AMANECE EN EDIMBURGO / Explosión de vitalidad: un musical entrañable

“Caminaría 500 millas”

Es arriesgado comenzar un musical en un carro de combate en mitad de una guerra, cantando sobre la inseguridad y riesgos del presente y porvenir, que haya una explosión fatídica… y sin embargo, tan impactante y atrevido comienzo ilumina con habilidad el resto del metraje, ya que sirve de necesario contrapunto a la luminosa espiral de amores y desamores que puebla su vivaz trama. El musical clásico es un género en desuso, casi descatalogado y anacrónico, que parece apolillado de puro rancio y desfasado, pero cuando acierta y alcanza la frescura e intensidad de esta pieza, nos reconcilia con la naturaleza artificiosa y demodé del engranaje de canciones y acciones que nos lleva como un torbellino hacia el resplandeciente desenlace, que no por pronosticable y deseado, deja de ser veraz y oportuno.

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El tema central es el amor y sus muchas ramificaciones, trampas, dificultades, artimañas, recovecos y pesadumbres. El camino más certero y diáfano para unir dos puntos (o a dos personas) casi nunca es la línea recta. Y si bien hay mucho de cliché o tópico en las dificultades e impedimentos que surgen a lo largo del camino, es su voluntaria falta de originalidad y total conformidad con lo previsible lo que confiere garra y lozanía a la superación de esas intrigas y obstáculos, estamos en un mundo almibarado y confortable donde los disgustos apenas duran dos escenas o un par de canciones que permitan el lucimiento vocal y gestual de sus protagonistas. A veces se nos olvida que el cine de género tiene unas convenciones y pactos que no por simples o predecibles dejan de tener su brío y efectividad.

La sencillez del argumento juega a su favor. Buscar retruécanos u honduras donde sólo se pretende entretenimiento, distracción y descaro es errar el juicio e impide el disfrute del diestro engranaje musical, ayuno de complejidades y voluptuosamente vital que arrastra como un cuento de hadas hacia esferas de distracción y claridad que nos reconcilia con el cine como entretenimiento amable, encantador, vigoroso, exuberante y nutritivo que nos ofrece un relato blanco y lleno de buenos sentimientos y mejores vibraciones que nos arrastra hacia el júbilo y exaltación final.

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El cine como apoteosis de los mensajes sencillos, como recreo e insolencia, como luz y festividad. No hay novedades, invención o riesgos, pero sí destreza, dulzura y simpatía. No es una cinta memorable pero sí lozana y fresca que rescata lo mejor de unas canciones amables y muy bien interpretadas que alcanzan lo que se proponen: entretener y hacerte olvidar las penas. Un primor.

Lo mejor: una coreografía final que borra los sinsabores de la vida.

Lo peor: su previsibilidad.

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Por Antonalva

Título original Sunshine on Leith Año 2013 País Reino Unido Director Dexter Fletcher Guión Stephen Greenhorn Reparto Peter Mullan, Antonia Thomas, Jason Flemyng, Freya Mavor, Jane Horrocks, Paul Brannigan, George MacKay, Kevin Guthrie, John Spence, Robert Yates

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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