LOCKE / Un viaje nocturno

Un coche, un hombre y la noche. Eso es lo único que veremos en lo que dura el metraje de esta segunda película dirigida por Steven Knight; que se podría considerar como una especie de hermana pequeña de Buried de Rodrigo Cortés. Con la diferencia de que mientras la obra protagonizada por un reivindicable Ryan Reynolds era asfixiantemente claustrofóbica, ésta se trata de un thriller psicológico íntimo y personal, donde el aislamiento que padece el protagonista es una metáfora de la soledad que siente en ese momento tan crucial, como fatal, para su vida. Haciendo que la cámara no se separe prácticamente del protagonista, interpretado de una forma impecable por Tom Hardy; siendo la inmensa mayoría de los fotogramas que desfilan por la pantalla planos de su cara. Un gran desafío del que el actor ingles sale triunfal.

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Ivan Locke es un hombre normal al que la vida parecía sonreírle: forma parte de una familia feliz, y tiene un puesto de responsabilidad en su trabajo, donde es considerado como un trabajador ejemplar. Y precisamente cuando se encontraba en el mejor momento familiar y profesional, cuando va a pasar una noche muy especial con familia por un lado, y por el otro lado a la víspera de la que, seguramente, sería la jornada de trabajo más importante de su vida… todo se viene abajo por una llamada telefónica. Un error que cometió hace tiempo vuelve para morderle; y él en lugar de huir toma una decisión. Y aunque ésta arruine su vida familiar y profesional, está decidido. En ningún momento mira hacía atrás, y como en varias veces no recuerda su GPS, va en línea recta hacia su objetivo.

Puede que a muchos la idea de ver una película en la que sólo aparezca un actor, y por si fuera poco, encerrado en un escenario tan limitado como es el asiento de un coche en marcha pueda parecerles sinónimo de tedio. Nada más lejos de la realidad. Gracias a un guión muy bien estudiado y cuidado, en el que apenas hay bajones, se consigue una obra asequible y muy amena de ver; aunque a priori aparente todo lo contrario. Aunque Tom Hardy sea el único actor que aparezca en pantalla, su personaje no cesará de mantener conversaciones telefónicas con diferentes personas. La tremenda agilidad en la que se intercalan los interlocutores del protagonista, unidos a los más que acertados diálogos, reforzados por la actuación de Tom Hardy; da como resultado que la tensión creada vaya en aumento hasta el final del film. En contra punto, las partes en las que el teléfono permanece colgado, e Ivan Locke empieza a hablar consigo mismo recordando viejos traumas de su infancia; que aunque sirven para justificar su decisión y que el público comprenda al personaje; da la sensación de haber estado dibujada con brocha gorda.

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En resumen, estamos ante una película que trata de alejarse de lo convencional, estéticamente y narrativamente, pero sin alejarse tampoco mucho. Recomendable para todo aquel que busque una película en la que casi todo el peso de la acción recaiga sobre el talento dramático de los actores (en este caso, actor), sin que eso signifique renunciar a una elaborada y personal puesta en escena; pues ésta es otro de los puntos fuentes del trabajo de Steven Knight, donde las luces y los reflejos combinados con un correcto uso del encuadre dan como fruto varios momentos visualmente destacables. Aunque, bien es cierto, que en otros momentos termina resultando estéticamente monótono. Pero eso pasa a un segundo plano si la historia consigue engancharte.

Lo mejor: La actuación de Tom Hardy.
Lo peor: Cuando el protagonista narra sus traumas infantiles, mucho peor desarrollado que el resto del guión.

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Por Time Bandit

Título original Locke Año 2013 País Reino Unido Director Steven Knight Guión Steven Knight Reparto Tom Hardy, Olivia Colman, Ruth Wilson, Andrew Scott, Ben Daniels, Tom Holland.

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