BIG BAD WOLVES / Un toque de maldad: salvajes intuiciones policiales, humor negro y ensañamiento

“Estaría encantado de dejar de romperte los dedos.”

La sombra de Quentin Tarantino es sospechosa y alargada… pero sus frutos son a veces tan gratamente perversos como en este caso, una cruel, retorcida, violenta y muy entretenida película israelí que recoge lo mejor del maestro americano pero sin caer en la mera imitación, sino aportando una original dosis de aciertos, maldades y turbiedades que merecen atención y brillan por sí mismos. Porque más allá de unos diálogos brutales y unas imágenes desasosegantes, hay que destacar la consecución de su tóxica atmósfera de amenaza y el jocoso uso que hace de la truculencia humana en sus más aberrantes variaciones.

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Cuando un país vive rodeado de brutalidad desde hace décadas, es un acierto hacer uso de ese marco insalubre y sádico para pergeñar una crónica llena de aristas, excesos y sangre que atrapa al espectador desde el inicio y nos propone un descenso a los infiernos deshumanizados y endurecidos del crimen, la pedofilia, los excesos policiales y las acechantes nuevas tecnologías que todo lo ven y todo lo propagan como la pólvora. No existe el anonimato ni hay forma de ocultarse cuando todos espían a todos, cuando el teléfono móvil nos acompaña en todo momento y somos esclavos de su abominable terquedad y prevalencia. No podemos escapar ni siquiera de la sabrosa sopa preparada por una madre preocupada o de la llamada dócil de una esposa intranquila que nos recuerda la medicación que debemos tomar…

Con elementos sencillos, sin apenas boato ni parafernalia, nos adentramos en un mundo en apariencia plácido y bucólico donde el normal funcionamiento parece abolido, no hay ley que nos proteja ni ampare y los abusos están a la orden del día… ¿En quién confiamos? ¿De qué nos fiamos? ¿Quiénes son nuestros aliados y dónde acecha agazapado el enemigo? Pero todo ello trufado de un venenoso humor – negrísimo – que alivia tanta ponzoña y tanto atropello que parece engullirnos sin remisión ni consuelo. Quizás no sea plato de gusto ni disfrute para quien no sepa o quiera degustar de esta filigrana atroz, ya que si no entramos en el juego pérfido de esas ironías monstruosas, nos enfrentamos a un catálogo de atrocidades difícil de digerir o soportar.

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Por todo ello, la película puede – y debe – tener su público: está muy bien dirigida y escrita por el tándem responsable, te atrapa desde las primeras imágenes y se cierra con un plano turbador, que en su elegante falta de efectismo ilumina pavorosamente todo el relato. Pocas veces el envilecimiento se ha mostrado tan diestramente.

Lo mejor: su escalofriante atmósfera, su siniestro humor, su inmoralidad sin moralina.

Lo peor: el culposo disfrute de la depravación humana.

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Crítica de Antonalva

Título original Big Bad Wolves Año 2013 País Israel Director Aharon Keshales, Navot Papushado Guión Aharon Keshales, Navot Papushado Reparto Lior Ashkenazi, Tzachi Grad, Rotem Keinan, Dov Glickman, Menashe Noy, Dvir Benedek

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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