños, niños que demuestran ser más maduros que sus mayores. La madurez es clave para educar sobre el uso de Internet. Madurez y equilibrio, el necesario para no ser ni demasiado permisivos ni pasarnos de la raya e irnos al extremo contrario. Y es difícil lograr ese equilibrio. Una vez más, Reitman consigue que nos sentemos a reflexionar.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Título original Men, Women and Children Año 2014 País Estados Unidos Director Jason Reitman Guión Jason Reitman, Erin Cressida Wilson Reparto Adam Sandler, Jennifer Garner, Rosemarie DeWitt, Emma Thompson, Judy Greer, Katherine Hughes, Ansel Elgort, Dean Norris, J.K. Simmons, Kaitlyn Dever, Dennis Haysbert, David Denman

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