FRANCES HA / Tribeca no es para mí

“Me gustan las cosas que parecen errores”

Quién no ha soñado con vivir en Nueva York. El cine nos ha idealizado esa experiencia, nos ha hecho soñar con ver una película de Bergman al lado de un neurótico, conducir un taxi a lo loco, ponerse unos pantalones campaña para ir a bailar o cantar oír las calles vestido de marinero. Nueva York es un mito más del cine, tan potente que puede borrar lo que es la vida misma. Sin embargo, Noah Baumbach —nacido y crecido en la ciudad— ya nos demostró que, detrás de la modernidad de la gran manzana, se esconden los mismos problemas a los que estamos acostumbrados, incluso tienen un regusto más agrio: Una historia de Brooklyn (2005) mostraba una familia rodeada de libros y de esperanzas editoriales en el abismo, enfrentándose a un fin para el que ninguno estaba preparado.

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Frances Ha (2012) se mueve en esta misma desazón, la caída libre que trae consigo la madurez. Desde la universidad nos contamos una historia de éxito —que, como Hemingway, nos hace «muy pobres pero muy felices»— y creemos en un futuro siempre mejor, con todas las ilusiones cumplidas. Así pasan los años, se hacen cajas y se cambia de piso, los amigos se marchan lejos y todo de enfría y sólo queda un mundo en el que no hay mapa para moverse ni dinero para sobrevivir. Frances se encuentra en ese momento trágico para el que lo vive y cómico para el que lo recuerda —como si fuera una película antigua en blanco y negro— en el que no hay expectativas ni a corto ni a largo plazo ni encontramos a nadie al que coger de la mano para superar este pozo.

Baumbach consigue una vez más encantar al espectador a la vez que lo sumerge en la profunda angustia de los llamados millenials, jóvenes acomodados que alargan la adolescencia por encima de sus posibilidades. Pero, aunque el momento llegue tarde y parezcas viejo, afrontar la realidad es inevitable para cualquier generación. Se balbucea, se titubea, se defiende lo que se desaparece o se claudica ante todo lo que juramos no ser nunca. Parece que vamos acumulando errores en nuestra cuenta como si fueran números rojos, pero ese es el único camino para llegar a conocernos.

Aunque a ratos puede parecer una modernez más del cine de nuestros días, la película de Baumbach muestra este mundo de hipsters en el que nos ha tocado vivir para descubrir sus trapos sucios, desmontando la impostura que pasa desapercibida a ojos de muchos. Frances Ha se ha convertido así en una película que despierta odios y pasiones a partes iguales, con niveles de lectura tan extremos que le impide convertirse en un plato a gusto de todos. Una muestra de la evolución del mumblecore, con su musa a la cabeza —una Greta Gerwig tan maravillosa como en Damiselas en apuros—, que se acompaña un homenaje a las grandes películas neoyorquinas y notas de la nouvelle vague, convirtiendo a Frances en la Antoine Doinel siempre buscando su destino.

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Lo mejor: Greta Gerwig adorable y torpe, la melancólica fotografía que recuerda a Manhattan, una banda sonora que funciona como contrapunto a la imagen y las mudanzas como motor del argumento.

Lo peor: La impostura moderna, planos personajes secundarios y una crítica poco evidente del funcionamiento de la sociedad.

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Crítica de Pilar Torres @espectaculo314

Título original: Frances Ha País: Estados Unidos Director: Noah Baumbach Guión: Noah Baumbach, Greta Gerwig Reparto: Greta Gerwig, Mickey Sumner, Adam Driver, Michael Esper, Grace Gummer.

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