FILTH, EL SUCIO

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UN POLICIA PERTURBADO

En el cine clásico se solía presentar un arquetipo de policía de comportamiento y principios intachables, ya sea dentro o fuera de servicio; siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo con la mejor intención y sin esperar nada a cambio. En el polo opuesto de esa imagen se encuentra Bruce Robertson, protagonista de esta historia, un ser ordinario, maleducado, sucio, misántropo, adicto al sexo al alcohol y a las drogas; y carente de todo tipo de autocontrol o de sistema ético. A simple vista, podría parecer un producto similar a la saga Torrente, pero a parte de dichas similitudes entre sus respectivos personajes centrales, no se encontrará ninguna similitud con las obras protagonizadas y dirigidas por Santiago Segura. A diferencia de lo que sucede en éstas, no nos dedicamos simplemente a ver las fechorías de un ser repugnante, sino que ahonda en las raíces que han llevado a convertirlo en lo que es.

Sin duda alguna, la película resulta un vehículo perfecto de lucimiento para un James McAvoy desinhibido; encargado de dar vida al protagonista absoluto de la función, en una gran elección de casting. McAvoy consigue que su personaje resulte desagradable, incluso que lo odiemos; pero al mismo tiempo consigue que sintamos lastima por él, llegando a guardar cierta simpatía pese a todas las aberrantes acciones que le hemos visto cometer durante todo el metraje. El protagonista se encuentra en todo el momento arropado por una genial corte de secundarios, en el que destacaría Eddie Marsan, bordando el que seguramente sea el personaje más inocente de la obra, lo que le convierte en una de las presas predilectas de Bruce Robertson.

La gente me pregunta: Carole, ¿cómo hacéis tú y Bruce para mantener el fuego del matrimonio?

Es una obra que va in crescendo. Empieza presentando el personaje, sus motivaciones y sus múltiples defectos, para poco a poco ir profundizando en todos ellos, haciendo que el espectador pueda conocer poco a poco el pasado del protagonista, revelando así la respuesta a los interrogantes acerca de su comportamiento presente. Lo que en un principio parecía una simple comedia zafia acerca de un personaje abominable, resulta esconder bajo su piel un amargo drama que irá enseñando los dientes poco a poco. Si el principio era prometedor, los compases finales del metraje llegan a ser apoteósicos; a los cuales se les ha añadido unos curiosos créditos de despedida que no tienen desperdicio.

Historia basada en la novela Escoria de Irvine Welsh (Escritor de Trainspotting) y llevada a la gran pantalla por Jon S. Baird. La trama se nos cuenta de forma no lineal, sin despegarse del protagonista central de la obra en casi ningún momento, convirtiendo al espectador en testigo constante de su deambulante recorrido. Si al principio parecía que la obra iba a tratar sobre el caso de asesinato de un joven asiático, y del ascenso que esperaba conseguir el protagonista si lo resolvía, pronto descubrimos que todo esto se trata sólo del desencadenante de todo lo que sucederá a continuación. En resumen, se trata de una obra dura, pero con más de un as guardado en la manga, y que logrará enganchar al espectador hasta su sorprendente final. Consigue fusionar su vertiente más cómica con su lado más trágico, logrando no sólo que la una no anule a la otra, sino reforzándose mutuamente logrando que la película encuentre su tono personal.

Por Time Bandit 

 

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INEXORABLE DESCENSO A LOS INFIERNOS 

Un policía de Edimburgo. Nos hacemos una idea de cómo podría ser su vida. Pues no, tiren todas las imágenes preconcebidas a la basura y déjense arrastrar por un carácter que parece predestinado al libertinaje: sexo obsesivo, consumo de estupefacientes (cuantos más, mejor), abuso verbal y físico de las mujeres de su entorno, manipulación maniquea e interesada de sus conocidos, delirios de grandeza, obsesión por tenerla más grande que los demás (y que lo sepan) – aunque en realidad sea un impotente salvo en contadas ocasiones gracias a alguna parafilia de difícil manejo y descripción – obsesión delirante con la esposa que lo abandonó, fijación con un hermano al que no pudo salvar la vida…

El listado de traumas y ofuscaciones es casi ilimitado. Y ninguno corresponde a lo que asociaríamos con un policía equilibrado y razonable. No hay más que exageración y desquiciamiento en un proceder que no sabemos si tiene su origen en la ruptura de su matrimonio (probable), en un irresuelto trauma de infancia (tópico no descartable), una obsesión cainita por quedar por encima de los demás y que al verse frustrada desemboca en el consumo escapista de drogas por doquier para así hacer llevadero su calvario… Hay muchas alternativas pero todas apuntan en la misma dirección: una vida atrapada en un callejón sin salida.

Aplican las mismas reglas

El retrato de la demasía y el desenfreno es excelente, aunque quizás algo monocorde y sin matices, ya que en el espectador se produce casi el mismo embrutecimiento y embotamiento emocional que en su protagonista: hay tanto exceso que el siguiente chute corre casi el peligro de pasar desapercibido o ser una mera repetición de lo ya conocido, transitado, reconocible y pasado. Y ahí radica la cruz de la película. Hay una desmesura intrigante e interesante, pero que acaba cansando porque no va a ningún lugar ni parece proporcionar nada que no sea el trillado retrato de un infierno privado abocado a la autodestrucción más salvaje. Es demasiado determinista y sin matices, sobradamente previsible.

Por ello – y si bien la generosa y enloquecida interpretación de James McAvoy es un aliciente añadido para recomendar su visionado – el resultado acaba sabiendo a poco. Deja un regusto agridulce a que ha habido más palabrería verbenera que faena diestra, más espejismo y simulacro que consumación y remate, más deseo que realidad. Un interesante intento por explorar el exceso que acaba casi en insustancial gatillazo. Aunque el final, por una vez, sea espléndido.

Por Antonalva 

Título original Filth (#Filth) Año 2013 País Reino Unido Director Jon S. Baird Guión Jon S. Baird Reparto James McAvoy, Imogen Poots, Jamie Bell, Joanne Froggatt, Eddie Marsan, Jim Broadbent, Emun Elliott, Kate Dickie, Shirley Henderson, Ron Donachie, Martin Compston

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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