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PARÍS MERECE ALGO MEJOR QUE UN ABURRIMIENTO PRETENCIOSO

El panteón de los proyectos bienintencionados, pulcros, correctos y atildados pero facundos y fallidos es incontable y abigarrado. Como prolija es la conversación entre sus dos casi únicos personajes: mera palabrería, embauco, embeleso, galimatías y tedio. No es tanto que se note que estamos ante la adaptación de una obra de teatro – que también – sino que asistimos a una argucia dialéctica que apenas alcanza que sigamos con indiferencia el ajedrez polemista de sus títeres exangües. No hay emoción, ni tensión, ni conflicto, ni casi polémica, tan solo un artificio hinchado y dilatado que bordea el hastío más absoluto.

Miremos amanecer sobre París

Que la guerra es un horror lo sabemos todo, que inmersos en el sinsentido de una debacle inminente cualquier matanza es una empresa estéril y bárbara que borra aún más la poca humanidad que queda a sus responsables, que todo esfuerzo por cumplir órdenes a sabiendas de su iniquidad y vesania es un disparate de difícil justificación… Éste es el tema central de la cinta paneuropea que comentamos. Es decir, ¿para qué tanto esfuerzo y tanto empeño en mostrarnos lo que no sólo sabemos y en lo que (espero) estemos todos de acuerdo? Cuando conocemos el desenlace de antemano y todo se reduce a contemplar a unos versados actores haciendo alarde de su talento retórico, ¿qué sentido tiene todo?

Además me produce malestar que se ponga en primer plano la locura que supone destruir una ciudad (por hermosa, emblemática y simbólica que sea) y se deje en un segundo plano a las personas, como si fueran meros figurines intranscendentes y del todo prescindibles. Se pone el foco sobre la ciudad como si la insensatez de su destrucción tuviera más importancia que la supervivencia y rescate de las personas que la habitan. Este error de tiro hunde por completo la implicación del espectador, que asiste perplejo a unas discusiones que parecen soslayar lo más importante: los seres humanos y su destino.

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Y para colmo de males hay otro detalle que pasa casi desapercibido: la cinta parece justificar que para alcanzar el objetivo propuesto (sea cual sea éste) está permitido mentir, engañar, embaucar, falsificar y confundir con tal de salirse con la suya. Peligrosa y nada inocente conclusión. Tergiversar la realidad a nuestra conveniencia sólo sirve para exonerar los afanes más funestos. Sus buenas y loables intenciones desembocan en la entronización del embuste más fraudulento. En definitiva, una película – muy a mi pesar – fallida.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Por Antonalva 

Título original Diplomatie Año 2014 País Francia Director Volker Schlöndorff Guión Volker Schlöndorff, Cyril Gely Reparto André Dussollier, Niels Arestrup, Robert Stadlober, Paula Beer, Burghart Klaußner,Charlie Nelson, Jean-Marc Roulot

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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