360. JUEGO DE DESTINOS / 180

“Si hay una bifurcación en la carretera tómala”

La premisa era sumamente atractiva.  Fernando Meirelles, director de las aplaudidas Ciudad de Dios (2002) y El Jardinero Fiel (2005) volvía al ruedo, después de la tibia adaptación de Saramago con A Ciegas (2008). Y volvía por la puerta grande. Capitaneando a un elenco con un carisma suficientemente solvente para navegar por los mares de un drama sobre historias cruzadas. Las miradas estaban rendidas a los pies de un cineasta con un gusto exquisito a la hora de trasladar la visión del lector a la pantalla. Pocos se enfrentaban al filme desde una perspectiva prudente porque de lo que no cabe duda es que estamos ante un director con un marcado estilo propio y al que como narrador, pocos reproches se le pueden atribuir. Sin embargo tarde o temprano podía hacer acto de presencia ese trabajo que entorpece una carrera prometedora. Ese bache que desestabiliza la confianza de su público. 360 Juego de Destinos se ha convertido, por derecho propio, en esa mancha.

La película se concibe como una tela de araña poco consistente y con demasiados tejedores. Apenas escarba en las distintas historias que componen esta adaptación de la novela La Ronda de Arthur Schnitzler sino que el esfuerzo se centra  en seguir el esquema narrativo de la obra original. Presentación de dos personajes en un metraje desaprovechado para pasar a la siguiente página en la que uno de los personajes anteriores funciona de vínculo y protagonista de la historia que sucede y así hasta volver al punto de partida. Es una lástima que con semejante texto y cartel, la oportunidad de Meirelles para engendrar una obra que simplemente llegara al espectador, se haya ido por la borda. Los distintos episodios apenas tienen agallas para remover. Se quedan en la superficie y lo peor de todo son las intenciones frustradas de un respetable que va depositando sus esperanzas en cada historia. Cuando apuesta a que el guión hincará el diente, el director opta por una contención fuera de juego.

Material tenía suficiente para que esa circunferencia hubiera sido perfecta. Críticas a la dificultad de la reinserción social, la peliaguda problemática de la trata de blancas o el afrontamiento de la pérdida. Todo ello enfocado desde la naturaleza del amor. En contados instantes la película parece apostar fuerte por ellas,  pero no transcurren ni un par de minutos que enseguida el guión se echa para atrás. El cineasta ha optado por la bifurcación incorrecta. En ese erróneo camino se ha topado con un guionista en horas bajas y un productor al que le ha importado más bien poco el resultado final. Todo ello conduce a una película prescindible y únicamente volverá a nuestra memoria por los aires de grandeza de su título puramente paradójico. Ese ángulo de 360 grados que se queda en uno de 180. Plano, plano.

360 verson 1

Para los que disfrutan con los puzzles cinematográficos.

Lo mejor: los minutos en pantalla de Ben Foster.

Lo peor: a pesar de todo, su falta de ambición.

✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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