BYZANTIUM / Dejadlas entrar

“Sólo aquellos dispuestos a morir, encontrarán la vida eterna”

Es evidente que Byzantium bebe, y mucho, de la sangre derramada de Déjame entrar. Esa obra maestra que en pleno auge vampírico llegó del báltico y templó los corazones de aquellos que en 2008 se sabían resignados a productos de dudosa calidad. Byzantium, en una comparativa con la cinta sueca de Alfredson, debe agachar la cabeza aunque en su interior compartan espíritu. Ambas se presentan como películas de vampiros en un tono intemporal, albergando un mensaje que va mas allá del mito y sin embargo, la cinta de Neil Jordan no llega a alcanzar la cumbre de hipnosis que supuso Déjame entrar. La narración de Byzantium se antoja contemplativa hasta rozar el paroxismo, sobre todo en la presentación de los personajes femeninos. Apenas están descritos y en cuestión de segundos emprenden un viaje del que hasta la segunda parte de la cinta no conocemos su destino. No es del todo errático caminar a ciegas por la senda de la elegancia de Jordan pero precisamente en esta cinta es fácil quedarse deslumbrado ante la belleza de los fotogramas y no bucear en ellos.

En Byzantium encontramos la leyenda del vampiro distorsionada y sin embargo se acepta sin rechistar. Los chupasangres nunca fueron tan comedidos como aquí. Y es que no hay que rascar demasiado para ver que Jordan nos está contando algo que va más allá del cuento gótico. La lucha de una madre y una hija por subsistir día a día en un mundo gobernado por el hombre. Ambas suponen una amenaza y no están dispuestas a rendirse aunque el precio que tienen que pagar sea muy caro. Una trama que tendría cabida en la agenda de cualquier realizador, por lo que tenemos que ubicar la relevancia de la cinta en su exposición y ante semejante marco no podemos más que rendirnos ante el buen gusto de un director coleccionista de ambientes insólitos.

Tanto Saoirse Ronan, en el papel de la retraída hija, como una incombustible Gemma Artenton encarnando a esa madre luchadora e imbatible por el bienestar de su hija, logran aupar un texto corriente que, sin la fuerza visual impresa por la fotografía de Sean Bobbitt, no pasaría del aprobado. Pura poesía visual que otorga al resultado final el principal aliciente para no dejar escapar un material digno de su autor.

BYZANTIUM

Para amantes del lirismo renovado.

Lo mejor: su elegante y melancólica puesta es escena.

Lo peor: juega magistralmente con la ambientación pero le falta pulso al medir el equilibrio en la narración.

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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